miércoles, 27 de noviembre de 2019

Innovaciones tecnológicas y la caducidad programada.


Jonatan Rodrigo Cabrera Berriel
A01363997
Innovaciones tecnológicas y la caducidad programada.
La caducidad programada es una acción empresarial que ha generado controversia en la actualidad dada la problemática del calentamiento global. En la actualidad, el consumo ecológico, la ética del consumidor y la responsabilidad empresarial se han vuelto ejes principales en las empresas y la sociedad, y han generado cumbres, acuerdos y tratados internacionales para intentar disminuir el impacto que se tiene en el medio ambiente a raíz de la actividad empresarial. Luyando (2015, p. 2) explica que “es necesario generar un cambio de valores, creencias y actitudes de los consumidores en favor de un desarrollo económico que esté en armonía con el social y ecológico”. Tomando en cuenta la creciente problemática del calentamiento global, es preciso poner en tela de juicio la caducidad programada y sus implicaciones éticas.
La caducidad programada hace referencia a una práctica empresarial que implica la liberación de productos con un ciclo de vida más corto al máximo que podría ofrecer el producto, con el fin de que las y los clientes renueven los productos. Es imposible negar que a consecuencia del rápido avance de la tecnología, los ciclos de vida de las tecnologías se acortan pero las implicaciones de acortarlo por decisión de la empresa tienen implicaciones éticas que se deben revisar.
Teniendo entonces los antecedentes a la problemática, se revisará entonces los distintos dilemas éticos que rodean la caducidad programada, como lo son las relaciones costo-beneficio que tiene acortar artificialmente los ciclos de vida de los productos, el comportamiento que debe asumir un consumidor tecnológico responsable y a su misma vez, las consideraciones que deberían tener los y las empresarias para respetar y mantener a sus compradores previos y atraer posibles nuevos clientes.
Keywords: Responsabilidad social, consumo ecológico, avances tecnológicos, costo-beneficio, consumidor responsable.
El avance tecnológico ha sido previsto desde que Gordon Moore, cofundador de Intel, expresó la ahora llamada ley de Moore que afirma la tendencia que tiene la computación a aumentar radicalmente en potencia y disminuir asimismo sus costos, de manera exponencial (Intel, 2019). Esto ha sido cierto desde el primer procesador que tenía 2300 transistores hasta el último procesador que tiene alrededor de 7.2 billones de transistores. (Intel, 2019). Estos avances traen grandes brincos para las compañías de tecnología puesto que les permite hacer mucho más por mucho menos costo, pero por ende también conlleva un declive en la tendencia de vida útil de los productos tecnológicos.
Una función clave de las compañías de tecnología es considerar su relación costo-beneficio con actividades existentes de ecodiseño y los distintos proyectos que pueden generarse en torno a tecnologías con menor impacto ambiental y mayor ciclo de vida de sus productos. Un planteamiento crítico que deben tener los y las empresarias es entonces cómo considerar el enfoque utilitarista que, como lo plantea Cortina y Martínez (2002, p. 78-79), sostiene como máxima moral el mayor número de placer para el mayor número de personas. Este análisis entonces debe ser realizado antes y después de efectuar un cambio sustancial en las políticas que rigen la empresa. Al momento de tomar en cuenta la obsolescencia programada como una política empresarial, los y las emprendedoras se alejan de la ética utilitarista al exigirle un costo recurrente y significativo a la clientela y al medio ambiente con el único beneficio siendo la maximización de ganancias.
Es también mandatorio tomar en cuenta la relación empresa-mercado que se establece al momento de una transacción; el impacto que se tiene sobre el/la cliente al adquirir un producto con vida útil recortada por las políticas de la empresa así como el impacto que tiene en las empresas las tendencias del mercado, el segmento del mercado en el cual se posicionan y la demanda misma de los productos ofrecidos. Las personas que consumen productos de aquella empresa definen en cierta parte las tendencias a las cuáles se van a apegar los y las dueñas de empresa para un modelo ecológico rentable y la continuación de implementación de estos modelos previamente diseñados. Tanto la empresa presenta una responsabilidad social por la inclusión de diseño ecológico y reducción de su impacto ambiental, como el consumidor lo hace por su participación como consumidor responsable.
