jueves, 2 de julio de 2015

¿Crueldad o Valentía?

¿Crueldad o valentía?
Osvaldo Ponto Alcaraz

Resumen
      El siguiente ensayo tiene la labor de dar a conocer diferentes argumentos, con base en temas éticos, para poder justificar la oposición ante las corridas de toros por parte del autor. Se hace uso de postulados de eticistas y filósofos como Peter Singer y Gustavo Ortiz Millán, para promover el postulado de la apertura del dominio de las consideraciones morales. Además, se habla de lo inmoral que es impartir sufrimiento a un ser vivo con base en los postulados del utilitarismo. Por último, se trata el argumento de lo incorrecto de hacer prevalecer tradiciones que atentan contra el bienestar de algún ser vivo. Bajo este panorama se logra hacer una reflexión sobre la pobreza moral en la que se vive al tratar de justificar actividades como éstas, además de plantear una propuesta para la búsqueda de la regeneración del conjunto de valores.
Palabras Clave: consideración moral, tradición, sufrimiento, utilitarismo, justicia social, dignidad del individuo.
1.      Introducción
El hombre y el animal, seres que han sido parte de la evolución, tienen una larga historia juntos. Para efectos de este ensayo nos enfocaremos en la relación entre el hombre y el toro. A través del descubrimiento de civilizaciones y sus representaciones artísticas, se ha logrado vincular al hombre y a la tauromaquia con gran certeza. Según el diccionario de la Real Academia Española, tauromaquia se define como el arte de lidiar toros. Para desmenuzar ese concepto aún más, podemos regresar a la prehistoria, donde las representaciones pictóricas de las primeras civilizaciones españolas usualmente representaban al toro y al hombre juntos. Comúnmente, el toro se encontraba “muerto, como objeto de valor material o como símbolo preciado de un logro victoriosos de lucha a muerte entre él y el hombre” (“Los orígenes de la tauromaquia en España, s.f.). De esta manera podemos inferir que a lo largo del tiempo esto no ha cambiado; actualmente, las corridas de toros siguen teniendo la misma función, encontrar al hombre y al toro en un combate a muerte.
El dilema moral de las corridas de toros, en la actualidad, ha escalado a un nivel bastante alto que nos permite considerar una amplia gama de argumentación a favor y en contra. Para aquellos amantes y defensores, son aceptables los conceptos de la permanencia de un legado prehistórico, de que el toro de lidia es una especie que existe con el único fin de que se llegue el momento de estar expuesto en el ruedo y enfrentarse a muerte con el torero, de que si se prohibieran se acabaría la misma especie y que el animal es un ser inferior al humano, por lo tanto se puede disponer de su cuerpo e integridad como a uno le plazca. Sin embargo, existen muchos argumentos que están en contra de dichos postulados y que serán presentados a continuación.
2.      Consideración moral
La consideración moral es un aspecto que abarca bastante temas, sin embargo, para efectos de este ensayo se limitará a mencionar la capacidad racional de establecer criterios de consideración moral por parte del humano y la mera consideración moral del ser no humano. En primer lugar, podemos retomar los postulados del antropocentrismo, los cuales determinan que la persona es un fin en sí mismo; es decir, que somos seres absolutos relativos, el término absoluto hace alusión a la capacidad de establecernos como seres únicos, irreducibles y con una dignidad humana. Por otro lado, el término de relativo hace alusión al respeto que debemos integrar a nuestro modus operandi para con los demás individuos. “La actitud de respeto a las personas estriba en el reconocimiento de su dignidad y en comportarse hacia las personas de acuerdo con la altura de esta dignidad” (Yepes, 2003, p.71). Claramente, Yepes específica sobre el respeto a las personas, pero ¿no podemos hacer trascender ese respeto para con todos los seres vivos? Sin duda alguna, esa acción nos convierte en seres moralmente más desarrollados, porque así estamos garantizando el cumplimiento de las necesidades básicas, así como la persecución de felicidad y de la búsqueda de placer por parte de las especies que puedan efectuar dichas acciones. Es aquí donde entra la consideración moral del ser no humano, en consecuencia de la suposición de nuestra capacidad para extender el mismo criterio a diversas especies.
      La capacidad racional, con tendencias universales, para determinar una imparcialidad entre el cumplimiento de los intereses de las especies es fundamental para el desarrollo de las consideraciones morales. Para delinear dicha tendencia es necesario acudir a ciertos postulados utilitaristas; Peter Singer, filósofo utilitarista, en su trabajo Liberación Animal ya había contemplado tal enunciado, puesto que “presenta una propuesta normativa de mínimos adecuada a la moralidad del sentido común” (Horta, 2010, p.66). Se habla de una propuesta de mínimos, es decir que garantice la convivencia prudencial entre las especies y a la vez integrada a la moralidad del sentido común, que hace referencia a ese dominio donde se encuentran las propuestas para el curso de acción inmediato ante un dilema moral. Por lo tanto, nuestras consideraciones morales cambian el centro de enfoque.
