lunes, 13 de noviembre de 2017

La violencia de género como resultado cultural e ideológico

Rafael Montes Regalado
A01226397

La violencia de género como resultado cultural e ideológico
INTRODUCCIÓN
Gracias a la repetición y fomento de ciertas conductas y comportamientos se ha logrado el arraigo de la violencia contra las mujeres por verse desde una perspectiva cultural y social, como inferior al hombre. Las prácticas discriminatorias son tan recurrentes y comunes que se conciben como un comportamiento normal, no como una falta de respeto a la dignidad humana que de acuerdo a Kant, los hombres deben ser tratador de forma especial y digna que posibilite su desarrollo personal, además de concebir al hombre es un fin y no un medio (Kant). La discriminación contra las mujeres debe ser penado ante la ley, puesto que es la única manera en que toda la sociedad estaría consciente y obligada a respetar su presencia e importancia dentro de la sociedad. Estoy completamente en contra de toda acción o actividad que no permita a las personas vivir plenamente gozando de una buena calidad de vida y alcanzando la felicidad a la que todo ser humano aspira según su perspectiva.
Por lo anterior, el presente ensayo tiene la intención de exponer la situación actual que viven las mujeres, así como sus distintas expresiones que limitan el correcto y deseable desenvolvimiento personal y social de las mujeres.
Procurar la equidad de género promovería también un avance compuesto que desencadenaría una derrama de beneficios para cada integrante de la comunidad, siendo que principalmente habría una mejora en la calidad de vida que a su vez funcionaría como un efecto dominó que se vería reflejado en cada una de las cuestiones que componen a la sociedad, ya sea económico, cultural, profesional, entre otros.
Palabras clave: discriminación, violencia contra la mujer, dignidad humana, bienestar, felicidad, cultura, ideologías.

