miércoles, 26 de noviembre de 2014

Eutanasia: ¿Justicia u homocidio?

Andrea Orozco Isais
A00343888
12 de Noviembre de 2014
Ética, persona y sociedad
Eutanasia
A lo largo de la vida, hemos estado en ciertas situaciones donde tenemos que tomar decisiones difíciles o “de vida o muerte”. ¿Qué pasaría al decidir acabar con la vida de una persona? Primero que nada, cabe aclarar que en la eutanasia es el paciente quién decide por su vida. Nosotros como seres queridos del paciente no tenemos derecho a decidir por él. Todos somos seres humanos los suficientemente racionales como para decidir por nosotros, sobre todo con nuestro cuerpo. Aunque este tema ha causado siempre mucha controversia, gracias al avance tecnológico se han podido llevar a cabo casos más seguros y eficaces en la eutanasia. Desde luego, acabar con la vida de una persona no es algo bueno; no obstante, hay varias excepciones
Hay muchos pacientes que a pesar de los tratamientos no sienten mejoría alguna o saben que no les queda mucho tiempo de vida y lo que menos quieren es seguir sufriendo y seguir preocupando a sus seres queridos siguiendo con tratamientos que saben que ya no les va a funcionar.
“Los pacientes en sus últimas semanas de vida están más preocupados por morir dignamente que en prolongar su existencia.”  (Quevedo, 1997, P. 02). Sufrir es una cosa individual y aunque por más que tratemos no podamos sentir el dolor que siente el paciente, si tratamos de ponernos en su lugar entonces nuestra perspectiva sería diferente. Pero si de lo contrario nos oponemos a siquiera pensar qué está sintiendo realmente, seguiremos cerrados en la idea de que el paciente puede aguantar más tiempo así cuando es todo lo contrario. Debemos de establecer un acto de conciencia hacia la persona que padece esto, no sólo estaríamos poniéndolos en su lugar, sobre todo entendiendo por lo que está pasando esa persona. Si se legalizara la eutanasia, sobre todo en casos como éste, los pacientes se sentirían más cómodos y más importantes de saber que ellos son los que tienen derecho a decidir por sus vidas.
Los seres humanos son agentes racionales, libres de tomar sus decisiones (Rachels, 2007, P.211). Kant dice que la dignidad humana es lo que nos hace más valiosos y por tanto es crucial que esto se respete tanto nuestros derechos autónomos como nuestras decisiones. En este caso se debe respetar lo que desee hacer el paciente, pues como todo ser racional, es justo que se respete su caso, el cual tiene importancia tanto como otros.  Porque si no se respeta su autonomía o sus derechos como paciente, entonces estamos haciendo menos su valor como ser humano; es decir, por el hecho de no aprobar la decisión, estamos haciendo menos su opinión, por lo tanto si él quiere morir con dignidad no podrá hacerlo dado a que no estamos respetando eso. Por ejemplo, está la eutanasia cuando el enfermo está consciente, cuando no está consciente, cuando ya no hay nada por hacer, cuando aún hay algo por hacer, sin embargo el paciente desespera y decide ya no continuar con vida, etc. Las leyes de la eutanasia están hechas de forma que sea tan favorecedor para el paciente. Si no le damos al enfermo el derecho de decidir sobre su autonomía, estamos suprimiéndolo de sus derechos, los cuales todos los tenemos por igual.
Por un lado, la felicidad de las personas es lo más importante debido a que a partir de ahí podemos mejoar como sociedad a partir de promover la felicidad al mayor número posible de personas. En este caso, la eutanasia es un acto el cual puede atentar con la felicidad de los familiares, pues si es mayor el número de personas que saldrían felices, mejor.
