jueves, 2 de julio de 2015

¿Crueldad o Valentía?

¿Crueldad o valentía?
Osvaldo Ponto Alcaraz

Resumen
      El siguiente ensayo tiene la labor de dar a conocer diferentes argumentos, con base en temas éticos, para poder justificar la oposición ante las corridas de toros por parte del autor. Se hace uso de postulados de eticistas y filósofos como Peter Singer y Gustavo Ortiz Millán, para promover el postulado de la apertura del dominio de las consideraciones morales. Además, se habla de lo inmoral que es impartir sufrimiento a un ser vivo con base en los postulados del utilitarismo. Por último, se trata el argumento de lo incorrecto de hacer prevalecer tradiciones que atentan contra el bienestar de algún ser vivo. Bajo este panorama se logra hacer una reflexión sobre la pobreza moral en la que se vive al tratar de justificar actividades como éstas, además de plantear una propuesta para la búsqueda de la regeneración del conjunto de valores.
Palabras Clave: consideración moral, tradición, sufrimiento, utilitarismo, justicia social, dignidad del individuo.
1.      Introducción
El hombre y el animal, seres que han sido parte de la evolución, tienen una larga historia juntos. Para efectos de este ensayo nos enfocaremos en la relación entre el hombre y el toro. A través del descubrimiento de civilizaciones y sus representaciones artísticas, se ha logrado vincular al hombre y a la tauromaquia con gran certeza. Según el diccionario de la Real Academia Española, tauromaquia se define como el arte de lidiar toros. Para desmenuzar ese concepto aún más, podemos regresar a la prehistoria, donde las representaciones pictóricas de las primeras civilizaciones españolas usualmente representaban al toro y al hombre juntos. Comúnmente, el toro se encontraba “muerto, como objeto de valor material o como símbolo preciado de un logro victoriosos de lucha a muerte entre él y el hombre” (“Los orígenes de la tauromaquia en España, s.f.). De esta manera podemos inferir que a lo largo del tiempo esto no ha cambiado; actualmente, las corridas de toros siguen teniendo la misma función, encontrar al hombre y al toro en un combate a muerte.
El dilema moral de las corridas de toros, en la actualidad, ha escalado a un nivel bastante alto que nos permite considerar una amplia gama de argumentación a favor y en contra. Para aquellos amantes y defensores, son aceptables los conceptos de la permanencia de un legado prehistórico, de que el toro de lidia es una especie que existe con el único fin de que se llegue el momento de estar expuesto en el ruedo y enfrentarse a muerte con el torero, de que si se prohibieran se acabaría la misma especie y que el animal es un ser inferior al humano, por lo tanto se puede disponer de su cuerpo e integridad como a uno le plazca. Sin embargo, existen muchos argumentos que están en contra de dichos postulados y que serán presentados a continuación.
2.      Consideración moral
La consideración moral es un aspecto que abarca bastante temas, sin embargo, para efectos de este ensayo se limitará a mencionar la capacidad racional de establecer criterios de consideración moral por parte del humano y la mera consideración moral del ser no humano. En primer lugar, podemos retomar los postulados del antropocentrismo, los cuales determinan que la persona es un fin en sí mismo; es decir, que somos seres absolutos relativos, el término absoluto hace alusión a la capacidad de establecernos como seres únicos, irreducibles y con una dignidad humana. Por otro lado, el término de relativo hace alusión al respeto que debemos integrar a nuestro modus operandi para con los demás individuos. “La actitud de respeto a las personas estriba en el reconocimiento de su dignidad y en comportarse hacia las personas de acuerdo con la altura de esta dignidad” (Yepes, 2003, p.71). Claramente, Yepes específica sobre el respeto a las personas, pero ¿no podemos hacer trascender ese respeto para con todos los seres vivos? Sin duda alguna, esa acción nos convierte en seres moralmente más desarrollados, porque así estamos garantizando el cumplimiento de las necesidades básicas, así como la persecución de felicidad y de la búsqueda de placer por parte de las especies que puedan efectuar dichas acciones. Es aquí donde entra la consideración moral del ser no humano, en consecuencia de la suposición de nuestra capacidad para extender el mismo criterio a diversas especies.
