miércoles, 8 de mayo de 2019

El Salario Mínimo en México: Aspectos éticos en su fijación. Manuel Fong Choy Santillán A01224490


Abstract:

Con la toma de poder de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de México, una serie de cambios importantes para la sociedad venían asomándose desde hacía tiempo. La firma del T-MEC, sustituyendo al TLCAN, la iniciativa para la eliminación del fuero o el aumento en el salario mínimo para los mexicanos son algunos ejemplos de estos cambios para el 2019, siendo este último aspecto el que abrirá un tema de discusión ético en este ensayo. Lo que se buscará a partir del tema es mostrar por qué se requiere un actuar ético en la fijación de salario mínimo en nuestro país, con el fin de apoyar de manera positiva al bienestar general de la sociedad, al influir en una de las facetas del trabajo decente: el empleo remunerado.
Considero este tema relevante en materia de dignidad humana por estar fuertemente relacionado con el trabajo decente. La remuneración adecuada forma parte de lo que ya se exponía en el trabajo de Dharam GHAI (2003) en relación a los medidores del empleo, que pueden llevar a que un trabajo sea considerado como decente para quien lo lleve a cabo. 

Palabras Clave: Salario mínimo, Bienestar imparcial, trabajo decente, felicidad.

El tema de la fijación del salario mínimo presenta varias problemáticas: una de ellas surge por la necesidad de buscar una relación más positiva entre el salario mínimo y la productividad laboral en nuestro país. Al comparar a México en materia de salario mínimo con países de Latinoamérica, según investigaciones en 22 países latinoamericanos, aportadas por Moreno, Garry y Monroy (2014), nuestro país resultó ser el más bajo, siendo superado incluso por países como Bolivia o Nicaragua, aun cuando en productividad laboral, según los mismos estudios, nuestro país contaba con uno de los más altos en la región. Con esto se ha provocado una desigualdad económica a lo largo de nuestra historia pues lo que se debería ganar no corresponde a los servicios y productos que nuestro país genera, haciendo difícil alcanzar un bienestar imparcial, bajo conceptos utilitaristas.
Otra problemática a considerar es acerca de la imposibilidad de lograr que los mexicanos obtengan un empleo remunerado si no se fija un mayor salario mínimo, pues una mayor fijación puede contribuir, junto a otros aspectos, a alcanzarlo. Para Dharam (2003, 132) “Una característica importante del trabajo decente es que los trabajadores disfruten de un empleo «remunerador», que es un elemento de la «calidad» del trabajo”, y al no contar con un empleo remunerado, no se podría alcanzar fácilmente lo que se conoce como “trabajo decente”, definido por la OIT como el “trabajo digno y productivo en condiciones de libertad, equidad, seguridad y dignidad, en el cual los derechos son protegidos y que cuenta con remuneración adecuada y protección social” (Gálvez, Gutiérrez, Picazzo, Osorio, 2016,72).), y que al estar ligado a conceptos éticos tan importantes como lo son la dignidad humana, concebida como “el trato o respeto debido a las personas por su sola condición de seres humanos” (Martínez, 2013, 43),  el bienestar imparcial y la libertad, no sería posible alcanzar la felicidad, que entendemos, según Yepes (1997) como … la ausencia de males futuros, mirar hacia adelante y estar seguros y regocijarnos con la expectativa de disfrutar o seguir disfrutando los bienes anhelados o ya poseídos.”, y que para Aristóteles, según expone Cortina (1996, 1), “la felicidad es el fin último que nos proponemos por naturaleza, es decir, de forma inevitable”.      
Así pues, como punto de contrapartida sobre esta problemática tenemos al mal uso que el gobierno puede provocar, de manera directa o indirecta, por la fijación no controlada de un salario mínimo dentro de la sociedad, pues puede provocar resultados negativos que terminarían dañando a la misma sociedad que se buscaba beneficiar en primer lugar, yendo en contra de la teoría utilitarista del bien mayor, que según nos explica Rachels (2006, 148), la idea principal en esto es que “… cuando tengamos que elegir entre diferentes acciones o políticas sociales, debemos elegir aquella que tenga las mejores consecuencias globales para todos los afectados”.
Para todas estas problemáticas, a continuación, se presentará una serie argumentos que apoyen o debatan ideas para la mejor resolución de estas.
Se iniciará con un poco de historia: la globalización en las últimas décadas ha traído consigo ventajas y desventajas para todos los países que conforman el mundo. Para el caso de México, esta ocasionó una apertura a nivel internacional más amplia, lo que lo volvió más competitivos y permitió un aumento favorable en los trabajos que se realizaban. Sin embargo, esto no contribuyó como se quisiera a un mayor bienestar imparcial, entendiendo la imparcialidad de forma ética como “La idea básica es que los intereses de todos son igualmente importantes y que, desde un punto de vista moral, no hay personas privilegiadas.”, (Rachels, 2006,35) ya que uno de los problemas de actualidad es la desigualdad que se vive en nuestro país. Para esto, “La OIT lanzó en 1999 la propuesta de Trabajo decente, como una forma de promover la generación de empleos de calidad, que todas las personas en edad productiva debieran disfrutar, en contraposición a los precarios, resultantes de la globalización.” (Gálvez, Gutiérrez, Picazzo, Osorio, 2016,72). El trabajo decente presenta una serie de conceptos que, en conjunto, pueden ayudar a alcanzarlo, siendo uno de estos el empleo remunerado, que a su vez presenta varios aspectos a tomar en cuenta para su obtención, como lo es el salario. Con la fijación de un salario mínimo en nuestro país que ayude a los trabajadores más vulnerables a contar con mayores oportunidades para salir adelante, mantener a su familia y que todavía pueda utilizar el sobrante que le quede para llevar a cabo sus metas personales, es posible un mayor alcance del trabajo decente, lo que podrá lograr un bienestar más imparcial en nuestro país, ya que se logrará un bien mayor para la mayor cantidad de personas, acorde a las ideas planteadas por el utilitarismo..  
