jueves, 9 de mayo de 2013


La Muerte que no fue Instantánea
Fredele Sentíes Lozano
A00343822

          Son los instantes los que nos definen; como un abanico de sentimientos y experiencias plasmados en un momento. La vida en sí es tan sólo un instante que para muchos pasa cuando menos se dan cuenta. La conciencia de nuestra mortalidad hace de este momento algo efímero, frágil e incierto. Se dice que es imposible conocer el cuándo y el por qué de nuestra muerte, sin embargo hay quienes deciden cambiar esta incertidumbre y convertirla en una decisión; ellos son los suicidas. En mi vida conocí varios suicidas. Hubo uno en específico que me marcó y es inspiración para la redacción del presente ensayo. 

          Identificar a un suicida no es cosa fácil. Por lo general existen dos tipos: quienes expresan su deseo mortal y quienes prefieren mantenerlo en secreto. La persona a la que haré referencia decidió quedarse callado. Lo que él pensó que sería el fin de su vida sucedió el cinco de noviembre del año 2010. El día transcurría como cualquier otro, alumnos en clase, profesores calificando. El estruendo se escuchó durante el receso. Prácticamente nadie pudo identificar el sonido de una pistola detonando; no pasó mucho tiempo para darnos cuenta de lo que sucedía, el olor era muy penetrante y como testigo presencial vi cómo fue sacado del salón en una camilla cubierto de sangre de la que pensé que no volvería a levantarse. Fue una mañana trágica a lo largo del día esperamos en el hospital el anuncio de una muerte que nunca llegó. Resulta increíble el daño que unas cuantas milésimas de segundo pueden causarle a tantas vidas. Fuimos afectados alumnos, maestros, padres de familia, sin contar la devastadora circunstancia por la que se encontraba atravezando su familia. Su estadía en este mundo se ha prolongado hasta la fecha; esfuerzos increíbles por salvar su vida han sido cosa de todos los días: más de treinta cirugías, meses de rehabilitación, altas y bajas, momentos de gran esperanza hasta llegar a la realidad. Actualmente no puede moverse ni hablar, reacciona ante estímulos y reconoce a las personas, pero no puede expresar pensamientos. Entramos en un dilema ético por el hecho de que estas condiciones de vida atentan contra su dignidad como persona, su estadía en el mundo se ha prolongado hasta hoy. Sin embargo, es inevitable cuestionarnos si es lo más adecuado para él y su familia dadas sus condiciones médicas.

          Después de experiencias fuertes la perspectiva cambia, en mi caso despertó muchas dudas, desde el típico ¿Por qué? hasta pensar que quizá fue una buena decisión en su caso. La pregunta en la que me baso para escribir este ensayo está muy relacionada con este último planteamiento, ¿Es correcto decidir el momento y las condiciones en las que culminaremos con nuestra vida?

     Suicidas han habido a lo largo de la historia, desde los famosos hasta los que pasaron desapercibidos. En las guerras muchos se suicidaron con honor atacando al enemigo. Hay otro tipo de esquema para terminar con la vida de forma humanitaria al cual se le conoce como eutanasia.

          Para poder hablar de eutanasia, debemos primero comprender lo que significa el concepto, lo que abarca y la legislación en el país. De acuerdo con la Real Academia Española, la eutanasia es el “acortamiento voluntario de la vida de quien sufre una enfermedad incurable, para poner fin a sus sufrimientos” (RAE). 

          Cabe aclarar que existen dos tipos de eutanasia, la activa o directa y la pasiva o indirecta. El primer caso es cuando se aplican métodos específicos para lograr la muerte de una persona para no prolongar su sufrimiento. El segundo, es cuando se deja de aplicar algún tratamiento determinado y esto permite que la vida termine de manera natural. Existe también la no voluntaria que, de acuerdo con Singer, es “la aplicación de la eutanasia en aquellos seres incapaces de dar su consentimiento, como lo serían los infantes incurables o con malformaciones, o adultos, que ya sea por su enfermedad, accidente o edad, hayan perdido la aptitud de comprender acerca de su estado y de su futuro”. (citado por Kraus, 1996). 

          A partir del 2008, se modificó la ley en México para que la eutanasia pasiva pudiera tener lugar; “el objetivo es que los pacientes terminales tengan derecho a pedir la suspensión de su tratamiento” indicó el presidente de la comisión de Salud de dicho año, Ernesto Saro Boardman. De esta forma los enfermos tienen la oportunidad de morir junto a sus familias y en la comodidad de sus casas. 