      La capacidad racional, con tendencias universales, para determinar una imparcialidad entre el cumplimiento de los intereses de las especies es fundamental para el desarrollo de las consideraciones morales. Para delinear dicha tendencia es necesario acudir a ciertos postulados utilitaristas; Peter Singer, filósofo utilitarista, en su trabajo Liberación Animal ya había contemplado tal enunciado, puesto que “presenta una propuesta normativa de mínimos adecuada a la moralidad del sentido común” (Horta, 2010, p.66). Se habla de una propuesta de mínimos, es decir que garantice la convivencia prudencial entre las especies y a la vez integrada a la moralidad del sentido común, que hace referencia a ese dominio donde se encuentran las propuestas para el curso de acción inmediato ante un dilema moral. Por lo tanto, nuestras consideraciones morales cambian el centro de enfoque.
[…] lo que importa no es si un ser tiene alma, es racional o lo demás. Todo lo que importa es si es capaz de experimentar felicidad e infelicidad, placer o dolor. Si un ser es capaz de sufrir, entonces tenemos el deber de tomar eso en cuenta al decidir qué hacer incluso si el ser en cuestión no es humano (Rachels, 2007, p.157).
            Lo escrito con anterioridad conecta de manera inminente el progreso de las consideraciones morales, puesto que se hace alusión a la moralidad del sentido común, en otras palabras, la moralidad inmediata o aquella que está forjada con base en la experiencia. A esa moralidad, es necesario integrarle ese concepto de imparcialidad de intereses entre especies, aquel que haga posible la consideración de la felicidad e infelicidad, placer o dolor, para así culminar con la integración de los seres no humanos al dominio moral.
            Es así como podemos concretar lo postulado al caso específico de los toros. Muchos fanáticos y amantes del acto de violencia en contra del toro, argumentan que estos animales tienen un fin y ese fin es verse cara a cara con la muerte. Con respecto a eso, argumentan que esa es la naturaleza de este animal, para eso ha sido creado, para ser usado como víctima de la tortura. Claro está que todas las especies vivimos lapsos relativamente efímeros de tiempo en este planeta y de alguna manera hemos de culminar tal experiencia con la muerte. Sin embargo, aquellos medios que agilicen el proceso de muerte, por medio de sufrimiento y dolor son meramente inmorales. De esta manera “el valor de la vida, se asume habitualmente, radica en los beneficios o daños que podamos recibir en ella. […] Por ello, el consumo de animales ha de ser rechazado, no sólo porque les cause sufrimiento, sino también porque ocasiona su muerte” (Horta, 2010, p. 76-77). Los toros así como muchas especies, tienen la capacidad de sentir, experimentar y también sufrir; por lo tanto, no se nos ha conferido la capacidad de determinar cómo han de morir o cuáles son los medios que deben de utilizarse para culminar con su vida. “Puesto que ambos, seres humanos y no humanos, pueden sufrir, tenemos la misma razón para no maltratar a ninguno” (Rachels, 2003, p.158). He aquí la base de nuestro comportamiento, vivir y dejar vivir, garantizar el bienestar de las demás especies así como de la nuestra, es sinónimo de altura y desarrollo moral, ideal que se persigue día con día para poder formar sociedades ricas en valores y percepción de lo justo.
3.      Sufrimiento animal 
Otra de las posturas que se presentan a favor de las corridas de toros argumenta que el toro de lidia es una sub-especie bovina que ha desarrollado su sistema nervioso para poder bloquear el dolor ante una ola de adrenalina la que es provocada a lo largo de la contienda en el ruedo. De esta postura se desprenden dos falacias, la primera recae en la categorización del toro de lidia. En su libro La consideración moral de los animales, Jesús Mosterín argumenta que “el llamado toro bravo constituye una especie, ni siquiera una sub-especie: pertenece a la misma especie y sub-especie que el resto de los toros, bueyes y vacas, aunque conserva un aspecto relativamente próximo al toro original” (Dorado, 2014, p. 167).