“… la intuición a primera vista pareciera mostrar que al pagar un salario mínimo mayor causaría incentivos a contratar menos trabajadores. Sin embargo, la evidencia empírica internacional no concuerda con esa intuición.” (Campos, 2015, 91), señalaba el señor Campos Vázquez, en la revista Economíaunam respecto a los argumentos que se dan respecto a que una mayor fijación en el salario mínimo podría desembocar en despidos para un porcentaje de trabajadores en diversas industrias.
Es importante entender, por otro lado, que el salario mínimo no es el único aspecto a tomar en cuenta para alcanzar un trabajo decente. Según menciona Dharam, “Entre los elementos que abarcan las condiciones de trabajo están el trabajo nocturno, las horas de trabajo, el reposo semanal y las vacaciones pagadas” (Dharam, 2003, 134-135). Una importante cuestión que debemos hacernos es ¿por qué enfocarnos únicamente en el aspecto del salario mínimo, teniendo una gran cantidad de beneficios que de igual manera siguen siendo poco solicitados en nuestra sociedad? Es cierto que el salario mínimo resulta ser el principal foco de importancia para un trabajo más remunerado, pero dejar de lado otros temas como la calidad del trabajo puede resultar de igual manera contraproducente para la moral del trabajador, así como la productividad que este genera para su empresa. Así pues, no se estaría generando el mayor bien para el mayor número de personas, como lo expone la teoría utilitarista sobre la cual “las acciones correctas son aquellas que producen el mayor balance posible de felicidad sobre la infelicidad, y en que la felicidad de cada persona cuenta como igualmente importante” (Rachels, 2006,165)
Así pues, resulta importante considerar que la fijación del salario mínimo no siempre es sinónimo de mejora, como lo expone José Gabriel Martínez González, investigador de la revista “Análisis Económico”, pues para él “un salario mínimo más alto no va a resolver el problema de la pobreza, de la discriminación contra las mujeres y de las desventajas de jóvenes humildes que entran al mercado de trabajo” (Martínez, 2018, 25). De igual manera expone que “(Un salario mínimo más alto) No va a elevar el empleo. No va a mejorar la democracia ni va a mejorar el diálogo social. Para ello se requiere de una política laboral activa…” (Martínez, 2018, 25), y no sólo se requiere participación del gobierno, sino también de la misma sociedad para poder alcanzar un bienestar más imparcial.
Como postura personal ante lo presentado, considero al tema de la fijación de salario mínimo como un objetivo importante a perseguir por nuestra sociedad, pues es esta una de las caras principales por las que se puede evaluar a un país en materia, tanto de producción en el punto de vista económico, como el bienestar imparcial, en el social.
Sin embargo yo remarco que la fijación del salario mínimo debe ser, más que cuantitativa, cualitativa, debido a que, en lugar de buscarse un salario mínimo mayor, lo que se debe lograr en relación a este es que:
1.- Sea fijado pero no usado como una herramienta política para ganar votos y de cierta manera manipular a la población. De igual manera, que este se pueda evaluar de forma periódica por medios independientes de los intereses de los actores principales, si fuese o no necesario el cambiarse, con el fin de acoplarse a las conveniencias de la situación actual. 
2.- un organismo autónomo y descentralizado sea el encargado de fijarlo de forma justa, buscando que en todo momento se piense en el equilibrio de estos tres actores: el gobierno (en materia inflacionaria), las empresas (en materia económica) y en los trabajadores (en materia social).
3.- Su fijación tome en cuenta indicadores de nuestro país como producción o mano de obra, con el fin de que pueda existir una relación positiva entre el trabajo empleado con el monto al que se le paga a cada trabajador, con el fin de que exista mayor justicia, entendiéndose esta como el hecho de “…que tratemos a todos equitativamente, según sus necesidades y méritos individuales” (Rachels, 2006, 170))
Y de igual manera es importante que las personas luchen, no solamente por un mejor salario, sino también por mejores condiciones de trabajo para estos, pues esto contribuye también a una mejor vida. El buscar mejores servicios y prestaciones para uno mismo y su familia también traerá consigo un impacto positivo tanto en estos como en las futuras generaciones.
Así que, la pregunta para concluir sería ¿qué se busca realmente con la fijación de un salario mínimo en nuestro país?
Mis pensamientos finales respecto a este tema son:
1) La mala fijación que ha habido del salario mínimo en nuestro país ha provocado una dificultad en la sociedad de que se pueda alcanzar la dignidad humana, lo que afecta la obtención de la felicidad plena por parte de cada uno de los que integran dicha sociedad, porque dicho salario mínimo no les permite salir adelante, así como a los familiares que deben mantenerse con dicho monto.
2) El fijar un mayor salario mínimo en México no puede por sí mismo capaz de alcanzar el trabajo decente, que a su vez permitiría un mayor bienestar imparcial en la sociedad, pues esta sólo forma parte de varios aspectos, y ya en incontables ocasiones se ha visto que ha provocado un desequilibrio en la economía del país. Por esto a largo plazo no sería posible beneficiar a la sociedad.   
3) La fijación de un salario mínimo debería basarse en que sea más justo para todos, con el fin de alcanzar el ya mencionado trabajo decente que, al poder ser un catalizador de cambio para los trabajadores, puede traer un bienestar más imparcial a la sociedad, que de igual manera no se afecte de manera negativa a los intereses de las empresas ni al gobierno en materia económica. Con esto se puede lograr el mayor beneficio para la mayor cantidad posible de personas en nuestro país.