DESARROLLO
Como ha sido mencionado, por el continuo maltrato y desvalorización de la figura femenina la sociedad concibe dichos comportamientos degradantes como una práctica normal que no se condena ni se reduce. Por ello, es necesario tener un panorama claro sobre el tipo de prácticas que atentan contra la dignidad de las mujeres, es decir, delimitar cual es el concepto de violencia que pone en riesgo el desarrollo integral dentro de la vida social de las mujeres. Ante dicha delimitación distintas organizaciones internacionales definen a la violencia de género como aquello que suspende el desenvolvimiento de libertades, además de quebrantar los derechos humanos fundamentales de las mujeres a nivel individual, así como su integridad física, que esto además tiene un impacto social al verse mermado también su desarrollo porque todos sus integrantes no se desarrollan a su máximo potencial (Prieto, 2004).  Resulta increíble que en pleno siglo XXI, se continúen reproduciendo comportamientos que estanquen a la sociedad no por cuestiones económicas o por capacidades, sino por un criterio retrógrada que limita las libertades de las mujeres por concepciones sin fundamento.
Desafortunadamente, este tipo de prácticas negativas en contra de una parte de la sociedad han sido el resultado de prejuicios culturales que generación tras generación ha sido transmitida desde la antigüedad  (Prieto, 2004), y que a pesar de gran cantidad de avances en distintos aspectos sociales, la violencia en contra de las mujeres ha sido un aspecto en el que si bien se pone atención, aún queda mucho trabajo por hacer para lograr eliminar esta indeseable práctica social, siendo que las acciones tomadas hasta el día de hoy son mínimas e ineficientes al tener aún a una gran cantidad de mujeres en condiciones de un bienestar quebrantado ante la ideología retrógrada e insensible de una sociedad que ha perdido la capacidad de asombro ante los abusos, sobre todo los violentos, contra mujeres que no deben más que ser mujeres. Lo relevante de lo anterior es como se permite que los derechos y libertades de otros sean quebrantados, pero cuando se trata de nosotros queremos que otros alcen la voz para ser defendidos, o que por cuestiones culturales los asumamos como parte de la cotidianeidad y que por ello se toleren las faltas a los derechos individuales de las personas, las cuales en todo momento buscan que éstas garanticen una vida de respeto y la posibilidad de desarrollarse.
La violencia de género puede ser efectuada desde distintas perspectivas donde el primer escenario que fomenta dicha violencia es por el llamado machismo donde el hombre al concebirse como el amo y señor cree que tiene la capacidad y el poder para supeditar a la mujer a su voluntad, sin importar cuál sea ésta. Aunado a ello, distintas prácticas culturales como la oblación (Pallarés, 2012) atentan contra la integridad física de las mujeres que pueden llevarlas incluso a estar al borde de la muerte como una consecuencia de sus prácticas inhumanas, así como los matrimonios forzados les quitan la libertad de elegir el rumbo y cause que su vida tendrá tanto en el aspecto personal y social, además de obligarlas a quedar embarazadas o por el caso contrario, a perder a su bebé si es que sus allegados no se encuentran de acuerdo con su condición de embarazo.
La violencia contra la mujer se ha fundado y consolidado históricamente dentro de las sociedades y de las prácticas de las mismas, dado que por darle un orden a la comunidad se establecen roles que ubican a la mujer en un nivel inferior al del hombre para que sean ellas quienes acaten las órdenes y deseos de los mismos. Entre la misma sociedad se han impuesto prácticas e ideologías que justifican el maltrato a las mujeres y la disminución de su valor sin importar los derechos de las mismas, que por ende su nivel de bienestar se disminuye e inhibe al no gozar de una misma libertad de actuar y pensar como la que los hombres gozan. Que si bien, como respuesta a lo anterior se han encontrado con la promoción del empoderamiento de las mujeres, así como de sus derechos humanos, aún existen costumbres y tradiciones, sobre todo religiosos, que continúan solapando la violencia contra las mujeres  (UN, 2007).
Resulta inaceptable el hecho de que la violencia contra la mujer se de a gran escala, siendo que el 67% de las mujeres, es decir, 2 de cada 3 mujeres sufren o han sufrido violencia al menos una vez, que en la mayoría de los casos dicha violencia es producida por la pareja sentimental de las mujeres en cuestión simplemente por considerarse inferiores (Soriano, 2014).  Ante dicha cifra, no solo debe quedar el cuestionamiento y reflexión sobre la profundidad y arraigo de estas prácticas que deterioran el bienestar y desarrollo de las mujeres, sino que deben de buscarse alternativas contundentes que sin margen de error, se erradiquen a nivel intrafamiliar como social para evitar una propagación ante las generaciones posteriores a las actuales, y que por el contrario, los únicos comportamientos que sean heredados y concebidos como positivos sea la procuración de un bienestar integral para cada miembro de la sociedad sin importar su género, ya que éste no limita o diferencia capacidades de las personas, por el contrario, es un indicador de complementación para ser una sociedad mejor.
Tal es la gravedad e importancia de procurar y asegurar que las mujeres se desarrollen en un ambiente de igualdad y justicia, que organizaciones internacionales han realizado acuerdos como la Declaración Universal de los Derechos Humanos los cuales contemplan la igualdad, el respeto, la libertad, entre otros, que sentencian y condenan todo acto que no respete y quebrante las libertades de las personas, en este caso, de las mujeres que son agredidas por pertenecer a un género. Organizaciones como la Organización de Estados Americanos (OEA) y las Naciones Unidas interponen ciertas prerrogativas en materia de género a sus Estados miembro para aminorar la práctica e impacto de la violencia (Aranda, 2005), sin embargo, ha resultado ineficiente la forma en que se ha implementado, puesto que no ha habido avances sustanciales que permitan que las mujeres alcancen su bienestar a través de la felicidad y el goce de libertades dentro de los países, dado a la inexistencia de una legislación que procure y condene severamente a los agresores que atentan contra la dignidad femenina, que en casos como México es un delito que se persigue a través de denuncia y no por oficio, por lo cual los agresores tienen la oportunidad de volver a emplear prácticas de maltrato como represalias a quienes tuvieron el valor de acusarlos ante la autoridad para que se castigue su comportamiento.
Ante las condiciones actuales de violencia de género, en México y en cada país resulta imperativo que sea perseguido por oficio cualquier acto que atente contra la integridad física de las mujeres en función de que la sociedad comience a eliminar la concepción e ignorancia sobre las consecuencias que conlleva este tipo de comportamientos peyorativos que no ocasionan sino, únicamente un retroceso perjudicial, sobre todo para las mujeres. Asimismo, la presión de organizaciones internacionales a los países miembro donde se les condicionen los beneficios recibidos ante los resultados de la disminución de la violencia de género, ya que de nada o poco sirve un crecimiento económico si el desarrollo social es degradante, sobre todo si es en contra de uno de los pilares sociales como lo son las mujeres, quienes a pesar de la adversidad logran destacar en cada ámbito social, marcando un antecedente ante hechos como los de violencia para demostrar que aún sin el completo apoyo de la autoridad gubernamental se pueden lograr grandes cambios en pro de las mismas mujeres, y por lo tanto, de la sociedad en general.
CONCLUSIÓN
La violencia de género como es conocido cualquier atentado en contra de la mujer, son todas aquellas prácticas que deterioran o suspenden el desenvolvimiento de las libertades y ponen en riesgo los derechos humanos universales de las mujeres, así como su libertad individual de la misma manera que su integridad física. La ablación de clitoris, los matrimonios forzados, el embarazo y aborto obligado, son solo unas prácticas de la gran cantidad de formas que existen y que atentan en contra del bienestar de las mujeres, que por su gravedad grandes organizaciones gubernamentales se alarman y llaman a sus países miembro a procurar una sociedad libre e integradora, sin embargo, dichos Estados mundiales no han efectuado las formas pertinentes y eficientes para crear y asegurar un ambiente de desarrollo integral e inclusivo que abra paso a nuevas costumbres donde el bienestar, la felicidad y la integridad física de las mujeres sea un asunto de procuración social diaria. Por ello, es imperativo que los gobiernos de las naciones condenen rotundamente cualquier tipo de agresión de género y que se persiga por oficio cualquier manifestación de lo mismo, para que en la sociedad se entienda que son inconcebibles este tipo de prácticas y que cualquiera de ellas tendrá una represalia, esto con la finalidad de que se disminuyan y desarraiguen logrando así una transformación social que impacte a cada miembro a nivel personal y comunitario, que seguramente proveerá beneficios para cada integrante, sobre todo para las mujeres quienes serán capaces de vivir una vida a plenitud sin sentirse quebrantadas o atentadas en contra de su dignidad, y que por el contrario, serán valoradas en medidas de sus aportaciones, las cuales serán de gran impacto para la sociedad que se encuentra necesitada de una cohesión e inclusividad para poder seguir desarrollándose con resultados positivos, pero que únicamente se podrán tener esos resultados si se camina dentro de una sociedad unida  que procura el bienestar de cada uno de sus integrantes.
Queda claro que es necesaria aun la presencia de muchos valores y creación de nuevos hábitos entre los miembros de nuestra comunidad, la igualdad que se le da a la mujer en el transporte público a la mujer en nuestra comunidad no es el tipo de igualdad merecida ni esperada por parte de la mujer, las expresiones hacia ellas, los acercamientos a su persona, las faltas de respeto e incluso la invasión de su espacio son acciones que deben desaparecer.