Teniendo entonces esta relación entre mercado/cliente preestablecida, se puede volver parte de la ética del cuidado. Se puede plantear que cualquier consumidor tiene interacción directa o indirecta con la empresa a la que le compra ya sea con el control de flujo de mercado o con medios más directos como lo son las garantías o las encuestas de opinión. Por las mismas relaciones de poder existentes entre la clientela y las empresas, se preestablece que quien cuida es la empresa y quien es cuidado son los y las compradoras de los productos que ofrece. Es entonces donde se debe incluir una política de maximizar la vida útil de los productos que se ofrecen a las personas que son cuidadas o al menos de facilitarles la opción de cambiar sus productos por aquellos que no son obsoletos. Hay empresas que ya tienen estas políticas y por ende están cumpliendo con cuidar a su clientela, lo cuál lo vuelve entonces un acercamiento ético desde el punto de vista de la ética del cuidado, a pesar de la caducidad obsoleta siendo parte de una política empresarial.
Es necesario poner en perspectiva también que Rachels (2006, p. 258) explica que la ética del cuidado puede existir solo si quien es cuidado puede interactuar con quien cuida. Poniendo en tela de juicio esto, las políticas empresariales que tenga la empresa con las y los individuos dejan de ser puntos referentes a la ética del cuidado puesto que no existe ninguna relación completamente directa entre el/la empresario(a) y cada uno de los y las compradoras, pero ciertamente existe una relación directa entre la función de la empresa en la sociedad y la sociedad misma. Samuelson (2005, p. 44) explica que es el consumidor y sus preferencias las que determinan la demanda de bienes, así como el precio de la empresa son lo que fundamenta los bienes disponibles. Esto se le llama la teoría de la oferta y la demanda y establece una relación clave entre cliente y empresa que no puede ser ignorada bajo fundamentos de una relación individual inexistente.
Así como puede existir una relación de cuidado entre la empresa y la sociedad, no se puede dejar de lado la responsabilidad que tiene la sociedad con las políticas de una empresa socialmente responsable. Apaza (2014, p. 2) afirma que “el mayor obstáculo para la no contaminación del medio ambiente es la falta de información respecto al cuidado de este”. Apaza realizó un estudio en Puno, Perú y notó que a pesar de los esfuerzos invertidos para el cuidado del medio ambiente, el problema de la desinformación y falta de interés en tomar consciencia acerca de los problemas ecológicos existentes sigue existiendo. Es aquí donde toma la importancia el rol del consumidor responsable y el deber que tiene un consumidor al momento de elegir un producto.
La ética kantiana analiza la parte del deber como que el/la ser humano(a) posee imperativos categóricos, principios que se deben de seguir aun cuando no nos acompañen las “ganas” de hacerlo. La ética kantiana también menciona que no es necesariamente la inclinación natural sino la inclinación racional la que dictamina aquellos lineamientos que debemos seguir (Cortina, 2002, p. 72). Los hombres y las mujeres estamos inclinados entonces a tomar del medio ambiente lo que necesitamos, sin tomar mucho en cuenta la responsabilidad ambiental que es inherente al consumo que tienen el/la humano(a).
Susana Rodríguez afirma que desde que la producción en masa cobró fuerza y se normalizó, también se normalizó el consumo de mercancías innecesarias para la supervivencia de las personas se volvió una actividad central al punto de llegar a hablar de una sociedad consumista (2012, p. 34). Maximiliano Hernández toma la ética kantiana respecto al medio ambiente como un límite respecto a una relación que pudiese ser meramente instrumental tomando en cuenta con el planeta y la establece como una relación de derecho con el uso racional de los recursos del planeta y una relación virtuosa de los y las seres humanos(as) con un comportamiento no destructivo ante los recursos ofrecidos.