4.- Referencias Bibliográficas:
1.- Campos Vázquez, R. (2015). El salario mínimo y el empleo: Evidencia internacional y posibles impactos para el caso mexicano. Economíaunam, 12 (36), 90-106. Recuperado de https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=363542904006
2.- Dharam, G. (2003). Trabajo decente. Concepto e indicadores. Revista Internacional del Trabajo, 122 (2), 125-160.
3.- Gálvez Santillán, E., & Gutiérrez Garza, E., & Picazzo Palencia, E., & Osorio Calderón, J. (2016). El trabajo decente, una alternativa para reducir la desigualdad en la globalización: el caso de México. Región y Sociedad, XXVIII (66), 55-94. Recuperado de https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=10244884003
4.- Martínez González, J. (2018). La historia sin fin: el debate por el salario mínimo. Análisis Económico, XXXIII (83), 5-28. Recuperado de https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=41356919002
5.- Moreno-Brid, J., & Garry, S., & Monroy-Gómez-Franco, L. (2014). El Salario Mínimo en México. Economíaunam, 11 (33), 78-93. Recuperado de https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=363542901004
6.- Martínez Bullé-Goyri, V. (2013). REFLEXIONES SOBRE LA DIGNIDAD HUMANA EN LA ACTUALIDAD. Boletín Mexicano de Derecho Comparado, XLVI (136), 39-67.
7.- Rachels, J. (2006). Introducción a la filosofía moral, México, 2006, 1-352
8.- Yepes, R. (1997). Fundamentos de Antropología. Pamplona: EUNSA, pp. 211 - 224.
9.- Cortina, A. (1996). Ética. La vida moral y la reflexión ética. Santillana, Madrid


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Salario Equitativo: la triste realidad de la injusticia salarial por género en México - David Pérez


David Alberto Pérez Ledezma
A01113344
Salario Equitativo: la triste realidad de la injusticia salarial por género en México

Dentro del mundo laboral se han logrado increíbles cosas con respecto a la igualdad de oportunidades y derechos para todos; sin importar el sexo, religión, color de piel o preferencia sexual al momento de ofertar vacantes. Sin embargo, en México aún se vive una situación de desigualdad muy grave, donde los salarios tienden a ser diferentes entre hombres y mujeres, por lo general favoreciendo al genero masculino. Esta brecha salarial es algo que a nivel mundial se está eliminando y México se ha ido rezagando. Precursor o causante de esto es el techo de cristal, el cual es fruto de la mentalidad machista y la educación tradicional que se viven en nuestro país, más adelante entraré más a detalle en este concepto. En este trabajo intentaré presentar argumentos que convenzan al lector de la existencia y gravedad del problema de la brecha salarial para que este busque ser parte de la solución.

Las mujeres en México son capaces de aportar lo mismo que aportan los hombres a la economía, por lo que deben de ser recompensadas de la misma manera. Para sustentar esto, primero aclararé la injusta situación actual que se vive en tema de salario desigual y la situación del “techo de cristal”, después explicare los principios e implicaciones del trabajo digno y cómo esto se liga con los derechos humanos y por último echaremos un vistazo a la falta de conciencia de los líderes y empleadores mexicanos y cómo puede afectar económicamente. Hay mas de 20 millones de mexicanas económicamente activas y sus aportaciones son igual de importantes que las de cualquiera por lo que es justo que se les remunere de la misma manera.