          ¿Qué opina la ética al respecto?

          La ética no es una ciencia exacta, no tiene verdades absolutas, por lo que se basa en teorías. Cada una tiene su punto de vista respecto a la eutanasia, algunas a favor y otras en contra. Dados los conceptos generales que las teorías éticas tienen sobre la vida en general, son pocas las que favorecen la idea de la eutanasia como una decisión válida y adecuada; el utilitarismo es una de ellas.

          Según el utilitarismo “la moral no es cuestión de complacer a Dios, ni es cuestión de fidelidad a reglas abstractas. La moral es simplemente el intento de producir tanta felicidad en este mundo como sea posible”. (Rachels, pp.151). De acuerdo con esta teoría, tenemos que decidir nuestras acciones basándonos en cuál traiga las mejores consecuencias globales para los involucrados. Siguiendo este principio, la eutanasia sería posible y debería aplicarse en casos que el sufrimiento exceda la felicidad de manera considerable.

          De acuerdo con Stuart Mill, uno de los principales exponentes de esta teoría, “el respeto por la libertad individual es parte de un principio escencial y tiene un valor intrínseco” (citado por Iracheta, 2011. p. 32). Las decisiones en sí tienen un valor, por tanto si la decisión en cuestión es la muerte, se debe respetar aunque no se comprenda el por qué. 

          Arnoldo Kraus escribe en su artículo Suicidio: notas y alegatos para la revista Letras Libres sobre las implicaciones filosóficas del suicidio. En dicho texto, cita a varios autores con respecto al suicidio y se enfoca en la cuestión de la autonomía. Esta “se refiere a la libertad del individuo para ejercer alguna acción de acuerdo a su forma de pensar” (Kraus, 2011), consta de dos componentes: la capacidad de distinguir alternativas y la capacidad de realizar la acción. Para que una persona pueda ejercer de manera adecuada su autonomía, las acciones deben estar previamente razonadas y de preferencia no afectar a terceros. Un suicida está practicando su autonomía al momento de decidir que la muerte es el mejor camino para él. 

          Por otro lado, está la moral bíblica. Esta es un tanto más conservadora y no acepta la práctica de la eutanasia, debido a que los principios empleados están dictados por mandamientos divinos y dogmas de fé. Desde esta perspectiva, la dignidad humana  es obtenida por todas las personas ya que los hombres están hechos a imagen y semejanza de Dios. “No quieras ser demasiado justo ni demasiado sabio; ¿para qué quieres destruirte? No hagas mucho mal ni seas insensato; ¿por qué has de querer morir antes de tiempo? Bien te estará esto sin dejar aquello, que el que teme a Dios saldrá con todo.” (Eclesiastés 7:16-18). Por lo tanto cada vida humana es sagrada y terminar con ella es considerado un pecado.

          Otra teoría ética importante que cabe mencionar en este ensayo es la teoría kantiana. Kraus en su artículo habla sobre la postura de Kant ante el suicidio, “su manifiesto a favor de la dignidad del ser humano es el core de su argumento: la dignidad suprema de la persona representa un fin en sí y es fuente y razón de sus actos morales [...] el suicidio atenta contra la dignidad del ser humano; Kant agrega que los individuos están obligados a preservar sus vidas.” (Kraus, 2011). De acuerdo con la teoría, para tomar una decisión correcta es necesario pensar en nuestra acción como si fuera una ley universal, de igual manera nos habla de la dignidad humana como valor intrínseco. Tomando en cuenta ambos conceptos, nos damos cuenta que la teoría kantiana no está  a favor de la eutanasia ya que al momento de aplicarla entra en conflicto, la convertiríamos en ley universal y atentaría contra el principio de la vida. Por lo tanto, se anula a sí misma.

          Retomando el caso de mi amigo, personalmente desconozco los motivos que lo incitaron a quitarse la vida, pero para él eran suficientes. Unos cuantos días antes escribió un análisis filosófico referente al significado de la vida, aquí presento un fragmento de éste: 

“Sobre el sentido de la vida, vuelvo a apoyar la teoría de los existencialistas (Camus, Nietzsche y Sartre), la vida carece de un sentido. No me impresiona esta teoría simplemente porque, irónicamente, es la única que tiene “sentido” (jaja). ¡Pero qué afán de buscarle sentido a todo! ¿Es tan inseguro de sí mismo el ser humano que necesita explicarse todo? Qué miserables somos. No es necesario encontrar un sentido, es absurdo pensar que lo hay. Los que aseguran que lo hay y hasta aseguran haberlo encontrado no se dan cuenta que sólo están haciendo uso de su libertad para guiar su vida pero son sólo sus decisiones, no es ningún sentido divino mucho menos.”