Referencias

Aranda, E. (2005). Estudios sobre la ley integral contra la violencia de género. Librería-Editorial Dykinson.
Pallarés, M. (2012). Violencia de género. Reflexiones sobre la relación de pareja y la violencia contra las mujeres. MARGE BOOKS.
Prieto, P. B. (2004). La violencia contra las mujeres: prevención y detección, cómo promover desde los servicios sanitarios relaciones autónomas, solidarias y gozosas. Ediciones Díaz de Santos.
Soriano, L. C. (2014). Pobreza y desigualdad social: retos para la configuración de la política social. Ediciones Díaz de Santos.
UN. (2007). Poner Fin a la Violencia contra la Mujer: De las Palabras a los Hechos - Estudio del Secretario General. United Nations Publications.


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A través de mis ojos

Wendy Acosta Arroyo
A01227670

A través de mis ojos

La normalización de la violencia contra las mujeres es uno de los problemas más latentes que atacan a nuestra sociedad y país actual. Esta es causada por el androcentrismo en el que vivimos, que significa que tenemos al hombre como el centro de todas las cosas, o sea que la percepción masculina es universal y la única posible, provocando que las mismas mujeres se autoimpongan una idea de inferioridad en la cual consideran como su obligación soportar actos de violencia por parte de los hombres. Me parece bastante relevante la discusión de este tema ya que su causa principal es la falta de información y educación que reciben las mujeres acerca de sus propios derechos y busco despertar el interés de la sociedad por dirigir la atención hacia el hecho de que la desinformación convierte a las mujeres en víctimas de su propia ignorancia. Elaboraré la manera en la que la violencia silenciosa normalizada se desarrolla en diferentes ámbitos de la vida de las mujeres y en la sociedad en general.
Este asunto es imperativo para la discusión de la dignidad humana, Kant es uno de los pensadores que se hablan con ímpetu de la dignidad humana, “en su opinión, los seres humanos tienen ‘un valor intrínseco, esto es,  dignidad’, que los hace valiosos ‘sobre cualquier precio’” (Rachels, 2006: 204), este concepto es indispensable para el debate de la violencia normalizada hacia las mujeres, ya que se reduce el valor de la mujer y su voz subjetiva a la de los hombres, se impide el desarrollo de una autonomía moral y de pensamiento y no se le otorgan sus derechos de libertad para practicar su libre albedrío. Considero que si nos enfocáramos en la educación de las mujeres respecto al tema, muchas de ellas podrían salir del encierro social y psicológico en el que viven y comenzar a actuar como agente productivos dela sociedad, contribuyendo al desarrollo económico y social.
Palabras clave: Violencia invisible, libertad, derechos humanos, autonomía, felicidad, dignidad, androcentrismo, ignorancia, educación, normalización.
***
La “violencia invisible”, que es el tipo de violencia que no es posible ver físicamente, de la cual no existen evidencias palpables y que suele pasar desapercibida sobre todo en culturas machistas como la mexicana, es igualmente dañina para nuestra sociedad como lo son los asesinatos, robos, etc. y la práctica de esta atenta contra los derechos de seguridad y libertad de las personas, así como su autonomía, lo que entendemos por autonomía es “la facultad de la persona que puede obrar según su criterio, con independencia de la opinión o el deseo de otros.” (Gil, 1999: 63). La educación que se imparte a las nuevas generaciones es susceptible a contener el discurso de esta violencia que lleva su normalización a la trascendencia, haciendo de esta problemática una bola de nieve que en lugar de erradicarse se vuelve más grande con el paso del tiempo. Al ser una violencia normalizada, sus víctimas se convierten en casos perdidos que no tienen idea de que lo que les sucede es injusto y no ético ya que no poseen una autonomía moral que los haga reflexionar sobre su situación.
En una sociedad patriarcal como la que vivimos, se reducen los deseos de la mujer para que quepan dentro de las necesidades del hombre, por tanto en la mayoría de los casos las mujeres tienen que sacrificar sus aspiraciones y su felicidad. De modo que se toma en cuenta la felicidad de los hombres como prioridad sobre la de las mujeres, y se habla de felicidad unilateral, cuando deberíamos buscar una felicidad bi o multilateral que incluya a todas las partes interesadas.
“La felicidad que constituye el criterio utilitarista de lo que es correcto en una conducta no es la propia felicidad del agente, sino la de todos los afectados. Entre la felicidad personal del agente y la de los demás, el utilitarista obliga a aquél a ser tan estrictamente imparcial como un espectador desinteresado y benévolo.” (Rachels, 2006: 164)
Este contexto frecuentemente es impuesto por las mujeres mismas de generaciones previas quienes han sido formadas dentro del androcentrismo donde el hombre es el propenso a tener una realización y autonomía personal y profesional.
Debido a que en el ámbito cotidiano, en este caso, el uso del transporte público, las mujeres son consideradas objetos a los cuales se puede insultar y humillar a como plazca, ellas no sienten la seguridad o la necesidad de reportar estas situaciones ante una autoridad y se ven obligadas a cambiar sus rutinas o estilos de vida para evitar que esto les suceda. Es evidente que el asunto es muy grave ya que no es considerado con seriedad ni siquiera por las mismas víctimas, esto es debido mayormente a la falta de información respecto a medios de apoyo y acción para detener esta situación.
Muchas veces no se toma en serio a una mujer que expresa una angustia ante un jurado o una autoridad y estas declaraciones se pasan por alto, creando un ambiente inseguro para vivir así como una inseguridad interna a la mujer, la cual muy a menudo provoca que la mujer se auto-limite en sus actividades diarias para poderse sentir un poco más segura y protegida.
En el ámbito profesional la violencia es frecuentemente dirigida a la mujer; tiene diversas presentaciones, ya sea que no se les ofrece un salario equitativo al de los hombres o que se les es juzgadas por su apariencia física. Todos esos elementos atentan contra la realización de la persona de la mujer, se le reduce a un simple objeto bonito que es juzgado conforme si es placentero de mirar sin tomar en cuenta sus necesidades, cualidades, intereses, derechos y libertades.
“La teoría kantiana sostiene que, las personas debes ser tratadas como fines y nunca ser usadas solamente como medios. Por lo menos este principio, significa que cada individuo tiene un derecho moral a que se le trate como una persona libre e igual a cualquier otra, y que todos los individuos tienen una obligación moral correlativa de tratar a los demás como personas libres e iguales. […] La discriminación sexual se basa en estereotipos que consideran a la mujer como ‘emotiva’ y ‘débil. Estos estereotipos degradantes minan la autoestima de los grupos a los que se dirigen y con ello, violan su derecho a ser tratadas como iguales.” (Velázquez, 2012: 369)
           