PALABRAS CLAVE: Igualdad, justicia, trabajo decente, felicidad, dignidad, bienestar imparcial, oportunidades, mujeres, cultura.

Para comprender esta problemática es necesario conocer el concepto de justicia, que según Hans Kelsen “es el principio moral que inclina a obrar y juzgar respetando la verdad y dando a cada uno lo que le corresponde” (Kensel, 1962, 1). Sin embargo, en México se practica algo contrario en el sector laboral; se ha vuelto común por parte de los empleadores designar un salario menor al merecido para las mujeres y uno más alto para los hombres aún cuando desempeñen la misma labor. La discriminación salarial hacia las mujeres en México es algo real y evidente. En los últimos años la lucha por la igualdad de oportunidades ha sido ardua y constante, y poco a poco ha ido dejando frutos. Sin embargo nos damos cuenta de que aún hay un camino largo por recorrer cuando vemos que, aunque la oportunidad laboral esté creciendo, en el 2017 el IMSS registró $352.57 pesos como sueldo promedio para un hombre y $308.82 pesos para las mujeres (14% de diferencia) (Martínez, 2018, 3). Esta desigualdad se ve reflejada en su dificultad para acceder a puestos de poder debido al fenómeno del “techo de cristal”, basado en prejuicios hacia las mujeres que les dificulta y/o impide llegar a la cima. Las mujeres deben hacer frente a un mayor número de barreras que los hombres en el mercado de trabajo, especialmente cuando se trata del acceso a puestos de mayor responsabilidad. A pesar de que la participación de las mujeres en el mercado laboral generalmente fomenta la honestidad, esto es debido a cuestiones históricas ya que culturalmente al hombre le cuesta más trabajo intentar sobornar o corromper a una mujer (Camarena, Saavedra, 2018, 6).

La brecha salarial entre hombres y mujeres no es un problema de igualdad solamente, es un tema de dignidad y derechos humanos. “Un argumento de los derechos humanos laborales reside en el valor intrínseco que poseen los seres humanos —la dignidad—, que nos ennoblece a la condición de personas —o sujetos de derechos—(Canessa, 2009, 5)”. Como país, deberíamos de sentir la obligación moral de perseguir el respeto de la dignidad para todos ya que nosotros pertenecemos dentro del “todos”; sin embargo hemos permitido que a las mujeres se les violenten sus derechos y su dignidad, cosa que como mexicanos deberíamos de proteger universalmente sin importar el género. “[…]probablemente una de las razones de esta diferenciación se deba a que las habilidades adquiridas por medio de la educación formal no son valoradas en la misma magnitud entre hombres y mujeres. Así, a las mujeres el hecho de contar con más años de escolaridad no les implica una ventaja, pues los hombres perciben mayores ingresos. Además de estar directamente relacionadas las percepciones de los ingresos con los años de educación formal y género, hay otros factores que guardan relación con los ingresos, entre ellos la edad y el estado civil. (Mendoza, García, 2009, 7)”.

En la búsqueda de la igualdad de derechos se ha peleado por muchas cosas, en este caso se persigue salario igualitario y digno; y un concepto en el podernos guiarnos es en el de trabajo decente. “La idea de trabajo decente incluye la existencia de empleos suficientes, la remuneración, la seguridad en el trabajo y las condiciones laborales salubres. La seguridad social y la seguridad de ingresos también son elementos esenciales, aun cuando dependan de la capacidad y del nivel de desarrollo de cada sociedad” (Montoya, Méndez, Boyero, 2017, 21); todo esto para que el trabajador tenga un desarrollo laboral íntegro. Este concepto debería de ser uno que se le aplique a toda persona que forme parte de la fuerza laboral de un país, pero en México las mujeres sufren de no recibir todas estas condiciones por parte de sus empleadores, sobre todo en la parte salarial. Lo que provoca no solamente un rezago económico si no una lucha cultural que atrasa al país de innumerables formas.

La búsqueda del bienestar imparcial ha hecho mucha falta en ámbito laboral mexicano, sobre todo en personas que están en una posición de poder o con gente a su cargo, muchos empleadores han otorgado menores oportunidades y beneficios para las mujeres de manera deliberada. El utilitarismo es una filosofía de Bentham y Stuart Mill que busca basar las acciones por su utilidad, en cuestiones éticas lo podemos ver como el mayor beneficio para el mayor número de personas y es esto a lo que llamamos bienestar imparcial (Moya, 2004, 49).  Considero que entender esto es parte clave de la solución del problema. Cualquier mujer que desarrolle un trabajo debe de ser remunerada de la misma manera que un hombre, pues ambas son personas esperando la recompensa por una labor. Cuando digo que la ideología utilitarista puede formar parte de la solución, quiere decir que los empleadores en México tienden a favorecer su orgullo o mentalidad sin si quiera intentar argumentar éticamente lo que hacen. Si comenzaran a buscar el bienestar imparcial de manera general en sus negocios, esta problemática disminuyera mucho; buscara otorgar la oportunidad a la persona que más la merece por que es lo que le conviene a la empresa e igualara los salarios de manera justa porque es lo que llevaría a empleados más felices y un mejor ambiente laboral, de esa manera todos ganaran.