          Al leerlo, nos damos cuenta de su postura con respecto a la vida; más específicamente, en cuanto al sentido de ella misma. ¿Puede esta ser la razón por la que decidió terminar con algo carente de significado? Asumir no lleva a nada concreto, la cuestión aquí es definir si tenemos el derecho a terminar de manera voluntaria con nuestras vidas; dado que vivimos en una sociedad.

          Por ley y por consenso general, sabemos que es incorrecto, pero tomando en cuenta las teorías éticas que se analizaron, puede o no ser adecuado por razones que van más allá del “no está bien”. Cada teoría impacta de distinta manera la dignidad humana por el simple hecho de que cada una tiene concepciones distintas de esta. El utilitarismo nos habla sobre la felicidad como fin, por lo que la dignidad se basará en ello. Kant, por otro lado, nos expone un concepto específico, nos dice que nacemos dignos, por ende el terminar con la vida implica terminar con la dignidad. Desde un punto de vista religioso, la vida es un regalo de Dios, es sagrada y ponerle fin es desobedecer a Dios.

          En sí, cada persona es libre de decidir si el acelerar el fin de una vida es correcto o incorrecto dependiendo de la situación, convicciones propias, entorno social, etc. En este escrito intento comparar el suicidio con la eutanasia ya que su única diferencia es que una involucra la ayuda de alguien más para llegar a la muerte (sin que se considere asesinato). 

          Respecto a mi pregunta inicial, no pude encontrar una respuesta concreta; quizá por el hecho de que la mente no siempre es concreta. Cada cabeza es un mundo. El suicido tal cual, es una situación muy delicada y personal. Dependiendo del enfoque ético que se le dé, será qué tan correcto o incorrecto sea. Puede darse por cobardía, un ego excesivo, falta de motivos para vivir o simplemente por no tener un modelo ético que seguir. Personalmente, no llevaría a cabo un acto suicida. De cualquier forma, puedo entender los motivos y razones subyacentes a los deseos mortales. La vida es un instante, radica en cada uno de nosotros disfrutarla por el tiempo que nos esté dada, o ponerle fin bajo alguna premisa que puede ser única para cada individuo. 

          Profundamente deseo que si su vida está causando tanto sufrimiento a él y a los que lo queremos, tenga un fin más digno que el esperar el inefable deterioro del cuerpo.


Bibliografía

Franco Zuluaga, A. (2001). Ética y Conductas Suicidas. Revista Colombiana de Psiquiatría. 30(4), 369-382. Recuperado de http://www.redalyc.org/src/inicio/ ArtPdfRed.jsp?iCve=80630404&iCveNum=0

Iracheta Fernández, F. (2011). Sobre Dignidad y Eutanasia Voluntaria: Tres Aproximaciones Morales (I Parte). Límite. 6(24), 29-42. Recuperado de http:// www.redalyc.org/src/inicio/ArtPdfRed.jsp?iCve=83622474003&iCveNum=0

Kraus, A. (2011). Letras Libres. Suicidio: notas y alegatos. 146(2). Recuperado de http:// www.letraslibres.com/revista/convivio/suicidio-notas-y-alegatos?page=full

Nacar Suster, E y Colunga Cueto, A. (2005). Sagrada Biblia versión directa de las lenguas originales. 56º impresión. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos.

Quevedo Caicedo, J. (1997). Eutanasia vs. el Derecho de Morir Feliz. Colombia Médica. 28(3), 160-162. Recuperado de http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/src/inicio/ ArtPdfRed.jsp?iCve=28328309

Real Academia Española Online. (2013). Eutanasia. Recuperado de: http:// lema.rae.es/ drae/?val=eutanasia

Rachels, J.(2009). Introducción a la filosofía moral. (2da ed). México: Fondo de Cultura Económica.

Sartre, JP. (1943). Being and Nothingness: a Phenomenal Essay on Ontology. (2005). New York: Washington Square Press.

Sempere, EM. (2000). El Derecho a una Vida Digna Hasta el Final: Suicidio y Eutanasia. Araucaria. 2(3), 1. Recuperado de http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/src/inicio/ ArtPdfRed.jsp?iCve=28220302
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¿Discriminación divina?