Teniendo entonces este preámbulo sobre el enfoque kantiano y la sociedad actual respecto al consumismo, se vuelve evidente que los y las consumidoras deben adoptar comportamientos que sean sustentables y fomenten la sustentabilidad aún con prácticas de una sociedad consumista. La responsabilidad cae entonces también en las y los individuos de la sociedad de exigir políticas ambientalmente responsables y de revocar mediante consumo o protestas las políticas empresariales relacionadas a la caducidad programada. Es un deber kantiano tomar la relación virtuosa y el uso de la razón respecto al consumo de los bienes naturales que existen.
Es también necesario considerar que las empresas deberían ver a las personas como fines y no como medios, desde el punto de vista kantiano. Al momento en el que la caducidad programada se emplea como medio de aumento del consumo y perjudica a la clientela, la empresa está alejándose de la ética kantiana para tomar acciones que van en contra de esos principios previamente descritos; la empresa entonces está viendo a sus clientes como un medio de generar más ganancias en vez de observar su clientela como aquellos y aquellas que van a adquirir sus productos sobre la competencia.
La caducidad programada es un tema bastante controversial en los últimos años. Este tema ha existido desde que explotó la producción en masa puesto que ayuda a asegurar que los productos usados no compitan con los nuevos. (Aladeojebi, T., 2013, p. 3) Aunque es necesario, hasta cierto punto, como motivación para que las empresas inviertan en nuevos desarrollos tecnológicos y avances en esta área, las empresas actualmente lo emplean como una manera de maximizar sus ganancias, más que los beneficios ofrecidos. Sakiewicz (s.f.) concluyó que la caducidad planeada ha sido guía para la manera en la que los y las ingenieras diseñan productos, sin una preocupación por el medio ambiente o la sociedad. Dentro de la mentalidad de un/una ingeniero/a, existe ese deber de evitar trabajos donde se atente contra el medio ambiente y se sostenga el bienestar social sobre el bienestar individual. Esto entonces nos pone en jaque puesto que la visión empresarial no necesariamente se alinea con la visión individual y muchas empresas aún tienen ciertos lineamientos de diseño que se deben cumplir para desempeñar un buen trabajo en la empresa. De acuerdo a lo expresado previamente acerca de la ética Kantiana, el código del ingeniero se debe mantener firme puesto que son máximas que cumplen los tres imperativos. Viene como parte de la profesión el evitar atentar contra el medio ambiente o las demás personas.
Es imperativo tener en conjunción el trabajo empresarial y el trabajo social para lograr entonces que se revoquen estas políticas o al menos se vuelvan sustentables. Es importante cuidar la relación empresa-mercado, tomando en cuenta que existe ese rol dual de la empresa de cuidar a su clientela pero asimismo del mercado de cuidar que la empresa mantenga un diseño ecológico puesto que le genera las ganancias suficientes.
La ética del cuidado entra en conflicto con la ética kantiana en este punto puesto que Kant afirma que es un deber el cuidar del medio ambiente por el uso de la razón del ser humano, volviendo entonces un deber empresarial el mantener esas políticas aunque el mercado no responda favorablemente a este cambio o de adaptar sus políticas si ven que las ganancias generadas no son las esperadas, pero no de revocarlas o de simplemente no contar con un modelo sustentable, en vez de depender de técnicas como la caducidad programada de sus productos.
Es también mandatorio que la empresa genere ese análisis de costo-beneficio tomando en cuenta la dignidad intrínseca de sus compradores(as) y poner en la balanza hasta dónde se puede ofrecer un beneficio de productos con vida útil longeva sin perder las ganancias ofrecidas por los productos que estarían rediseñando o adaptando a estas nuevas políticas.