En México se vive una cultura machista, los principales líderes siguen siendo hombres, falta representación femenina en el gobierno, existe mucho acoso y abuso hacia las mujeres y no hemos sido capaces de adoptar sinceramente el concepto de igualdad de género que en otros lugares es perfectamente respetado. Esta cultura es la que ha permitido que el problema de la brecha salarial haya llegado a este punto, pues además del salario se le suelen negar a las mujeres los beneficios y las condiciones necesarias que un trabajo debe de llevar. En México, a una mujer no se le garantiza tan fácilmente la maternidad con goce de sueldo, a veces incluso no se les garantiza el puesto de regreso en caso de embarazo. Esto es gravísimo pues obliga a muchas mujeres a trabajar en condiciones de dificultad simplemente por no ser hombre, cuando se postula que todos los miembros de nuestra especie deben de ser considerados iguales. Estas condiciones atentan en contra de la felicidad de la mayoría las mujeres trabajadoras, Harold Gamero define la felicidad como “el estado emocional de una persona feliz; es la sensación de bienestar y realización que experimentamos cuando alcanzamos nuestras metas, deseos y propósitos.” (Gamero, 2013, 95). Claramente se ve que la situación descrita no va a acorde a esta definición.

Hablar de equidad de género implica tantas cosas que es imposible nombrarlas todas. Una muy importante es de la que se ha hablado hoy, la igualdad laboral y salarial. Se ha visto aquí lo que viven las mujeres en México, por lo que luchan, algunas causas de la problemática y con ellas algunas soluciones. El desarrollo de todo esto se puede resumir en un llamado a la acción, donde todas las personas que formen parte de la fuerza laboral mexicana reconozcan el problema y busquen aportar algo a la solución, sea cual sea la posición en la que se encuentren, muchas veces un solo comentario puede ser de ayuda.

Las mujeres en México son acreedoras a los mismos derechos que los hombres y son capaces de aportar lo mismo, por lo que resulta increíble que se le discrimine a una fuerza laboral tan capaz y necesaria en el país. Si queremos crecer como nación debemos de comprender que la sociedad no se divide en hombres y mujeres, si no que se conforma de partes distintas pero igual de importantes en donde la dignidad de cada una de las partes debe de ser respetada, dejando por un lado la cultura machista a la que estamos tan arraigados. Esto nos va a volver un país más productivo económicamente y más armonioso socialmente.

















Bibliografía

REFERENCIAS BÁSICAS
-               Canessa Montejo, M. (2009). Los derechos humanos laborales en el Derecho internacional. Derecho PUCP, (63), 349-373. Recuperado de https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=533656152016

-               Mendoza Cota, J., & García Bermúdez, K. (2009). Discriminación salarial por género en México. Problemas Del Desarrollo. Revista Latinoamericana De Economía, 40(156), 77-99. Recuperado de https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=11820096006


-               Miller Moya, L. (2004). Participación laboral femenina y Estados de bienestar. Reis, (108), 49. Recuperado de https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=99717669002

-               Montoya Agudelo, C., Méndez Cruz, J., & Boyero Saavedra, M. (2017). TRABAJO DIGNO Y DECENTE: UNA MIRADA DESDE LA OIT PARA LA GENERACIÓN DE INDICADORES PARA LAS PYME MEXICANAS. Revista Científica "Visión De Futuro", 21(2), 84-106. Recuperado de https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=357955446003


-               Valdivia López, M., & Pedrero Nieto, M. (2011). Segmentación laboral, educación y desigualdad salarial en México. Revista Mexicana De Sociología, 73(1), 139-175. Recuperado de https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=32118437005

-               Gamero Maldonado, H. (2013). La Satisfacción Laboral como Dimensión de la Felicidad. Ciencia & Trabajo, 15(47), 94-102. doi: 10.4067/s0718-24492013000200010. Retrieved from https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?pid=S0718-24492013000200010&script=sci_arttext


-               Camarena Adame, M., & Saavedra Garcia, M. (2018). El techo de cristal en México. La Ventana. Revista De Estudios De Género, 5(47), 4-12. Retrieved from http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1405-94362018000100312


REFERENCIAS COMPLEMENTARIAS
-               Brecha salarial de género vía OCDE - Instituto Mexicano para la Competitividad A.C. (2019). Recuperado de https://imco.org.mx/banner_es/brecha-salarial-de-genero-via-ocde/

-               Diferencia salarial de género. (2019). Recuperado de https://es.wikipedia.org/wiki/Diferencia_salarial_de_g%C3%A9nero

-               Gender - OECD. (2019). Recuperado de http://www.oecd.org/gender/

-               SEGOB. (2019). Brecha salarial de género en México [Ebook] (pp. 1-24). CDMX. Recuperado de http://cedoc.inmujeres.gob.mx/documentos_download/101271.pdf

-               Martínez Vargas 08 de marzo de 2018, T. (2018). Mujeres van por el mercado laboral en 2018. Retrieved from https://www.eleconomista.com.mx/empresas/Mujeres-van-por-el-mercado-laboral-en-2018-20180308-0054.html

-               Kelsen, H. (1964). La justicia [PDF] (1st ed., pp. 1-10). Austria.