La manera en la que nuestro contexto nos ha impuesto una idea de lo común que incluye actos físicos violentos nos ha llevado a sacar conclusiones acerca de lo inmoral e inaceptable de los mismos. Esta violencia física en exceso, se ha acaparado de toda nuestra atención causando que le perdamos importancia al otro tipo de violencia que se ha visto normalizada en nuestra sociedad debido a que su daño es menos ostentoso, se denomina “violencia invisible”.
“Defino la normalización como un mecanismo social de interdependencia distribuido de forma desigual en actividades y saberes institucionales y no institucionales que permiten regular y estabilizar en momentos determinados los sentidos de algún objeto que se conoce en sociedad. Normalización aquí ocupa un doble lugar semántico, pues refiere a normas cuya aplicación constante consigue, por otra parte, normalizar, esto es volver normal, cotidiano, recurrente, un tipo de sentido que se designa” (Hernández, 2013: 22)

Lo que plantea el autor, complementa la idea de que la violencia invisible o no física, es algo que hemos aprendido a tomar como normal o cotidiano, sin prestarle atención a sus causas y sobre todo a las consecuencias que afectan a toda la sociedad, sobre todo al segmento de las mujeres violentadas.
“Se habla de la [discriminación laboral hacia las mujeres por su apariencia física] con una chocante normalidad, como si fuera razonable esperar que el maltrato ocurra, como si estuviera asumido y por tanto no generara una reacción crítica por parte de los periodistas o de las implicadas en estas noticias. No abundan las quejas ni se encuentra una palabra altisonante donde pudiéramos colegir que la víctima del desprecio está dispuesta a una reacción airada. Apenas una evitación pasiva que, aunque sugiere que la situación no es deseable, se limita a convivir con ella mediante una educada ignorancia mutua.” (Fernández, 2011: 161)

En el transporte público un porcentaje más alto del deseado o esperado de mujeres admite que ha sido víctima de violencia, comúnmente de índole sexual. Estas mujeres reportan que las agresiones más frecuentes son aquellas que reciben una respuesta más pasiva y que son consideradas normales e inclusive esperadas. La normalización de estas conductas es el factor más importante para que no se pueda desarrollar un plan de acción, ya que debido a que las víctimas lo ven como algo que deben vivir no sienten la necesidad de hacer algo al respecto.
“De acuerdo a las respuestas de las usuarias, el 9.2% de las mujeres considera “normal” que suceda alguna agresión mientras usan el transporte público, y la tasa de normalización se eleva de acuerdo a la gravedad de la agresión, llegando hasta el 25% de normalización en casos como los piropos o frases de carácter sexual que les dicen. También las usuarias participantes consideran que la violencia durante el trayecto es más frecuente pero de menor gravedad, la que puede sufrirse en las paradas de camión se percibe como grave por la vulnerabilidad que presenta la mujer en un sitio que en muchas ocasiones está solo, oscuro o escondido del paso de la gente” (SEDATU, 2015: 73)