[…] lo que importa no es si un ser tiene alma, es racional o lo demás. Todo lo que importa es si es capaz de experimentar felicidad e infelicidad, placer o dolor. Si un ser es capaz de sufrir, entonces tenemos el deber de tomar eso en cuenta al decidir qué hacer incluso si el ser en cuestión no es humano (Rachels, 2007, p.157).
            Lo escrito con anterioridad conecta de manera inminente el progreso de las consideraciones morales, puesto que se hace alusión a la moralidad del sentido común, en otras palabras, la moralidad inmediata o aquella que está forjada con base en la experiencia. A esa moralidad, es necesario integrarle ese concepto de imparcialidad de intereses entre especies, aquel que haga posible la consideración de la felicidad e infelicidad, placer o dolor, para así culminar con la integración de los seres no humanos al dominio moral.
            Es así como podemos concretar lo postulado al caso específico de los toros. Muchos fanáticos y amantes del acto de violencia en contra del toro, argumentan que estos animales tienen un fin y ese fin es verse cara a cara con la muerte. Con respecto a eso, argumentan que esa es la naturaleza de este animal, para eso ha sido creado, para ser usado como víctima de la tortura. Claro está que todas las especies vivimos lapsos relativamente efímeros de tiempo en este planeta y de alguna manera hemos de culminar tal experiencia con la muerte. Sin embargo, aquellos medios que agilicen el proceso de muerte, por medio de sufrimiento y dolor son meramente inmorales. De esta manera “el valor de la vida, se asume habitualmente, radica en los beneficios o daños que podamos recibir en ella. […] Por ello, el consumo de animales ha de ser rechazado, no sólo porque les cause sufrimiento, sino también porque ocasiona su muerte” (Horta, 2010, p. 76-77). Los toros así como muchas especies, tienen la capacidad de sentir, experimentar y también sufrir; por lo tanto, no se nos ha conferido la capacidad de determinar cómo han de morir o cuáles son los medios que deben de utilizarse para culminar con su vida. “Puesto que ambos, seres humanos y no humanos, pueden sufrir, tenemos la misma razón para no maltratar a ninguno” (Rachels, 2003, p.158). He aquí la base de nuestro comportamiento, vivir y dejar vivir, garantizar el bienestar de las demás especies así como de la nuestra, es sinónimo de altura y desarrollo moral, ideal que se persigue día con día para poder formar sociedades ricas en valores y percepción de lo justo.
3.      Sufrimiento animal 
Otra de las posturas que se presentan a favor de las corridas de toros argumenta que el toro de lidia es una sub-especie bovina que ha desarrollado su sistema nervioso para poder bloquear el dolor ante una ola de adrenalina la que es provocada a lo largo de la contienda en el ruedo. De esta postura se desprenden dos falacias, la primera recae en la categorización del toro de lidia. En su libro La consideración moral de los animales, Jesús Mosterín argumenta que “el llamado toro bravo constituye una especie, ni siquiera una sub-especie: pertenece a la misma especie y sub-especie que el resto de los toros, bueyes y vacas, aunque conserva un aspecto relativamente próximo al toro original” (Dorado, 2014, p. 167).
La segunda falacia, abre un tema de investigación bastante complejo, pero es necesario poner en claro que es lo que pasa con la capacidad nerviosa del toro de lidia, con el fin de poder hacer válida la argumentación previa a esta sección. A lo largo de un estudio realizado a 180 toros y 120 novillos se analizaron diversos factores que se ven presentes antes y durante la faena, de la misma manera se formularon varios postulados con respecto a la respuesta al sufrimiento por parte del toro de lidia, sin embargo, existe una que llama más la atención. “La betaendorfina – explica Illera – bloquea los receptores del dolor hasta que llega un momento en que dolor y placer se equiparan y el sufrimiento puede llegar a ser casi nulo” (Muñoz, 2007, p.2). Ahora bien, la autora del artículo, con base en su experiencia como neuro-rehabilitadora por más de 17 años logra explicar que cuando se es parte de un accidente o de un trauma, se activa un mecanismo el cual libera endorfinas para poder mitigar el dolor momentáneamente, sin embargo, para que esto sea posible existen dos condicionamientos.
El primero nos dice que para que el bloqueo de dolor por endorfinas sea efectivo, el sistema nervioso del animal debe de permanecer intacto y con mayor énfasis en el área medular. Como ya se ha visto, en las corridas de toros las banderillas y las espadas son situadas específicamente en esa área de la anatomía del animal para poder debilitarlo; por lo tanto, se concluye que el sistema nervioso del toro se ve comprometido de manera instantánea, dejando fuera la posibilidad de un posible bloqueo de dolor. Además, las endorfinas se sintetizan exclusivamente cuando hay ausencia de dolor, de otro modo, a nivel cerebral se enfocan las acciones que comprometen la integridad del ser, por lo tanto ante un dolor inmenso se siento dolor y no placer, es imposible equiparar dos reacciones químicas de diferente magnitud. Es por eso que la Dra. Muñoz deja muy en claro que nunca se puede equiparar el nivel de endorfinas con el nivel de analgesia o ausencia de dolor momentáneo (2007, p.6).