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Una Ciudad Humana_Jessica Morales Escamilla.


Si se quiere entender la realidad ética de la ciudad actual, sus problemas, sus métodos e instrumentos de planificación, no se puede escapar de confrontarse con su desarrollo histórico.
Uno de los cambios más importantes de la visión de la ciudad es a partir de la primera revolución industrial, es decir, a partir del primer cuarto del siglo XIX. El violento crecimiento demográfico, facilitado por los avances en la productividad agrícola y la higiene, hizo crecer las ciudades. Simultáneamente con estos cambios de la población se desarrollaron los medios técnicos para la transformación del medio ambiente. Pero, al mismo tiempo, el Estado se retiró cada vez más de ejercer influencia sobre estos acontecimientos. El liberalismo de Adam Smith basado en la tesis de la "mano invisible", en la cual "los egoísmos individuales" conducirían, por último, al ascenso del bienestar común, le dejaba al Estado sólo la tarea de la defensa ante el peligro.
Característica de esta idea básica, es la ley general estatal prusiana en 1794 en la que se afirma: que por regla general "cada propietario está facultado, para ocupar sus terrenos con edificios y también para transformar sus edificaciones" (Fernández,1989). Pero a esta libertad en la construcción sigue una restricción, según la cual, para "que los cambios no afecten el bien común, a la estética urbana y los espacios públicos, no se deben realizar construcciones ni transformaciones" (Fernández, 1989).
Es evidente, que esta formulación se puede prestar para todo tipo de interpretaciones, lo que individualmente puede conducir a daños, inseguridad y transformación, y que no es tan simple de ser normada. Bajo estas interpretaciones los métodos de diseño eran los siguientes: por un lado, la idea de formar la calidad de los edificios (estructura, accesibilidad) la higiene y técnica de calles y de la infraestructura en general (agua, luz, gas, alcantarillado). Por otro lado, el aporte del arquitecto que quería vencer, superar la fealdad, el desorden, la falta de espíritu de la ciudad industrial, mediante la belleza y la armonía de las nuevas construcciones. Sin embargo, el constante cambio de la sociedad y de las nuevas ideas no permitió que estas premisas de diseño formaran una ciudad homogénea y funcional, lo que provocó todo un elenco de problemas enraizados en consideraciones éticas y políticas, tales como la recalificación de suelos, el diseño de los impactos ambientales o la suspensión y modificación de planes.
Palabras clave: desigualdad, dignidad, felicidad, urbanismo, diseño urbano, ciudad, bienestar, calidad de vida.
De igual manera todos estos cambios llevaron al crecimiento de la mancha urbana. Este crecimiento en extensión de la ciudad compacta se había podido controlar hasta entonces, a través de la incorporación de esas nuevas áreas al límite urbano, pero en el momento en que la extensión de algunas áreas significó el encuentro de varias ciudades, aparecieron, como es obvio, nuevos problemas, tales como la descentralización y las comunas que no tienen una clara definición o límite de la vida urbana afectando la dignidad en la calidad de vida de las personas. Entendiendo la dignidad como la autonomía moral de una persona, es decir, la capacidad de realizar tareas y actividades de una manera independiente. Según Kant, si se lesiona la dignidad del otro afecto también la dignidad en mi propia persona. El respeto a la dignidad debe ser absoluto e incondicionado. (Michelini, 2010). Si los usos urbanos de la ciudad no están diseñados para satisfacer a todos sus habitantes de manera equitativa y en su lugar se continúa diseñando una ciudad fracturada y con grandes extensiones de calles por las que no se puede caminar, se priva a más de la mitad de la población de muchos servicios básicos.
El nuevo siglo trae consigo una serie de renovados y nuevos impulsos de desarrollo urbano. Las grandes ciudades rigen en este momento como el camino para obtener un verdadero desarrollo de una cultura social. Sin embargo, la gran ciudad también está en el centro de la crítica, debido a las problemáticas sociales y ambientales que el crecimiento de la mancha urbana ha generado. Si se prolonga el desarrollo de las últimas décadas al futuro, no se le puede dar ninguna posibilidad de sostenibilidad a la ciudad. Delante de nosotros está el fantasma construido que se extiende por muchos km2, cubierta por un lado con masas de hormigón fuera de escala, por otro lado, a través de una construcción absolutamente monótona que devora parte del paisaje, de autopistas, de cruces, de pasos bajo y sobre nivel, de gases provenientes de los automóviles y de las industrias.