Sin embargo, si este acto se legalizara, efectivamente podría afectar a la felicidad de los familiares. No obstante, la felicidad del enfermo es la más importante, puesto a que el enfermo es quien reamente está sufriendo y es egoísta de su parte por aferrarse a tener a una persona que no va a ser feliz y está sufriendo. Además de que es por esto que la eutanasia se lleva a cabo por procesos legales, decisión autónoma de la persona, estadísticas médicas y otras alternativas para decidir si esto se puede llevar a cabo o no. Es decir, en la eutanasia no puedes terminar con la vida del enfermo por piedad, aunque éste lo pida, si aún quedan posibilidades de salvarlo. Desgraciadamente, muchos pacientes batallan en que se les cumplan sus deseos de terminar con su vida sobre todo cuando ya se encuentran en un estado terminal o un tratamiento doloroso y poco probable de curar, debido a los familiares quienes dicen sufrir por la pérdida del paciente. Cuando en realidad están siendo egoístas y prefieren poner sus intereses antes que los del enfermo. Por ejemplo, en un caso, Matthew rogó a su hermano Harold que lo mataran para que así este dejara de sufrir. Después se le juzgó a Harold como asesino, insensible, etc. Por lo que le hizo a su hermano. Sin embargo esto fue por pura petición de Matthew y Harold simplemente estaba haciendo lo que él que creía que haría feliz a su hermano, que era dejar de sufrir. Con este ejemplo, en muchos países podrían aplaudirle a Harold, por respetar la verdadera decisión de su hermano y hacer todo lo que le fuese posible para que éste dejara de sufrir y fuera “feliz” aunque esto acabara con su vida. Sin embargo, en muchos países, en la mayoría de hecho, esto es visto como un acto desagradable u homicidio y es por esto que sigue prohibida; no obstante, como se mencionó anteriormente, es importante darle importancia a la decisión autónoma al paciente, pues él decide qué será mejor para su bienestar y sobre todo para su felicidad. Como lo menciona el autor Rachels en su libro: “en el caso de la eutanasia, no debería prohibirse pues no se daña a nadie más y no es asunto de nadie más que del enfermo”.  (Rachels, 2007, P. 158).
Otra punto importante de la eutanasia es el asesinato: si esta se prohíbe, ni hay porqué realizarla entonces. Así lo pida quien lo pida, sin importar en qué situación se encuentre, hay cosas que siempre serán incorrectas y no hay porqué hacer alguna excepción. El derecho a la vida no lo decidimos nosotros, simplemente lo obtenemos, y así como lo obtenemos no podemos quitárnoslo, mucho menos quitárselo a otra persona. Estas reglas no pueden tener excepciones por el simple hecho de que deben respetarse y nunca será bueno quitarle la vida a alguien esta quiera (en caso de ser eutanasia voluntaria) o no (eutanasia involuntaria).
“Hay ciertas cosas que están prohibidas cuales quiera que sean las consecuencias […] como escoger matar a un inocente con cualquier propósito por bueno que sea” (Rachels, 2007. P. 193). Porque por más noble que se vea este acto de finalizar el sufrimiento de una persona, con esto podemos seguir con más casos a tal grado que ya matar a alguien va a ser demasiado fácil y bien visto por la sociedad, lo cual debe evitarse a toda costa.
La eutanasia no es un asesinato con malas intenciones, sino que es un acto en el cual se lleva a cabo un estudio médico de la persona y se evalúan las posibilidades de que este sobreviva con las mejores condiciones de vida. No es justo dejar que una persona sobreviva con sufrimiento corporal o psicológico y menos si ya no hay nada por hacer para curar tal enfermedad. Así mismo, poniéndolo con otra situación: en Holanda ya se legalizó la eutanasia aproximadamente en el año 2000, es decir, ya se hizo la excepción de la regla. Sin embargo, se legalizó de tal forma que el médico es estricamente vigilado por la fiscalía, que si algún acto relacionado a esto no se lleva bien a cabo, entonces es el médico quien paga las consecuencias. De este modo, podemos ver la eutanasia en el país holandés como algo más “seguro” pues es tanta la seriedad hacia este problema que en cualquier momento las autoridades pueden meter mano en caso de que los asuntos médicos no se lleven a cabo adecuadamente.