Con base en lo anterior, se reafirma el primer argumento de este ensayo, puesto que ya se ha desmentido que el toro de lidia no es inmune al dolor, como ningún mamífero lo es. Por lo tanto, se debe trascender al pensamiento utilitarista, para no maltratar a ninguna especie y en todo caso debemos de actuar de un modo en el que “nuestro deber de promover la felicidad conlleva un deber de promover esos placeres especiales para ellos, así como de prevenir cualquier infelicidad especial a la que sean vulnerables” (Rachels, 2003, p.159). Erradamente, nosotros somos las criaturas que han posicionado al toro de lidia ante una situación de vulnerabilidad; hecho que no puede ser categorizado de otra manera más de que de inmoral. Si bien no podemos promover algún placer especial, sí podemos garantizar una vida buena a un ser no humano al ser capaces de garantizar sus necesidades básicas que desencadenarían un bienestar en su existencia.
4.      La tradición y la cultura
Las sociedades modernas están construidas con base en diferentes elementos que las hacen complejas, por consiguiente cada una de ellas es única e irreducible. Dentro de los mismos conjuntos existe un concepto fundamental el cual permite que cada una de las partes del amplio grupo sea capaz de llevar a cabo su plan de vida, en ocasiones dicho plan de vida está formulado con base en la preservación y el florecimiento de la cultura; para que esto sea posible, se deben de garantizar el cumplimiento de las necesidades básicas legítimas de cada parte. Dicho concepto es conocido como justicia social. (Olivé, 2008, p.125). En concreto esto nos dice que cada grupo multicultural, cada sociedad, está en constante promoción de su cultura y he aquí cuando se logra abordar una de las teorías éticas más sonada a lo largo de los años; el llamado relativismo cultural.
A groso modo el relativismo cultural aborda a lo largo de todas sus líneas de pensamiento que “culturas diferentes tienen códigos morales diferentes […] lo correcto y lo incorrecto difiere de cultura en cultura […] las costumbres de diferentes sociedades son todo lo que existe. […]” (Rachels, 2007, p.41). Sin duda alguna, ésta es la base argumentativa para todos aquellos amantes de la faena, ellos aseguran que las corridas han prevalecido por muchos años y que ellas nos hacen ser quien somos, nos hacen ser diferentes y si queremos conservar nuestra identidad debemos de preservar dichas actividades. Dentro de todo ese razonamiento se puede estar de acuerdo únicamente con una premisa, el hecho de que es fundamental determinar y hacer prevalecer la identidad cultural, sin embargo, el fin no justifica los medios. “El simple hecho de que una práctica cultural sea tradicional no la justifica ni éticamente ni en otros sentidos, y tampoco legitima nuestra conducta […] la antigüedad de un abuso no es justificación para continuarlo” (Ortiz, 2014, p. 215). Con este postulado, se logra contra argumentar de manera exitosa, es fundamental que todos nosotros olvidemos aquel pensamiento o criterio retrograda que ha prevalecido dentro del linaje cultural del occidente novohispano. El supuesto arte y la belleza que se desprende de la violencia impartida a un animal no culminan más que en una actividad inmoral. Debemos de trascender el plano racional actual, para poder integrar a los animales al dominio de la consideración moral, puesto que eso es lo correcto y lo moralmente alto. ¿Acaso dejamos de ser mexicanos si se prohíben las corridas de toros?, definitivamente, eso es un no. El mexicano debe de darse cuenta de aquellas actividades que solamente lo convierten en un ser primitivo y con una mentalidad de “omnipotencia”. Es necesario ver más allá, pensar en el futuro y convertirnos en una sociedad verdaderamente progresiva y con la firme intención de avanzar en la búsqueda de valores universales que logren concretar nuestra autonomía y que deje desarrollar la de las demás especies.
5.      Conclusión
Existe una frase de un gran pensador y pacifista, Mahatma Gandhi, la cual estipula que la grandeza de los pueblos así como su progreso moral puede ser considerada en la manera en la que tratan a los animales. Sin lugar a dudad, esta frase integra una idea bastante concreta de lo que postuló a lo largo de este ensayo. La historia, la cultura y la vida nos han hecho desenvolvernos de una manera única que nos ha hecho estar donde estamos. Se puede decir que somos la generación que es producto de progreso y retroceso en muchas áreas, a dicho proceso no se le ha escapado ni los valores ni la moral. Hemos estado cayendo y tratando de retomar el vuelo, pero la verdad es una, hemos dejado mucho de qué hablar y nuestra responsabilidad moral ante las cosas ha sido casi nula. Es por todo eso, que debemos de reencontrar el camino, tratar de enmendar lo hecho para garantizar un desarrollo del presente pleno, pero un advenimiento del futuro aún mejor. Es momento de elevar nuestra moral, elevar la percepción de la vida, elevar los estándares y la comprensión de los valores fundamentales que deben de regir la convivencia entre todo ser vivo, humano y no humano, sin distinción de ningún tipo.