Este estudio presenta el concepto de la violencia que sufren las mujeres en el ámbito cotidiano, muchas de ellas tienen como necesidad utilizar el transporte público para completar sus tareas del día y se encuentran obligadas a soportar este tipo de acciones ante las cuales, la mayoría de las mujeres no sabe qué hacer, a quién pedir ayuda o cómo responder.
Muchas estudiantes de las universidades en EEUU, son víctimas de acoso sexual, sin embargo un muy bajo porcentaje siente la necesidad o seguridad de reportarlo a las autoridades de la institución, locales o estatales. Una cantidad alarmante de ellas argumentan que no reportan lo sucedido porque no consideran que sea algo tan serio, otras afirman que se sienten avergonzadas de los hechos y prefieren no hablarlo. (AAU, 2015)
Gran parte de la normalización de la violencia no se genera a lo largo de la vida sino que viene implícita en la educación que recibimos desde la infancia. Lo que nos enseñan nuestros padres no lo cuestionamos hasta que tenemos una mayoría de edad o puede ser que no lo cuestionemos nunca si no se nos inculcó un pensamiento crítico. Parece ser entonces que el privilegio de la información y el cuestionamiento de la normatividad son al azar, lo cual no debería de ser, esto debería ser información pública y prioritaria para todos los habitantes , de esta manera evitaríamos la sociedad ignorante a sus propios derechos y valor como personas que vemos hoy en día.
“El lugar de procedencia, las formas religioso-culturales, también marca unas determinadas posibilidades en [las mujeres migrantes]. Hemos visto cómo la presión familiar, en muchos casos instrumento de sujeción de estas mujeres, aunque por otro, el hecho de tener hijos/as, permite entrar en procesos, lugares liminales para abrir el camino a nuevas subjetividades que buscan liberarse de ataduras y convivencias opresivas […] Hemos mostrado cómo las subjetividades que predominan en estas mujeres, son producidas en marcos sociales estructurados que ejercen sujeción que denominamos posicione s enunciativas, equivalen a formas, esquemas construidos en el contexto social, histórico y cultural, que se inscriben en el sí mismo/a y que normativizan el tipo de prácticas disponibles para el sujeto” (Albertín, 2016)

            En este estudio sobre las mujeres inmigrantes que intentan salir de su lugar de procedencia para conseguir una mejor calidad de vida, lo que sea que ello signifique para cada una de ellas individualmente, se comprueba que en muchas ocasiones la mujer no conoce sus derechos o la existencia de su autonomía, así como las personas en su entorno no tienen información con respecto a los derechos de libertad y el respeto a la autonomía moral ajena, y esto ocasiona que no puedan crecer de la manera en la que ellas desean, quedando encerradas en una marginación social y psicológica, la cual simplemente es fruto de la falta de educación acerca del tema que han recibido durante sus vidas.
            Considero entonces, que la guerra que debemos emprender es de erradicar la ignorancia en lo que la violencia invisible o no física respecta, es decir, mejorar o implementar la educación respecto a los derechos y paradigmas que tenemos en nuestro país en todas las zonas de la república, tanto las mujeres como los hombres deben conocer desde pequeños cuál es el valor de su propia persona así como el valor del prójimo, deben aprender que el respeto de la autonomía, la integridad y la dignidad ajena son factores cruciales en el desarrollo de una sociedad estancada, no porque así Dios lo quiso, sino porque cuando se atenta contra la autonomía moral de una persona y no se le permite gozar de su libre albedrío, esa persona no puede aportar su parte ciudadana o innovar para la resolución de problemas que amenazan la integridad del pueblo y toda la sociedad se empobrece. Es más fácil tomar los cuidados para que una ramita crezca como un árbol derecho que enderezar un tronco chueco, por ello la educación siempre va a ser la clave para criar a una sociedad de personas críticas y morales; en palabras de la líder internacional Malala Yousafzai, “Las pistolas matan a los terroristas, la educación mata el terrorismo”, así mismo podemos erradicar la violencia de género que existe actualmente si nos enfocamos en crear planes de educación para que desde una temprana edad los niños y niñas tengan la noción del otro y sus necesidades y aprendan que no solo se debe actuar conforme los instintos sino también conforme la razón y los juicios morales que les dictarán cuando estén cometiendo o a punto de cometer una acción que atenta contra los intereses o autonomía de otra persona ajena a sí mismos.

***
Con base en todas las evidencias presentadas, concluyo entonces, que la violencia de género es un tema latente en nuestra sociedad actual y está conformada en su mayoría por la ignorancia de la que sufren todos los géneros respecto a sus derechos de libertad y su autonomía moral, social y laboral. Las problemáticas que se mencionaron a lo largo de este ensayo seguirán presentes mientras las mujeres no sepamos o asimilemos nuestro valor real, no el impuesto por el patriarcado o androcentrismo que nos persigue desde la antigüedad sino el que se nos otorga al nacer por el simple hecho de ser individuos racionales al igual que todos los hombres. También hay que educarnos en todos los tipos de violencia, no solo la evidente y física sino en la invisible de la que se ha hablado en toda la extensión del ensayo, este tipo de violencia es la que forja cultura, mentalidades y sociedades misóginas, tristemente, como la mexicana, por tanto yo la considero la más peligrosa y la que va a dar la lucha más ardua para ser erradicada.
Así pues para cambiar el destino hacia el cual queremos que se dirija el país, debemos prestar atención a aquellos quienes se encargaran de construir ese destino, los niños, niñas y jóvenes, y asegurarnos de que reciban una educación que rompa las barreras culturales que pueden haber construido en sus lugares de procedencia y salgan de las prisiones de su ignorancia para poder convertirnos en una sociedad no segregada sino conformada por individuos plenos que son libres de perseguir sus intereses, satisfacer sus necesidades y las del prójimo sin que haya intervenciones de cuestiones externas a ellos mismos como lo puede ser su género, raza, lugar de procedencia, estatus social o económico, entre otras