Otro aspecto utilitarista es que los enfermos temen morir sufriendo o aislados de sus seres queridos. Y es por esto que muchos centros han tomado medidas como hablar con los familiares acerca de cómo les gustaría que muriera el paciente o cuál sería una muerte digna que éstos consideren. “Muchos centros han sido reconocidos por su habilidad de desarrollar medidas de confort para los moribundos”. (Quevedo, 1997, P.03). Cuando se sabe que ya no hay nada que hacer, lo mejor que se puede hacer ahora es que el paciente esté lo más cómodo y con el mayor apoyo posible para que sus últimos días de su vida no se conviertan en alguna tortura o mal momento para él. De esta forma, el paciente muere “en paz” y los familiares quedan más tranquilos y así habrá menos agonías entorno a estas situaciones difíciles. Debido a que muchos quieren “ayudar” al enfermo manteniéndolo con vida a pesar de que éste ya no quiera, es un grave error. Nosotros debemos ponernos en su situación y lo menos que podemos hacer es apoyarlo con esta decisión y hacerlo pasar por los mejores momentos posibles, ayudarlo con cualquier cosa desde arreglar la habitación de manera que el paciente se sienta más tranquilo, hasta estar con él todo el tiempo para que este no se sienta solo o tenga el temor de que en algún momento se pueda ir sin ninguna persona a su alrededor. En este caso, ayudar a otros es algo que debemos hacer en todas las situaciones posibles. Es por esto que no solo hay que ayudar a facilitar esto, sino también tomar en cuenta los derechos de los demás y respetar sus decisiones. Por algo existen las leyes y es por esto que la eutanasia no es cualquier acto, por lo que lo esencial y lo más importante, es el cuidado del enfermo. En cambio, si no se legalizara esto, emprenderíamos más una actitud de egoísmo, pues no estaríamos ayudando realmente al enfermo cuando más lo necesita.
Hay que ponernos a pensar si realmente es bueno impedir a otros hacer lo que ellos crean conveniente para ellos mismos. En el caso de la eutanasia, si el enfermo quiere terminar con su vida debido al sufrimiento, nosotros al privarle el decidir autónomamente sobre su vida  lo haríamos sentir con menos valor dado a que estaríamos tomando decisiones por él. Si el enfermo siente que su opinión no tiene valor, estaríamos suprimiendo su valor como persona . En cambio sí es escuchado tanto por los médicos como los familiares respecto a sus decisiones, entonces se va a sentir importante y que sí lo toman en cuenta, a diferencia que si todos ignoraran lo que éste en realidad quiere. Podemos deducir ante esto que hasta sería casi discriminatorio decir que solo porque la persona está en muy mal estado de salud, significa que no puede decidir por ella misma.
Como conclusión, el concepto de la eutanasia desgraciadamente está mal interpretado y aunque sí es un tema difícil de tratar y también de realizar, se han comprobado numerosos estudios acerca de su eficacia y también que no se realiza con cualquier caso, sino que es un proceso médico y legal. Se entiende la razón por la que muchos estén en contra; no obstante, la eutanasia es una decisión solo del enfermo y lo menos que se debe hacer en estos casos es respetar su decisión autónoma, en el caso de que ya no se pueda hacer nada por salvar la vida de la persona. También caben destacar las teorías éticas que engloban este proceso tales como utilitarismo, egoísmo ético, kantiano, entre otros. Es un hecho que al momento de acabar con la vida de la persona si pueda causar controversia, pero por otro lado, a fin de cuentas, debemos reconocer que al final la persona es la que realmente sufre y no nosotros. Es un asunto que corresponde únicamente al paciente y su autonomía.
Referencias Básicas:
Quevedo C., J. (1997). Eutanasia vs El derecho a morir feliz. Colombia: Colombia Médica. Recuperado de: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=28328309
Rachels, J. (2006). Introducción a la filosofía moral. México: Fondo de cultura económica.

                 
                  Scheffler, S. (2005). Rawls y el Utilitarismo. Araucaria: España. Obtenido de: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=28271405


Serrano R, J. (2013). Sobre la injusticia de la eutanasia, el uso de la compasión como máscara moral, referencia a nuevos documentos bioéticos europeos. Colombia: Persona y Bioética Vol 17. Recuperado de: http://www.redalyc.org/pdf/832/83230691003.pdf
Vega G, J. y Ortega, I. (2007). La “pendiente resbaladiza” en la eutanasia en Holanda. España: Asociación Española de Bioética y Ética Médica. Recuperado de: http://www.redalyc.org/pdf/875/87506204.pdf

Zúniga F., A. (2008). Derechos del paciente y eutanasia en Chile. Chile: Revista de derecho (Valdivia) Universidad Austral de Chile. Recuperado de: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=173714178005

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