Referencias Primarias
Dorado, D. (2014). La consideración moral de los animales: Jesús Mosterín y la tauromaquia. Daimon, 61, 167-174. Recuperado de http://search.proquest.com/docview/1674694864?accounitid=11643
Horta, O. (2011). Singer's Argument in Animal Liberation: Normative Views, Interest in Living and Aggregationism. Diánoia, 56(67), 65-85. Recuperado de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-24502011000200004&lng=en&tlng=en
Olivé, L. (2008). Interculturalismo y justicia social. Autonomía e identidad en la era de la globalización. México: UNAM
Ortiz-Millán, G. (2014). Ética para matador: Savater, los toros y la ética. Tópicos (México), (46), 205-236. Recuperado de  http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0188-66492014000100008&lng=en&tlng=en
Rachels, J. (2007). Introducción a la filosofía moral. México: Fondo de Cultura Económica
Yepes, R. (2003). Fundamentos de Antropología. Pamplona: EUNSA

Referencias Complementarias
Los orígenes de la tauromaquia en España. Recuperado de http://www.elartetaurino.com/
Muñoz, S. (2007). Por qué pienso que el toro sufre un dolor inmenso. Recuperado de http://faada.org/userfiles/file/EL%20TORO%20SUFRE%20UN%20DOLOR%20INMENSO.pdf Leer más...

El género que me performa

El género que me performa[1]
Darío Emiliano Hurtado López

El género es una construcción social determinada por el sexo y no por el individuo. A pesar de que el género es independiente de la preferencia sexual de las personas, se suele asociar al género con ésta. Uno no nace con el género, la sociedad se lo impone y es nuestro deber performarlo al igual que la sexualidad. En vez de categorizar a las personas como género masculino y femenino (que inevitablemente se ha ligado como hombre y mujer), deberíamos ver a los individuos exclusivamente como personas. Al lograr esto se permitiría liberar a la sociedad de problemas relacionados con la discriminación a las personas que no siguen el canon del deber ser.

Muchas personas confunden la categoría de sexo y género. Mientras el sexo es una característica biológica que está determinada por nuestros órganos sexuales (aunque es refutable en el caso de las personas intersexo que poseen ambos genitales pero los doctores, en vez de fijarse en su carga hormonal, se fijan en el desarrollo de éstos para definir el sexo), el género es el cómo la sociedad le ha ligado características de comportamiento o deber ser a un sexo. Esto quiere decir que el género es una construcción social, pues desde que nacemos, la sociedad ha impuesto sobre nosotros las características ligadas a nuestro sexo y no a nuestro género.