Nos encontramos ante una situación nueva respecto al desarrollo de nuestro medio ambiente. Nueva, en el sentido de tener profundas diferencias por un cambio cualitativo en relación con otras etapas de desarrollo. Si uno decide explorar estos aspectos en forma individual, aparece a primera vista, una transformación física fundamental de la ciudad: el automóvil, que ha significado desbordar por mucho los antiguos límites administrativos. Ya no es el área de influencia de los medios de transporte masivo la que caracteriza este crecimiento, sino la libertad de movimiento del transporte individual.
Este crecimiento en extensión, no se debe sólo al aumento de la población en la ciudad, fenómeno tan común en los países del Tercer Mundo, sino que también a una disminución de la población en las ciudades y regiones metropolitanas del mundo desarrollado, pero cuyas periferias han seguido creciendo. Se trata también de un aspecto cualitativo, cual es el aumento de la superficie edificada por habitante. Los motivos de este aumento son multidimensionales. Por un lado, ha aumentado la superficie de las edificaciones nuevas en forma bastante considerable y al mismo tiempo, la densidad en la ocupación de estas viviendas por sus habitantes ha disminuido, generando una desigualdad entre la sociedad. Por lo general el termino desigualdad es definido por una combinación de indicadores económicos referidos a los ingresos y la riqueza. Sin embargo, es inseparable de diferencias sociales de otro tipo, una interdependencia que es particularmente evidente en el suministro de vivienda. Más que una mera tipología edificatoria o un sector del mercado, la vivienda es un acto arquitectónico primario.
Entendemos desigualdad como el acceso cada vez más diferenciado a las oportunidades, al ingreso y consumo, a los espacios y servicios públicos, a la educación y tecnología, al empleo, entre otros factores. En los últimos años esto ha pasado a ser la norma, no la excepción por lo que se ha convertido en una preocupación universal.
En las últimas décadas se ha trasladado el peso de la actividad laboral del área industrial-artesanal, al así llamado "sector terciario", es decir, áreas de la administración, distribución y comunicaciones. Lo que los sociólogos han llamado del blue-collar al white-collar. Esto es importante para el tema, porque el sector terciario ejerce una fuerte presión sobre el centro de la ciudad, por el emplazamiento privilegiado. Por supuesto que a través de esto son desplazados otros usos, que no pueden concurrir económicamente. En esto, radica uno de los principales motivos del por qué ha disminuido la actividad residencial en los centros de las ciudades, que ha significado, en muchos casos, el despoblamiento del centro urbano.
“La desigualdad, más allá de cierto nivel tolerable, lesiona los principios básicos de integración social, en cualquiera de las dos principales corrientes de pensamiento (la individual-contractual y la comunitarista-solidaria) que explican por qué los seres humanos preferimos vivir juntos, en sociedad o en comunidad. Por esta razón la desigualdad debería ser considerada un problema social fundamental.” (ONU Habitat, 2014, 22)
El diseño urbano interviene directamente en la felicidad de las personas. “La felicidad o autorrealización exige la plenitud del desarrollo de todas las dimensiones humanas, es decir, contar con las condiciones materiales para alcanzar un bienestar” (Yepes, 214) Desde la ubicación del equipamiento de manera estratégica para que satisfaga a la mayoría de las personas, o la ubicación de las áreas de industria para que las personas tengan las mismas oportunidades, hasta que las personas cuenten con espacios verdes y abiertos para la recreación. El espacio público y las calles son el mayor punto de encuentro de las personas, por lo que se vuelve el punto más importante para la creación de comunidad. Si la ciudad es el punto de encuentro de las personas por excelencia, la ciudad es el espacio público peatonal. Los humanos no pueden interactuar en el espacio de los automotores, ni en los espacios privados que no les pertenecen. La cantidad y la calidad del espacio público peatonal determinan la calidad urbanística de una ciudad, es decir la calidad de vida de las personas.
Una forma de mejorar la calidad de vida de las personas es incluir la salud física y psíquica, el cuidado del cuerpo y de la mente, y la armonía del alma por lo que promover la capacidad de caminar como una medida clave para llevar a las personas al espacio público, reduce la congestión e impulsa la economía local y las interacciones. Una vida en la calle vibrante anima a la gente a caminar o andar en bicicleta, mientras que una red racional de calles permite que la ciudad tenga los servicios administrativos necesarios. Si se ofrece poca distancia a pie o en bicicleta se garantiza seguridad, alta densidad, uso mixto del suelo y una mezcla social. Además de proximidad al trabajo, hogar y servicios posibles. Las calles transitables ayudan a reducir la dependencia del automóvil y, por lo tanto, a aliviar problemas de congestión, contaminación del aire y agotamiento de recursos. Los peatones añaden una increíble cantidad de vitalidad para la vida de la ciudad. (ONU-Habitat, 2014, 2)