Conclusión del proyecto
A lo largo de la investigación del proyecto del semestre, observé la desigualdad que existe y la diferencia de realidades que vive la gente en mi país, yo nunca he tenido la necesidad de transportarme en los medios de transporte público más comunes como el autobús, el tren ligero, etc. Esto contrasta con la experiencia de las personas que viven en diferentes zonas a la mía y para quienes, el transporte público no es una opción sino una necesidad. Esto me pone a pensar en la desigualdad que hay en México, en la cual el valor de una persona y su integridad se reducen a su posición socioeconómica, adoptamos la idea del valor al capital sobre el valor de la persona y eso claramente es una violación a los DDHH y al concepto que menciona Kant sobre la dignidad humana, que indica que es un valor intrínseco de las personas y que este valor debe ser tomado en cuenta sobre todo lo demás, ya que no se respeta el concepto de que todas las personas tenemos derecho a ser tratadas como sujetos libres e iguales que los demás, en cambio hemos creado una segregación que separa la sociedad por grupos de dos maneras en función de su capacidad económica y por su género. Últimamente nos hemos familiarizado con el concepto de las “minorías” en donde entra el género femenino, esto es degradante no solo porque se toma en cuenta a las mujeres como un sector pequeño de la población, cuando en realidad somos la mitad de la gente, sino también porque es una manera de percibir como inferior a la mujer con base en estereotipos de debilidad y sentimentalismo.
Creo firmemente que la sociedad mexicana todavía tiene un camino bastante largo que recorrer para alcanzar la equidad de género y erradicar la violencia impugnada para así, convertirse en una sociedad desarrollada que sirva como ejemplo para el resto del mundo.

Referencias
Bibliografía básica
Albertín, Pilar.(2016) Subjetividades tejidas en historias de violencias de género y procesos migratorios: Lugares liminales de transformación. Extraído de: http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S071869242016000100008&lng=es&nrm=iso

Fernández-Ramírez, Baltasar; Baleriola Escudero, Enrique; Esquirol Arias, Elia. (Diciembre, 2011). P.145-193. Desplazamiento y normalización del rechazo laboral hacia las mujeres por cuestiones de talla. Extraído de: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=353744579006

Gil, R. (1999) Valores humanos y desarrollo personal: Tutorías de educación secundaria y escuelas de padres. Madrid: S.A Escuela Española.

Rachels, J. (2006) Introducción a la filosofía moral. México: McGraw Hill

Velásquez, M. (2012) Ética en los negocios: conceptos y casos. México: Pearson

Bibliografía complementaria:
Association of American Universities. (2015). Climate Survey on Sexual Assault and Sexual Misconduct.  Extraído de: https://www.aau.edu/key-issues/aau-climate-survey-sexual-assault-and-sexual-misconduct-2015

Bakrania, S., H. Haider (2016). Safety, Security and Justice: Topic Guide. Extraído de: http://www.gsdrc.org/wp-content/uploads/2016/07/GSDRC_SSJ.pdf

Hernández, Rubén.(2013). La normalización del discurso de la violencia. Extraído de: http://132.248.9.195/ptd2014/enero/0708086/0708086.pdf

La Jornada. (2016). Violencia de género: normalización ominosa. Extraído de: http://www.jornada.unam.mx/2016/04/24/opinion/002a1edi

Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano. (2015) Programa de difusión y prevención de violencia contra las mujeres en el transporte público urbano en Jalisco. Extraído de: https://www.dropbox.com/sh/4db5uktiwaj96be/AAAaLCZ8Ndc1mYqFQ4jBtKOBa/1p%20Material%20para%20la%20investigaci%C3%B3n%20bibliogr%C3%A1fica?dl=0&preview=0+++1FUNDAMENTAL+Programa+Transporte+P%C3%BAblico+AliceOJ+y+equipo.pdf
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"Ética de los antecedentes históricos del machismo en México" por Sebastián Lamas Soto.