La segunda falacia, abre un tema de investigación bastante complejo, pero es necesario poner en claro que es lo que pasa con la capacidad nerviosa del toro de lidia, con el fin de poder hacer válida la argumentación previa a esta sección. A lo largo de un estudio realizado a 180 toros y 120 novillos se analizaron diversos factores que se ven presentes antes y durante la faena, de la misma manera se formularon varios postulados con respecto a la respuesta al sufrimiento por parte del toro de lidia, sin embargo, existe una que llama más la atención. “La betaendorfina – explica Illera – bloquea los receptores del dolor hasta que llega un momento en que dolor y placer se equiparan y el sufrimiento puede llegar a ser casi nulo” (Muñoz, 2007, p.2). Ahora bien, la autora del artículo, con base en su experiencia como neuro-rehabilitadora por más de 17 años logra explicar que cuando se es parte de un accidente o de un trauma, se activa un mecanismo el cual libera endorfinas para poder mitigar el dolor momentáneamente, sin embargo, para que esto sea posible existen dos condicionamientos.
El primero nos dice que para que el bloqueo de dolor por endorfinas sea efectivo, el sistema nervioso del animal debe de permanecer intacto y con mayor énfasis en el área medular. Como ya se ha visto, en las corridas de toros las banderillas y las espadas son situadas específicamente en esa área de la anatomía del animal para poder debilitarlo; por lo tanto, se concluye que el sistema nervioso del toro se ve comprometido de manera instantánea, dejando fuera la posibilidad de un posible bloqueo de dolor. Además, las endorfinas se sintetizan exclusivamente cuando hay ausencia de dolor, de otro modo, a nivel cerebral se enfocan las acciones que comprometen la integridad del ser, por lo tanto ante un dolor inmenso se siento dolor y no placer, es imposible equiparar dos reacciones químicas de diferente magnitud. Es por eso que la Dra. Muñoz deja muy en claro que nunca se puede equiparar el nivel de endorfinas con el nivel de analgesia o ausencia de dolor momentáneo (2007, p.6).
Con base en lo anterior, se reafirma el primer argumento de este ensayo, puesto que ya se ha desmentido que el toro de lidia no es inmune al dolor, como ningún mamífero lo es. Por lo tanto, se debe trascender al pensamiento utilitarista, para no maltratar a ninguna especie y en todo caso debemos de actuar de un modo en el que “nuestro deber de promover la felicidad conlleva un deber de promover esos placeres especiales para ellos, así como de prevenir cualquier infelicidad especial a la que sean vulnerables” (Rachels, 2003, p.159). Erradamente, nosotros somos las criaturas que han posicionado al toro de lidia ante una situación de vulnerabilidad; hecho que no puede ser categorizado de otra manera más de que de inmoral. Si bien no podemos promover algún placer especial, sí podemos garantizar una vida buena a un ser no humano al ser capaces de garantizar sus necesidades básicas que desencadenarían un bienestar en su existencia.
4.      La tradición y la cultura
Las sociedades modernas están construidas con base en diferentes elementos que las hacen complejas, por consiguiente cada una de ellas es única e irreducible. Dentro de los mismos conjuntos existe un concepto fundamental el cual permite que cada una de las partes del amplio grupo sea capaz de llevar a cabo su plan de vida, en ocasiones dicho plan de vida está formulado con base en la preservación y el florecimiento de la cultura; para que esto sea posible, se deben de garantizar el cumplimiento de las necesidades básicas legítimas de cada parte. Dicho concepto es conocido como justicia social. (Olivé, 2008, p.125). En concreto esto nos dice que cada grupo multicultural, cada sociedad, está en constante promoción de su cultura y he aquí cuando se logra abordar una de las teorías éticas más sonada a lo largo de los años; el llamado relativismo cultural.