La división de género masculino y femenino es una visión retrograda que invita a acentuar nuestras diferencias. La sociedad se ha valido de estas diferencias para remarcarlas en los discursos moralizantes y a provocado discriminación entre las minorías que no se ajustan al canon.
Mediante el género se ha “naturalizado” la heterosexualidad, excluyendo a la homosexualidad de una valoración simbólica equivalentemente aceptable. Aunque en nuestra cultura de facto  se acepte la homosexualidad, el deseo homosexual queda fuera de la lógica de género y tiene un estatuto (simbólico, moral y jurídico) diferente al de la heterosexualidad: están fuera de la ley. De ahí que exista un buen número de personas cuyas vidas están en conflicto abierto con la sociedad. (Lamas, 1997, p. 348)

El machismo, el feminismo, la homofobia, la xenofobia son solo ejemplos que han sido derivados por la diferencia del género. Eliminar los géneros y considerar a las personas únicamente como seres humanos sería la idea idílica, empero implica grandes problemas logísticos para el Estado al momento de registrar a los humanos al nacer. Esto se debe a que, generalmente, la persona se da cuenta de su verdadero género hasta después de alcanzar un mínimo de edad. Por eso propongo ampliar el género binario a uno que abarque un mayor espectro, en el cual, las minorías se vean incluidas en el paradigma social.

La mayoría de las culturas dominantes son patriarcales, en éstas el hombre domina. Dependiendo de en dónde le toque a uno vivir, los individuos deben comportarse de cierta manera pues se han ligado comportamientos y características a los géneros establecidos. Por ejemplo: cuando nace un bebé se deberá vestirlo de azul si es varón y rosa si es mujer, el hombre no debe llorar y las mujeres deben hacerlo, el hombre debe ser duro y la mujer sensible, etc. “Elegir un género es interpretar las normas de género recibidas de un modo tal que las reproduce y organiza de nuevo” (Butler, 1997, p. 309). Cuando una persona no va de acuerdo al género que le ha impuesto la sociedad, entonces vienen los problemas de discriminación. La desigualdad en los salarios entre hombres y mujeres, la homofobia, la creencia que los bisexuales son homosexuales o heterosexuales, los hombres que se visten de mujer son vistos como algo grotesco, etc.

¿Qué es lo que sucede cuando una persona tiene órganos de ambos sexos? Lo que en el pasado se denomino hermafrodita, ahora ha sido reclasificado como intersexo. La nueva acepción permite abarcar los más de veinte tipos de variaciones con respecto al desarrollo de los genitales de ambos sexos. Algunas personas piensan que esto es muy raro, no obstante todo depende de la fuente. Hay muchas cifras y en la mayoría muestran números impresionantes, doctores que aparecen en National Geographic afirman que existe la misma posibilidad de nacer pelirrojo que de nacer intersexo, otros la profesora Alice Dreger de la escuela de medicina de Chicago dice que 1 de 2,000 niños nace con genitales de ambas partes (más de tres millones de intersexuales en el mundo) (National Geographic, 2015), otros afirman que el 4% de la población mundial está compuesta de hermafroditas desde el punto de vista biológico (Lamas, 1997, p. 339).

Resulta un problema para los médicos decir si la persona es hombre o mujer, los padres o peor, los mismos médicos, deciden el sexo del recién nacido y por ende, le asignan un género. Esto conlleva a grandes problemas pues las personas no tienen un sentido de pertenencia con respecto a su género (clínicamente se denomina disforia de género). Muchas veces se le oculta a estas personas su verdadera condición. Si existieran varias categorías de género en los documentos oficiales del Estado, se podría mejorar la calidad de vida de estas personas que no pueden identificarse con un sexo.

Algunas personas afirman que el género se puede enseñar e imponer a los niños. John Money, un psicólogo australiano, creía que el género que se enseñaba en la infancia y lo trató de probar con unos gemelos idénticos. A este experimento se le conoció como el caso Reimer en éste, dos gemelos idénticos de nacimiento varones fueron separados como hombre y mujer debido a un accidente en la circuncisión de uno de ellos. David Reimer fue reidentificada como Brenda Reimer. Money afirmaba que ella había logrado desarrollarse como mujer sin ningún problema. Empero, Brenda sentía que no era mujer y lo mostraba en sus actitudes diarias: rechazaba los juguetes, ropa y actividades para mujeres, imitaba a su padre cuando se rasuraba que tendría que ser hombre. sus padres le explicaron su situación y a los catorce años regresó a ser David Reimer. Él se casó y tuvo una familia, lamentablemente se suicidó en el 2004 (Schillo, 2011).