Por Sebastián Lamas Soto (A01229175)
 “Ética de los antecedentes históricos del machismo en México”
"Mire mija, cualquiera de las mujeres que pueda yo tener son como una iglesia de pueblo, pero usted es la mera catedral”. Ésta frase la dijo el mismísimo Doroteo Arango, mejor conocido como “Pancho Villa”, a una de sus esposas más queridas en relación a sus adulterios e infidelidades (Darwich, 2011). ¿A qué se refiere uno de los personajes históricos más emblemáticos de la historia de nuestro país? ¿Será que, en México, un hombre tiene derecho a “tener” un gran número de mujeres, sólo por ser muy conocido? ¿Es justo que una mujer sea mencionada como “una más”? El tema del presente ensayo tratará sobre los antecedentes históricos del machismo y la denigración del género femenino en México, y como este proceso ha ido impactando nuestra sociedad al día de hoy.
            La batalla por la equidad de género es un hecho de plena importancia en la actualidad, y es relevante conocer cómo es que ha trascendido a través de nuestra cultura. Es por eso que se analizará “la trascendencia del contexto histórico sobre la inequidad de género en la cultura actual mexicana”. Es importante conocer las bases históricas de este comportamiento tan acentuado en la cultura mexicana, ya que causa problemas graves la dignidad de las mujeres, y de igual forma, a la manera en la que son vistas hoy en día en nuestra sociedad. Kant cataloga a la dignidad humana como un valor intrínseco de toda persona que se le otorga por el simple hecho de estar vivo, la cual tiene que respetarse y protegerse bajo cualquier circunstancia. “Los seres humanos se merecen un trato especial y digno que posibilite su desarrollo como personas. En este sentido, afirma Kant, el hombre es un fin en sí mismo, no un medio para usos de otros individuos” (Michelini, 2010).
            Sin duda la inequidad de género es un problema real que enfrenta la sociedad femenina mexicana. La discriminación hacia las mujeres, en numerables sentidos, es un fenómeno que debe destacarse de la cultura mexicana y sus ramas. Entre estas problemáticas se encuentran cualquier tipo de violencia, ya sea física, verbal o sexual, la inequidad de salarios, la desigualdad de oportunidades, los estereotipos de debilidad femenina, y hasta los estereotipos de objeto sexual. Simplemente hoy en día, el 46% de las mujeres mexicanas mayores a 15 años sufren algún tipo de violencia (INEGI, 2012).
            Todos estos problemas no surgieron de la noche a la mañana en un año predeterminado por la historia, sino que ha sido un comportamiento cultural machista que ha sido arrastrado durante años, y he aquí el foco de este ensayo. Conocer los antecedentes históricos de estos comportamientos “machistas” y poco equitativos hacia la mujer, juega un papel muy importante en el razonamiento ético de ésta situación.
1.      Introducción a la situación actual sobre la inequidad de género en México
2.      Contexto histórico de la inequidad de género y denigración femenina en México (Desarrollo)
3.      Contraste del contexto histórico y la situación actual en México (Desarrollo)
4.      Conclusión y reflexión ética del problema
Palabras clave (Key words): Machismo, antecedentes, históricos, México. 
Desarrollo.
La cultura machista de México es un patrón cultural que lleva años siendo parte del comportamiento y educación tradicional mexicano. Sin embargo, esto afecta directamente nuestra percepción general de la mujer, poniendo en riesgo su dignidad y su derecho a la justicia social y a veces, hasta su nivel socioeconómico. La mujer ha sido catalogada durante muchos años como “el sexo débil”, esto debido a los estereotipos de género creados a través de la formación educativa y cultural en nuestro país. Estos estereotipos de género, según la UNESCO (2016), son “alimentados” día a día por múltiples factores de la vida diaria, como lo son el ámbito laboral y los medios de comunicación:  
“El 65,6 % de los puestos de trabajo en las áreas de producción y diseño pertenecen a los hombres, y solo un 34,4 % a las mujeres, y el 46 % de las noticias alimentan los estereotipos de género (UNESCO, 2016).” Como se puede analizar, la generación de estos estereotipos está reforzada por la sociedad misma. Otros factores, tales como la religión y en algunos casos (y culturas) la autovulnerabilidad de las mismas mujeres, pueden traer los mismos resultados de enriquecimiento hacia los estereotipos. “Es paradójico pensar que en algunas ocasiones los grupos vulnerables, en este caso, las mujeres, se vulneran a sí mismas. En el análisis propio se toman diversos factores: culturales, sociales, políticos, económicos y religiosos. Todos ellos enlazados y al final, esbozan un solo término” (Orozco, 2008).
            En el contexto masculino, el machismo puede ser definido como un comportamiento en el que el hombre, por factores sociales, culturales, y hasta psicológicos, actúa denigrando la equidad de género que hay entre ambos sexos. Paz (2013) define al macho como “un ser introvertido y hermético, de actitud activa (Zeus violador de mujeres) frente a la pasividad de la mujer, es el poder arbitrario, la fuerza sin freno y sin cauce que resume la agresividad, impasibilidad, invulnerabilidad y la violencia sin alma” (Paz, citado por Machillot, 2013: 89)”. Otra propuesta de definición del machismo es propuesta por Rodríguez (2014):
En su sentido actual, el machismo consiste en” la actitud del hombre que considera que el sexo masculino es naturalmente superior al femenino, y la manifiesta con prepotencia, a la vez que, con paternalismo hacia las mujeres, así como mediante demostraciones de fuerza y virilidad.” 
No se sabe con certeza cuando comenzó esta tendencia machista en nuestro país. Sin embargo, podemos remontarnos a la época de la Nueva España, cuando las mujeres tenían limitaciones de participación activa en los roles sociales y culturales.
“Las mujeres de la nueva España solo tenían dos opciones, o eran casaderas –y se promovían socialmente para llegar a ser esposas- o estaban bien “dadas” en matrimonio, cualquiera que fuera su tipo de reunión real o ideal, ya que las mujeres de estratos sociales medios y altos no podrían andar “por ahí” sin tener una especie de poseedor que las disciplinara” (Serrano, 2004, p.16)
Lo que sí se sabe, es que este patrón de comportamiento masculino ha estado presente por muchas generaciones a lo largo de la historia. Por lo tanto, es un fenómeno cultural que está impregnado en nuestra sociedad.
            A partir de la revisión anteriormente mencionada, ¿Es justo entonces que la mujer en México se siga viendo como el género vulnerable y débil, con el que ha sido identificado a lo largo de los años? ¿Es válido que sea esto así, por el simple hecho de que la cultura mexicana así lo ha manejado durante la mayor parte de su historia? En definitiva, es un tema que tiene que ser analizado desde el punto de vista ético. Según explica Rachels (2006), el relativismo cultural consiste en que, desde el punto de vista cultural, nada es correcto o incorrecto, es decir, si el machismo forma parte de la cultura social mexicana, no puede ser catalogada como incorrecta. Sin embargo, según el autor, el principal problema del relativismo cultural es que sus argumentos no ofrecen premisas válidas, por lo tanto, la conclusión de cualquier argumento usando ésta teoría corre el riesgo de ser falsa.  “El problema es que la conclusión no se sigue de la premisa; es decir, incluso si la premisa es verdadera, la conclusión todavía podría ser falsa” (Rachels, 2006). Además, el problema del machismo tiene una implicación mucho más allá del patrón cultural, ya que afecta directamente aspectos indispensables en la calidad de vida de las mujeres como lo son sus derechos humanos y su dignidad. Según la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948), todas las personas tienen un derechos sociales y culturales, que garantizan la igualdad y equidad en el ámbito laboral, educacional y social. Kant defendía el derecho de la autonomía como el principal elemento constructor de la dignidad humana "La autonomía, es, pues, el fundamento de la dignidad de la naturaleza humana y de toda naturaleza racional" (Kant, s.f.) La dignidad es derecho natural que toda persona conserva por el simple hecho de ser humano, y bajo ninguna circunstancia debe de ser afectada o menospreciada. Es por eso que, en el caso del machismo mexicano, el relativismo cultural no brinda argumentos válidos para considerar éste comportamiento como correcto. Cualquier acto que dañe o fragilice los derechos sociales y la dignidad de una persona, bajo las normas éticas universales, tiene que ser considerada incorrecta y ser sancionada adecuadamente. Es por esto que el machismo, aun siendo un fenómeno de comportamiento histórico en la sociedad y cultura mexicana, debe de ser erradicado de las mentes masculinas, e incluso del propio concepto femenino que las mujeres tienen sobre ellas mismas.
            Conclusiones:
            El machismo puede definirse como un patrón de comportamiento en el que el hombre considera que el sexo masculino es superior al femenino, y actúa (con base en esta ideología) de manera prepotente, paternalista, discriminatoria y mediante demostraciones de violencia física, verbal, o sexual. En México, el machismo tiene un contexto histórico que ha predominado a lo largo de nuestra historia, influyendo directamente en la mentalidad y en la educación de los mexicanos y mexicanas. Por lo tanto, se dice que el “clásico macho mexicano” es aquel hombre que actúa preponderadamente contra la equidad de género y no respeta las reglas universales de igualdad. Este hecho no sólo está impregnado en la cultura mexicana, sino que se encuentra alimentado por la misma sociedad en el día a día. Esto ha llegado a un punto culminante, en el que la mayoría de las mismas mujeres se llegan a catalogar a ellas mismas como “el sexo débil”, atendiendo a los estereotipos de género. El machismo no solo atenta contra la desigualdad de género, también afecta directamente los derechos de igualdad social y económica y la dignidad de la mujer mexicana. Que éste patrón de comportamiento social haya llegado a un nivel en el que es incluso aceptado por la misma sociedad, debe de resultar alarmante y preocupante, ya que está atentando contra la imagen de la mujer mexicana, afectado colateralmente los aspectos antes mencionados de su dimensión como persona.
Conclusiones sobre el proyecto VMTP:
            Durante la realización de las encuestas para generar la base de datos del proyecto Violencia contra la mujer en el transporte público en la Zona metropolitana de Guadalajara (VMTP), se recolectó información sobre la situación de violencia actual que viven las mujeres durante el uso del transporte público. La realidad es, que la gran mayoría de las mujeres han sufrido o sufren algún tipo de violencia en los distintos estadios del uso del transporte público, ya sea en su camino hacia la parada del autobús, o durante su viaje dentro del mismo. Estos hechos, agravan la situación de violencia y machismo contra las mujeres, lo cual afecta directamente las categorías que analizamos anteriormente; dignidad y derechos humanos. Cualquier tipo de violencia, sobre todo derivada de un comportamiento machista de superioridad de género, atenta contra la dignidad humana anteriormente definida por Kant y del mismo modo, analizada en este ensayo. Con estos hechos se afirma la hipótesis planteada al inicio de este documento, concluyendo que el comportamiento machista mexicano, derivado de un patrón cultural y social histórico, trae consecuencias graves que atacan contra la dignidad y los derechos humanos del género femenino en México.
1.      Referencias