Debido al desarrollo de la sociedad parece ser que sólo la gran ciudad, la región urbana con sus varios miles o millones de habitantes, cumple con las condiciones para agotar el potencial de producción que es necesario para asegurar la base económica. La planificación debería estar orientada de tal manera de mantener elementos de identidad en su definición hacia afuera, en su estructura y en su apariencia. En lo que respecta al diseño, esta estructura debería desarrollar un paisaje urbano mucho más variado y diferenciado, en el cual se pudieran representar los espacios de vida humana en sus distintas escalas. La relación con las áreas verdes debería estar orientada, no tanto a la higiene, sino que a los aspectos síquicos; las impresiones espaciales deberían ser multiformes, variadas y de acuerdo con las posibilidades con características individuales.
Para entender la ciudad contemporánea y que el planificador urbano pueda diseñar una ciudad para todos es necesario caminar las calles y compartir con la gente, poner en común experiencias, colectivamente saberes y reconocer que no sólo las instituciones, sino todos, ciudadanas, ciudadanos, organizaciones y grupos más o menos mayoritarios, construimos la ciudad. Los problemas presentes y acumulados deben enfrentarse con nuevas metodologías de análisis. El mejoramiento urbano debe ser reconceptualizado sirviendo a la construcción de un modelo de ciudad más justa social y espacialmente. “Hasta ahora, las medidas adoptadas han generado beneficios que a menudo han resultado inasequibles para los habitantes, de modo que, en lugar de constituir una solución, han provocado su expulsión y han multiplicado sus problemas. Se debe apoyar a los habitantes de más bajos ingresos y construir en condiciones de igualdad, espacios para su vida y para el ejercicio pleno de sus derechos” (UNC, 2012, 2).
Con toda seguridad habrá que tratar de prevenir la expansión de los grandes centros urbanos, si uno quiere evitar desarrollos económicos errados. “Los procesos de mejoramiento no pueden ser pensados como asistencialistas ni como coyunturales, no deben guiarse por intereses inmobiliarios, no deben constituir acciones finalistas sino procesuales. La prioridad política no debe ser la intervención aislada sobre barrios sino la estructuración de una perspectiva de acción global de reequilibrio y desarrollo social y urbano” (UNC, 2012, 2). Buscar una nueva dirección para el diseño, no sólo sobre los aspectos materiales y funcionales, sino también de la vida urbana. Con ella se espera, no eliminar, pero mejorar el despoblamiento de la ciudad y proporcionarle a esta multifacética vida urbana un nuevo espacio.
El crecimiento descontrolado de la mancha urbana ha afectado directamente la dignidad y calidad de vida de las personas, debido a que la ciudad ha crecido sin orden alguno. A pesar de que a lo largo de la historia se han generado planes de diseño urbano, estos planes, aunque en su tiempo resolvieron algunos problemas con el paso del tiempo más que resolver, han generado más problemáticas como la desigualdad. La desigualdad se manifiesta debido a que una persona no es capaz de realizar sus actividades con autonomía, esto se ve fracturado en el sentido de que, si las necesidades básicas de una persona no están a una distancia caminable, no las puede realizar con completa autonomía. Además, una ciudad diseñada para el automóvil es una ciudad gris, llena de grandes planchas de concreto y altos edificios de hormigón, esto afecta directamente a la salud de las personas, no solo física pero mentalmente también. Si las personas no se pueden desarrollar con autonomía, tanto física, mental y económicamente se ve afectada su felicidad. Es por eso que al diseñar la ciudad se debe pensar en la escala humana, una ciudad caminable, visible, verde, equitativa, en la que se pueda desarrollar y crecer, diseñar una ciudad más humana.















Referencias:
1.- Asistentes al II Seminario Internacional de Procesos Urbanos informales. Septiembre, 2012. Extraído de: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=74830874001, Colombia, Bogotá. Universidad Nacional de Colombia.
2.- Fernández, Manuel. (1989). La ética y el urbanismo. Chile. Cuadernos de la Universidad de Chile No. 8 pp.103-139
3.- Gehl Jan. (2004). La Humanización del espacio urbano. Barcelona, España. Editorial Reverté.
4.- Reinhold M, Moore J, Schindler S. Agosto,2016. Definiendo la desigualdad. Extraído de: https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0717-69962016000200005
5.- Michelini D. Junio, 2010. Dignidad humana en Kant y Habermas. Extraído de: http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1851-94902010000100003
7.- ONU-Habitat. 2014. A new strategy of sustainable neighbourhood planning: Five Principles. Nairobi. ONU-Habitat.
8.- ONU Habitat, 2014, Construcción de ciudades más equitativas. Colombia, ONU Habitat.
9.- Fernandez M. 1989. Cuadernos de la Universidad de Chile. La Ética en el Urbanismo. Extraído de: https://web.uchile.cl/vignette/revistaurbanismo/n1/6.html

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