Queda claro que, a pesar de los rasgos biológicos, el género lo eligen las personas. Pocas se atreven a confrontar los estigmas sociales que implican los géneros que no están de acuerdo con su sexo biológico,  mucho menos los que se identifican con una preferencia sexual distinta. Si bien hay muchas personas que tienen el coraje y valor de tomar estas decisiones, existen otras que no pueden desapegarse a su contexto social. Muchas otras ni siquiera pueden adecuarse a los géneros establecidos pues no se consideran hombres ni mujeres. Eliminar el género y establecerlo como seres humanos o personas sería más benéfico para la humanidad. Sin embargo, considerando el contexto social en el que vivimos, creo que lo único que se puede hacer en la actualidad, es crear más géneros para que la gente se pueda identificar con uno que vaya más acorde a su realidad.
La retirada del género binario, que ha dominado las formas culturales del el periodo moderno, es un proyecto ético. No es posible ignorar lo binario, pero es posible engendrar modelos para el empoderamiento sexual que reconstruye la normatividad[2]. (Tauchert, 2011, p. 190)

La propuesta de autoras como Tauchert nos invitan a revalorar los géneros que se han establecido y respetar la dignidad y calidad de vida de las personas que no se encuentran en estas categorías. El gran problema de las minorías es que no son considerados como interlocutores válidos. Si éstos pudieran expresar sus ideas a través del diálogo, se podrían instaurar más géneros. La paráfrasis de Cortina sobre la necesidad del diálogo creadas por Karl Otto Apel y Jürgen Habermas establece que “las personas no llegamos a la conclusión de que una norma es ley moral o es correcta individualmente, sino a través del diálogo con los demás” (1996, p. 8). Primeramente se necesita educar a la gente para que sepan que es algo más común de lo que se piensa, después se podría dialogar con estas personas para que se les permita expresar el cómo la limitación de géneros les impide llevar una vida feliz, que les arruina su proyecto de vida. Si “el prudente se propone siempre fines buenos”(Cortina, 1996, p. 2), entonces abolir el género, o al menos expandirlo a más opciones, sería prudente. Muchas personas no pueden alcanzar la felicidad debido a las limitaciones que le ha impuesto la sociedad y el género que performa. La virtud de la prudencia por parte del Estado y de la sociedad, permitiría que las personas puedan alcanzar su felicidad sin las limitaciones externas.

Todo esto va relacionado con la postura aristotélica que explica Adela Cortina “los seres humanos realizamos nuestras acciones y elecciones por un fin, ser felices.” (1996, p. 2). Desde esta postura, la abolición del género llevaría a la felicidad a las minorías (las personas que no pueden adquirir el género prefieren debido a las limitaciones de su sexo). Por ende, se respeta la dignidad del individuo y no los intereses heterosexuales.
Para entender el género, debemos de dejar de equiparar género con genitales[…] Tratar de erradicar el género sólo es una estrategia para eliminar las jerarquías inherentes en la construcción social actual del sexo y de los cuerpos, estamos imponiendo una dura censura, imponiendo un terrible silencio en una importante parte de la individualidad humana[3] (Green, 2011, p. 70).

Si el género es una construcción social y somos seres racionales, ¿por qué no ampliar el espectro del género? Varias culturas lo han hecho: los indios Lacota tienen una palabra para los transgénero[4] winyaketcha que significa “persona con dos almas”, kathoey  es un término tailandes que significa “ni hombre ni mujer” y que emplean para las personas homosexuales, transexuales y travestis, los hawaianos utilizan la palabra mahu para las personas transgénero, en México una región de Oaxaca llamada Juchitán se les denomina a las personas que transgrede la dicotomía hombre-mujeres sin importar el sexo de nacimiento como muxe, etc. (Haynes & McKenna, 2011).