El sexismo o discriminación de género constituye el elemento distintivo de la dominación patriarcal, ya que fomenta la sumisión de las mujeres y la violencia contra ellas, justificándose mediante los recursos a la tradición. (Kung, 2002)

Mediante el siguiente ensayo pretendo hacer ver como la Iglesia desde sus inicios ha hecho distinción entre hombres y mujeres. Considero esto un problema ético ya que se está  atentando con nuestra dignidad humana al no darnos el mismo trato que a los hombres. Estas diferencias aun las podemos ver en la actualidad: no hay mujeres en grandes rangos de la iglesia; las monjas, hermanas y madres, no pueden confesar, oficiar una misa, etc. Estos son algunos de los problemas más usuales, sin embargo, esta problemática no es reciente, tiene un origen.

Desde aquellos tiempos cuando los cristianos eran perseguidos por el imperio romano, los romanos ya hacían distinción entre hombres y mujeres; el derecho romano estaba en función de los varones romanos y libres, por otro lado, a las mujeres, a los no romanos o a los esclavos los consideraban res que significa cosa en latín.

La situación de las mujeres romanas en esa época era realmente indigna; el infanticidio femenino provocó que el número de mujeres fuera muy reducido, 1 de cada 100 familias tenía más de una hija (J.Lindsay, 1968, pág.168). Además, no tenían educación y se casaban desde niñas, ni siquiera llegaban a la pubertad.

Sin embargo, Jesucristo dio un gran contraste en esta época, él dio un trato igualitario a hombres y mujeres, integrando a la mujer de una manera sorpresiva. Y era eso precisamente lo que atraía a las mujeres a la fe, porque por primera vez se les tratara con dignidad, simplemente igual a los hombres. Asimismo, el cristianismo tocaba temas como el infanticidio, condenándolo y considerándolo como moralmente nefasto. De igual manera, abordaba el tema del matrimonio, reprobando actos como el divorcio, el incesto, la infidelidad y la poligamia.
Simplemente para el cristianismo la igualdad en ambos sexos era normal.

Cesar Vidal (2004) reveló que la propagación del cristianismo en Roma se produjo mayormente por la conversión de las mujeres de todas las condiciones sociales.

Antes de morir Cristo dejó como Cabeza de la Iglesia a Pedro, (Mateo 16:13-20). Y con los apóstoles hombres y mujeres, la Iglesia continuó. Cabe mencionar que el número de fieles femeninas excedía el de los hombres. En un inventario en una Iglesia norteafricana de Cirta, se encontraron 16 túnicas de hombre y 82 de mujeres. (Vidal.C, 2000, pág.83).

El cristianismo hizo ver a las mujeres muchos derechos que les correspondían, es decir, las trató de una manera digna y justa, proporcionaba a la mujer acceso a la educación y a elegir con quién quería contraer matrimonio y en qué etapa de su vida e incluso, si llegaban a enviudar les daba la libertad de contraer matrimonio nuevamente si lo deseaban o permanecer así, lo cual era contrastante ya que en esa época una mujer romana viuda debía casarse en menos de dos años o eran sancionada (Vidal.C, 2000, pág.75-76).

Sin embargo, esto no duró mucho tiempo, entre los siglos II y IV d.C., la mujer fue discriminada nuevamente, ahora también por el cristianismo que alguna vez le había tratado con tanta justicia. Esto sucedió bajo el control del Emperador Constantino, la Iglesia Católica fue tomando la estructura política del Imperio Romano, y como se discutía anteriormente, el modelo del imperio romano tenía una forma bastante prepotente de tratar a las mujeres. En la naciente jerarquía de poder, las mujeres fueron excluidas, con consecuencias que pueden observarse en nuestra época; en la jerarquía eclesial: el más alto rango es el Papa, le anteceden los Cardenales, Patriarcas, Arzobispos, Obispos, Presbiterados, Diáconos. De los cuales las mujeres no ocupamos ningún lugar.

Sin embargo, a pesar del retorno de la discriminación a la mujer con la ausencia de Jesucristo, fue durante las cruzadas por la Tierra santa que las mujeres luchamos junto a los hombres por recuperar Jerusalén, la tierra donde Cristo creció y vivió la mayor parte de su vida, y no solo participaron, ellas tuvieron un papel primordial (Pernaud, 2000: XV). Pero no les fue reconocido, ya que los historiadores han ocultado este acto, lo cual evidentemente es desprestigiante para nuestro genero, ya que no se le dio valor a nuestra lucha solo por ser el sexo débil. Sin embargo existen casos que hacen respaldo a esta información testigos que levantan el nombre de las mujeres en las cruzadas ya sea política o socialmente en la época:

-       La condesa de Trípoli, Cecilia, ayudo a los canónigos permitiéndoles hornear sin costo.