A groso modo el relativismo cultural aborda a lo largo de todas sus líneas de pensamiento que “culturas diferentes tienen códigos morales diferentes […] lo correcto y lo incorrecto difiere de cultura en cultura […] las costumbres de diferentes sociedades son todo lo que existe. […]” (Rachels, 2007, p.41). Sin duda alguna, ésta es la base argumentativa para todos aquellos amantes de la faena, ellos aseguran que las corridas han prevalecido por muchos años y que ellas nos hacen ser quien somos, nos hacen ser diferentes y si queremos conservar nuestra identidad debemos de preservar dichas actividades. Dentro de todo ese razonamiento se puede estar de acuerdo únicamente con una premisa, el hecho de que es fundamental determinar y hacer prevalecer la identidad cultural, sin embargo, el fin no justifica los medios. “El simple hecho de que una práctica cultural sea tradicional no la justifica ni éticamente ni en otros sentidos, y tampoco legitima nuestra conducta […] la antigüedad de un abuso no es justificación para continuarlo” (Ortiz, 2014, p. 215). Con este postulado, se logra contra argumentar de manera exitosa, es fundamental que todos nosotros olvidemos aquel pensamiento o criterio retrograda que ha prevalecido dentro del linaje cultural del occidente novohispano. El supuesto arte y la belleza que se desprende de la violencia impartida a un animal no culminan más que en una actividad inmoral. Debemos de trascender el plano racional actual, para poder integrar a los animales al dominio de la consideración moral, puesto que eso es lo correcto y lo moralmente alto. ¿Acaso dejamos de ser mexicanos si se prohíben las corridas de toros?, definitivamente, eso es un no. El mexicano debe de darse cuenta de aquellas actividades que solamente lo convierten en un ser primitivo y con una mentalidad de “omnipotencia”. Es necesario ver más allá, pensar en el futuro y convertirnos en una sociedad verdaderamente progresiva y con la firme intención de avanzar en la búsqueda de valores universales que logren concretar nuestra autonomía y que deje desarrollar la de las demás especies.
5.      Conclusión
Existe una frase de un gran pensador y pacifista, Mahatma Gandhi, la cual estipula que la grandeza de los pueblos así como su progreso moral puede ser considerada en la manera en la que tratan a los animales. Sin lugar a dudad, esta frase integra una idea bastante concreta de lo que postuló a lo largo de este ensayo. La historia, la cultura y la vida nos han hecho desenvolvernos de una manera única que nos ha hecho estar donde estamos. Se puede decir que somos la generación que es producto de progreso y retroceso en muchas áreas, a dicho proceso no se le ha escapado ni los valores ni la moral. Hemos estado cayendo y tratando de retomar el vuelo, pero la verdad es una, hemos dejado mucho de qué hablar y nuestra responsabilidad moral ante las cosas ha sido casi nula. Es por todo eso, que debemos de reencontrar el camino, tratar de enmendar lo hecho para garantizar un desarrollo del presente pleno, pero un advenimiento del futuro aún mejor. Es momento de elevar nuestra moral, elevar la percepción de la vida, elevar los estándares y la comprensión de los valores fundamentales que deben de regir la convivencia entre todo ser vivo, humano y no humano, sin distinción de ningún tipo.


Referencias Primarias
Dorado, D. (2014). La consideración moral de los animales: Jesús Mosterín y la tauromaquia. Daimon, 61, 167-174. Recuperado de http://search.proquest.com/docview/1674694864?accounitid=11643
Horta, O. (2011). Singer's Argument in Animal Liberation: Normative Views, Interest in Living and Aggregationism. Diánoia, 56(67), 65-85. Recuperado de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-24502011000200004&lng=en&tlng=en
Olivé, L. (2008). Interculturalismo y justicia social. Autonomía e identidad en la era de la globalización. México: UNAM
Ortiz-Millán, G. (2014). Ética para matador: Savater, los toros y la ética. Tópicos (México), (46), 205-236. Recuperado de  http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0188-66492014000100008&lng=en&tlng=en
Rachels, J. (2007). Introducción a la filosofía moral. México: Fondo de Cultura Económica
Yepes, R. (2003). Fundamentos de Antropología. Pamplona: EUNSA

Referencias Complementarias
Los orígenes de la tauromaquia en España. Recuperado de http://www.elartetaurino.com/
Muñoz, S. (2007). Por qué pienso que el toro sufre un dolor inmenso. Recuperado de http://faada.org/userfiles/file/EL%20TORO%20SUFRE%20UN%20DOLOR%20INMENSO.pdf

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