Esto demuestra que no es una cuestión actual, sino que esto ha existido desde hace mucho tiempo y que muchas culturas adaptaron su sistema e incluyeron a las personas transgénero  en su contexto social. Incluso en algunas culturas, son admiradas y tienen papeles respetados y preponderantes en la región: las muxe de México, las hijras de la India, los chamanes en Ecuador, etc. Incluir nuevos géneros es la clave para que se pueda respetar la dignidad de estas personas y que se les permita llegar a la felicidad al incluirlas al sistema social y del Estado.

Algunos detractores dirán que esto genera múltiples costos, que la gente está acostumbrada a los binarios y que la dicotomía debe prevalecer a toda costa. Encaminadas al pensamiento del mandato divino[5] afirman las personas con creencias judeocristianas que Dios jamás creó otros géneros y que el Estado tampoco debería hacerlo.

Si dejamos de lado la cuestión religiosa (muchas religiones precolombinas y de la India tienen modelos de géneros diferentes a la dicotomía a la que aluden los judeocristianos), podríamos fijarnos de naciones que han adaptado su sistema legal a las necesidades de la sociedad. La mayoría de las naciones son entidades laicas y esto significa que la religión no puede estar por encima del Estado. Se pueden observar varias naciones que han dado un paso hacia el cambio.  En Nueva Zelanda, Australia y Nepal se puede elegir un tercer género en los pasaportes. Alemania, Nueva Zelanda, Australia para los recién nacidos existe la posibilidad de elegir el tercer género para los que no estén en la dicotomía de género (en Alemania se considera la posibilidad de cambiar las actas de nacimiento de las personas que son intersexo y fueron asignadas erróneamente un sexo al nacer). En Pakistán, India, Tailandia y Nepal se han expedido documentos legales específicos para personas del tercer sexo.

Todas estas prácticas hacen evidente que el permitirles tener un documento oficial que reafirme su identidad, que les permita ser quiénes son y no cómo quieren que sean es liberador para ellos. Nepal incluso tiene censos para personas del tercer género, forman parte activa de la comunidad y está prohibido discriminar a cualquier persona que esté en el tercer género.

Esto va en contra de los que tenían un pensamiento utilitarista, pues creen que los costos son mayores que los beneficios ya que se debe elegir la opción que beneficie a la mayoría y el tercer género sólo beneficia a la minoría. Estos países demuestran que, el costo no importa, que es mejor incluir a las personas que dejarlas ocultas. Hay países con economías importantes como Alemania y países que no ostentan un gran poder como Nepal que ya han incluido el tercer género. Los países que mencioné previamente demuestran que es viable económicamente hablando expedir documentos incluyentes e incluso cambiar los ya existentes en caso de estar en la norma de tercer género. Si “la felicidad consiste en organizar de tal modo toda nuestra vida que logremos el máximo placer y el mínimo dolor” (Cortina, 1997, p. 4) entonces reorganizar nuestra vida para darle el máximo placer y felicidad a las minorías, vale la pena. Si nos enfocamos en la perspectiva utilitaria cualitativa, sería un costo mínimo a comparación de los beneficios que se obtendrán al incluir a todas estas personas dentro de nuestra sociedad. Segregarlas y relegarlas por ser minoría es un error garrafal pues no se respeta a las personas, que son un fin en sí mismas. 

La manera de lograr el cambio de acuerdo con Traquam McKenna, es creando una “Política para el cambio positivo y reconocimiento de las personas intersexo, transgénero, gay y lesbianas en la educación”[6]. El documento creado por la autora pretende servir como modelo para las naciones que planeen incluir al tercer género en su sistema. La autora propone proveer educación social y emocional en instituciones, asegurar la igualdad de oportunidades, buscar un entorno seguro, proveer modelos andróginos, y uno de los más importantes, eliminar el silencio (McKenna, 2011, pp. 207-2011).

La importancia de esta política es que el cambio sea sencillo también para la sociedad. Muchas personas no conocen de que existen personas que son diferentes a la dicotomía del género, que deben performar un género que no es el suyo, pues la mayoría de estas personas permanecen en el anonimato debido a la presión social y la vergüenza que les hacen sentir sus padres y doctores. La creación de un tercer género no planea ser agresiva contra la comunidad heterosexual, estas personas simplemente quieren ser autenticas y ser reconocidas por quiénes son, por ser individuos, seres humanos, no por sus genitales ni por su preferencia sexual. No obstante, no pretenden mentirse a sí mismos al tener que elegir un género que no es el suyo.