-       El rey Balduino tuvo cuatro hijas, una de ellas, Melisenda quien es recordada como “reina de Jerusalén de alma fuerte y carácter templado…” (Pernaud, 2000, pág.45), a ella se le debe que se facilitaran las comunicaciones entre comunidades en tierra santa. Mando construir un claustro, un capitulo, una Iglesia, además obsequiaba diversas cosas.

El último caso en particular es curioso ya que Melisenda y sus hermanas tuvieron el privilegio de vivir por el status de su padre, pero en otras condiciones no habría sido así, y más aun, a Melisenda no se le habría presentado la oportunidad ni se le hubiera reconocido todo el bien que logro si no hubiera sido hija de un rey. Lamentablemente es así, sin embargo, Melisenda demuestra las capacidades de una mujer, no por ser hija de un rey, si no por ser quien es.

Mi inquietud y descontento, es que la Iglesia Católica en su origen tuvo una estructura justa, tenia valores, trataba a hombres y mujeres por igual, era el inicio de tiempos de oportunidades para las mujeres, sin embargo, el poder rescindió en manos equivocadas, y hoy la iglesia se encuentra en una crisis físicamente seria, la gente ya no cree en ella, se le acusa de mafia, pederastia, entre otras cosas.

Pienso que en el mundo por algo existimos hombre y mujer, seres diferentes que somos complementarios, la mujer, sensible, emocional, comprometida, protectora; y eso es precisamente lo que me hace pensar, ¿será ese el problema de la Iglesia? ¿Será que la iglesia necesita de mujeres para encontrar estabilidad?

Yo solo hago el llamado a un derecho, existen mujeres realmente capaces, tanto como los hombres, de ocupar puestos importantes en la iglesia y lo hemos demostrado, merecemos la oportunidad de realizarnos no solo como ciudadanas, no solo como esposas, profesionistas, madres, también existe el llamado a la vocación sacerdotal, y una aspiración a ascender, nadie tiene derecho de privarnos a responder a esa vocación, y no es que ser consagradas sea poca cosa, ellas tienen una labor primordial en la iglesia, pero las limitan a quedarse ahí, cuando hay quienes tienen el don del liderazgo y podrían hacer cosas impresionantes.

Me cuesta mucho hablar de las mujeres ocupando los más altos rangos de la jerarquía eclesial sin pensar en la Madre Teresa de Calcuta, mundialmente conocida por su bondad, su generosidad, ella es un ejemplo de una mujer que pudo ocupar un lugar importante en la iglesia, y seguramente habría hecho cosas inmensas.

Un ministro de Inglaterra dijo alguna vez “En cuanto se concede a la mujer la igualdad con el hombre, se vuelve superior a él” (Thatcher Margaret).

Este llamado no se trata de poder, de mi parte no hay una ambición por ser más que los hombres y hacerlos sentir inferiores, no existe un sentimiento de venganza, son simple ansias de igualdad.

Espero algún día la iglesia reflexione, responda a este llamado, y piense que ambos géneros debemos trabajar unidos para que esta institución tan importante encuentre la estabilidad y recupere su camino.           

Bibliografía

IRIGARAY, M, A. (2010). ¿Católico, apostólico y romano? Seminario diocesano de la iglesia en N              avarra.

KUNG, H. (2002). La mujer en el cristianismo. Madrid: Trotta.

LINDSAY, J. (1968).The accident World: Manners and Morals. Nueva York.

MARTINEZ, J, A. (2007). Estudio de la discriminación de la mujer en el catolicismo. Fundación Centro de Estudios Andaluces.

OCAMPO, A. (2009). Construcción y análisis de los paradigmas feministas. México: Inmujeres.

PERNAUD, R. (2000). La mujer en tiempos de las cruzadas. Madrid: complutense.

RUNCHMAN.S. (2008). Historia de las cruzadas. Ed. Alianza.

VIDAL, C. (2000).El legado del cristianismo en la cultura occidental. Madrid: Espasa.

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domingo, 14 de abril de 2013

¡Yo puedo volar! ¡Yo atravesar paredes! ¡Yo soy invisible!