* Bibliografía básica (5 artículos científicos sobre ética o libros sobre ética):
- Michelini, D. (2010). Dignidad humana en Kant y Habermas. 2017, de Scielo Sitio web: http://www.scielo.org.ar/pdf/efphi/v12n1/v12n1a03.pdf
- Rachels, J. Introduccion a la filosofia moral. 2003. Nueva York. FCE
- Rodríguez, Z. (2014). Machos y machistas, la historia de los estereotipos mexicanos. 2017, de Scielo Sitio web: http://www.scielo.org.mx/pdf/laven/v5n39/v5n39a12.pdf
- Serrano, H. (2006). Género y educación en México. 2017, de Pharos (Redalyc) Sitio web: http://www.redalyc.org/pdf/208/20813205.pdf
- Varea, JL. (2006). Por un enfoque integral de la violencia familiar. 2017, de Scielo Sitio web: http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1132-05592006000300002
* Bibliografía complementaria (fuentes no científicas):
- Giraldo, O. (1972). El machismo como un fenómeno psicocultural. 2017, de Universidad del Valle Sitio web: http://www.redalyc.org/pdf/805/80540302.pdf
- Hardy, E. (2001). Masculinidad y Género. 2017, de UNICAMP Sitio web: http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0864-34662001000200001
- Jiménez, F. (2012). Conocer para comprender la violencia: origen, causas y realidad. 2017, de UNAM Sitio web: http://www.redalyc.org/pdf/105/10520680001.pdf
- Serrano, H. (2004). La dominación masculina en México. 2017, de UNAM Sitio web: http://enp4.unam.mx/diversidad/Descargas/Misoginea/La%20Dominaci%F3n%20masculina%20en%20M%E9xico.pdf
- Römer, M. (2015). Violencia machista y televisión: propuesta de análisis de informativos sobre el 016. 2017, de Universidad de Zula (Por Redalyc) Sitio web: http://www.redalyc.org/pdf/310/31045569047.pdf
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