El proceso que debería buscarse es la eliminación del género y categorizar a todos los individuos como seres humanos. Pensemos un momento, ¿cómo se denominaría a una persona que nació con órganos femeninos, se cambió el sexo a masculino y le gustan las mujeres? ¿y si en vez de las mujeres le gustan los hombres?, ¿y si le gustara una persona que nació con órganos masculinos y que se cambió a mujer? Queda claro que las clasificaciones de masculino, femenino, heterosexual y homosexual se quedan cortas. A esto aluden los pansexuales[7], buscan amar a la persona por quién es, por cómo piensa, no por su género o sexo. Suena muy extremista esto pero parece ser más lógico, uno no se enamora de alguien por ser hombre o mujer, sino por la persona, por buscar un proyecto de vida, porque genuinamente ambos buscan aprender y crecer como personas. Tal vez el cambio está muy lejos y faltan años para que una reclasificación tan radical suceda. Si la lucha para que las personas de color dejaran de ser esclavos, que se terminara la segregación y que ganaran derechos duró tanto tiempo, no hay razón para creer que esto podría suceder. Recientemente México consideró inconstitucional que las personas del mismo género no se pudieran casar y Estados Unidos legalizó el matrimonio entre personas del mismo género en todo el país. Si ellos ya están encaminados hacia el cumplimiento de sus garantías individuales, entonces es tiempo de apoyar a los que nadie ve, la verdadera minoría, los que no tienen voz, los que han sido segregados y ocultados por el temor al qué dirán. Si la primera parada fue la homosexualidad, la siguiente estación es el tercer género.

Referencias básicas
Lamas, M. (1997). Usos Dificultades y posibilidades de la categoría "género". In El Género: la construcción cultural de la diferencia sexual (pp. 327-364). Distrito Federal, México: Miguel Ángel Porrúa.
Butler, J. (1997). Variaciones sobre sexo y género: Beauvoir, Wittig y Foucault. In M. Lamas, El Género: la construcción cultural de la diferencia sexual (pp. 303-326). Distrito Federal, México: Miguel Ángel Porrúa .
Green, J. (2011). The Art and Nature of Gender. In F. Haynes, & T. McKenna, Unseen Genders (pp. 58-70). Nueva York, Estados Unidos de América: Peter Lang.
(2011). Glossary. In F. Haynes, & T. McKenna, Unseen Genders (pp. 215-222). Nueva York, Estados Unidos de América: Peter Lang.
McKenna, T. (2011). Conclusion. In F. Haynes, & T. McKenna, Unseen Genders (pp. 203-211). Nueva York, Estados Unidos de América: Peter Lang.
Rachels, J. (2007). Introducción a la filosofía moral. México: Fondo de Cultura Económica.
Schillo, K. K. (16 de Noviembre de 2011). Nature or Nurture: The Case of the Boy Who Became a Girl. National Center For Case Study Teaching In Science , 4.
Tauchert, A. (2011). Beyond the Binary: Fuzzy Gender and the Radical Center. In F. Haynes, & T. McKenna, Unseen Gender (pp. 181-191). Nueva York, Estados Unidos de América: Peter Lang.

Referencias complementarias

Colmer, V. (4 de Septiembre de 2010). GABRIEL J. MARTIN INTERSEXUAL «Me negaba a ponerme bikini». Recuperado el 12 de Junio de 2015, de http://cac.drac.com/?p=256
National Geographic. (13 de Mayo de 2015). La ciencia del género. Recuperado el 18 de Junio de 2015, de Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=vb8v70aFUlE
Theory.org.uk. (2008). What is Queer Theory? Recuperado el 11 de Junio de 2015, de Theory.org.uk: http://www.theory.org.uk/ctr-que1.htm
Yale University. (s.f.). Queer Theory and Gender Performativity. Recuperado el 9 de Junio de 2015, de Open Yale Courses: http://oyc.yale.edu/english/engl-300/lecture-23



[1] Viene de performance que puede ser traducido a actuar. No obstante, para no desviarse de su significado, se latiniza como performar.
[2] Traducción del autor
[3] Traducción del autor
[4] Transgénero es un término estadounidense para incluir a las personas transexuales, travesties, intersexo, cross-dressers y género disfórico (Haynes & McKenna, 2011, p.222)
[5] Mandato divino: todo lo que creo Dios tiene una razón de ser y no se puede alterar porque Dios es infinitamente bueno y sabio. (Rachels, 2007).
[6] Traducción del autor
[7] Viene del griego pan que significa “todos”
Leer más...