Volviendo a una ética kantiana, se vuelve entonces mandatorio otorgar el mayor beneficio al mayor número de personas sin perder de vista que el cuidado del ambiente y de la dignidad de los compradores mismos es una máxima a respetar, volviendo entonces al deber de rediseñar los productos para cumplir con estos lineamientos previamente descritos; es evitar ver a la persona como un simple medio de obtener una ganancia mayor con sus productos por medio de productos defectuosos o con utilidad reducida desde la fábrica.
El consumo responsable no es solamente unidireccional. La economía capitalista se mueve por curvas de oferta y demanda. Para que exista un negocio sostenible, debería haber entonces un punto de equilibrio tal que la oferta sea suficiente para generar cierta ganancia a las empresas pero la demanda sea la suficiente como para que las empresas continúen incentivadas a producir ese bien. Es nuestro deber como consumidores(as) el exigirle a las empresas un diseño ecológico donde se consideren factores que pudiesen reducir la vida útil de los productos y donde no se pueda evitar una cierta caducidad programada, se debería entonces proporcionar alguna manera de terminar el ciclo de vida del producto de una manera ecológicamente responsable, tomando en cuenta que no solamente se está impactando a la generación actual sino también a generaciones futuras.
Es un deber como ingenieros(as) entonces proveer un trabajo que respete el deber de un cuidado y del uso de los recursos ambientales racionalmente sin dejar de lado la relación que establecemos con el o la empleadora. Se debe cuidar que al momento de emprender, tanto dentro de una empresa de tecnología como externamente a ésta, se evite la práctica de la caducidad programada y de no ser posible evitarla, se provean los medios para que la sociedad pueda tener ese enfoque sustentable necesario para beneficiar a la generación actual y las siguientes.


Referencias:
Aladeojebi, T. T. (2013). Planned Obsolescence. Recuperado de: https://pdfs.semanticscholar.org/7b94/a236e2bbb9817a10e23428acaa821a724fd0.pdf
Apaza, J. (2014). La conciencia ecológica en el consumo de productos en la ciudad de Puno, Perú. Recuperado de: http://www.redalyc.org/pdf/4498/449844868001.pdf
Cortina, A. y Martínez, E. (2001). Ética. Madrid: Akal.
Hernández, M. (2007). La protección del medio ambiente como derecho y virtud. La ética kantiana de la responsabilidad con la naturaleza. ISEGORÍA. Revista de Filosofía Moral y Política. N.º 37. p. 213-236.
Intel (2019). Museum Story of Intel.  Recuperado de: https://www.intel.la/content/www/xl/es/history/museum-story-of-intel-4004.html
Luyando, J. (2015). Conciencia social y ecológica en el consumo. Recuperado de: http://www.redalyc.org/jatsRepo/417/41744004012/index.html
Navarro, T. Capuz, S. Bastante, M. Collado, D. (2005) . ECODESIGN FUNCTION AND FORM. CLASSIFICATION OF ECODESIGN TOOLS ACCORDING TO THEIR FUNCTIONAL ASPECTS. *  LINK, NO SÉ SI ES CIENTÍFICA *
Rodríguez Díaz, S. (2012). CONSUMISMO Y SOCIEDAD: UNA VISIÓN CRÍTICA DEL HOMO CONSUMENS. Nómadas. Critical Journal of Social and Juridical Sciences, 34(2), Fecha de Consulta: 27 de Noviembre de 2019. Recuperado de: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=181/18126057019
Rodríguez, S. (2012). CONSUMISMO Y SOCIEDAD: UNA VISIÓN CRÍTICA DEL HOMO CONSUMENS. Critical Journal of Social and Juridical Sciences, vol. 34 (2). p. .
Sakiewicz, P. (s.f.). Planned Obsolescence. 
Samuelson, P y Nordhaus, W. (2005). Economía. México: McGrawHill Interamericana.



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