A mis veintiún años de vida puedo decir que disfruté mi infancia: fui privilegiado. Siempre tuve alimentos, un techo y una familia en la cual apoyarme ante las adversidades que se me presentaran. Mis juegos iban desde horas y horas jugando con figurines de Pokémon y peluches de diversos tipos hasta el sedentarismo y desarrollo de la habilidad mano-ojo que presumen los videojuegos.

Mis pequeños amigos y amigas eran amistades que en ese tiempo fungían como la llave de la felicidad en mi vida: a pesar de ser solitario me aventuraba a hablarle a las personas que tenían gestos amables conmigo y disfrutábamos horas de diversión con juegos inocentes durante el recreo y los fines de semana. Si alguien “la traía” bastaba con pedir “pidos”, si alguien se embarazaba un ligero roce bastaba para “desembarazarla” o “desembarazarlo” y todo terminaba en risas. Las pistolas solo hacían “pum” por nuestras bocas  y las heridas sanaban por sí solas.

Pude decir fácilmente un: “Te amo, mamá.” Sin siquiera dudar de ello; pude ser cómplice, rival y mejor amigo de mi hermano sin problema alguno. El afecto fue suficiente para que –a lo que me gusta pensar- pudiera desarrollarme de manera saludable para convertirme en el adulto joven que soy el día de hoy.

Sin embargo, este año, dos días antes de cumplir mi vigésimo primer aniversario conocí a un niño –a quien llamaré Lalo para respetar su privacidad- que me hizo tomar conciencia a un grado totalmente nuevo para mí sobre la responsabilidad que tengo como ciudadano.

Lalito es un niño de aproximadamente nueve años de edad. Su manera de ver la vida azotó mi paradigma en dos minutos. Él es el mayor, sus otras dos hermanas tienen 6 y 3 años respectivamente. Sus padres están juntos, sin embargo, no presentes: el estilo de vida que llevan los obliga a trabajar diario casi todo el día: y no es que sean adictos al trabajo, es que si no trabajan un día ellos y sus hijos dejan de comer.

Y el problema no es solo una larga ausencia durante la jornada laboral de ventas en el tianguis; también los problemas entre el alcoholismo de papá y las relación entre ellos dos y mamá hacen que Lalito y la hija de en medio digan frases como: “Ojalá no tuviera papá, míralo, ya está pedo.” (sic); la relación de Lalito con las personas en su comunidad; o que su necesidad de cariño sea tan grande y no cubierta, que en cuánto ven a alguien que se acerca a convivir con él les exija abrazos, juegos y demás apapachos.

No, no es que me asusten los problemas intrafamiliares. No es que piense que solo porque en comparación con la suya mi infancia fue privilegiada por lo mucho o poco que pude vivir. El shock surgió cuándo Lalito -con quién jugué tanto como el tener que ser una de las personas a cargo de 200 voluntarios construyendo 20 viviendas de emergencia junto con 20 familias en Ampliación Rehilete, me lo permitía- reaccionó a mí partida.

A Lalito, como ya podrán imaginarse, le encantan los juegos y el afecto corporal. Desde un abrazo hasta levantarlo al aire para que esté en los hombros y hacerle “caballito” es algo de lo que difícilmente se cansa (yo no logré averiguar si existía algún punto en el que ello le hastiara) y a pesar de que trataba de darle turnos a él, a sus hermanas y a los niños que se acercaban a jugar, él más que ningún otro se imponía y exigía que jugara con él.

Para poder cumplir con mi rol dentro de Techo, tenía que visitar varias familias, por lo que llevé a Lalito a un asiento de su casa y le expliqué que de momento tenía que partir, pero que él tenía que quedarse a ayudar a los voluntarios a construir su nueva casita. Lalito, por obvias razones, se molestó y me pidió que me quedara a jugar con ellos un rato más. Traté de explicarle que así como tenía que ir a su casa a verlos a ellos y a los voluntarios, tenía que ir a las demás casas dónde hiciera falta apoyo en una u otra cosa.

“-No, quédate.” “Pero me necesitan, ¿Qué va a pasar si las otras casitas no se terminan? También tengo que ir a ver qué hace falta allá.”. “Cáchame otra vez.” –Decía Lalito para pedir que lo subiera en mis hombros. “De verdad me tengo que ir, pero puedo volver hoy más tarde.” “Si te vas te meto un plomazo.” –Palabras de un niño de nueve años. –Silencio. “Lalito, ¿Qué es un plomazo?” “Darte un balazo.” “¿Y sabes qué pasa si me das un balazo?” “Te mueres.” “¿Y sabes qué pasa si me muero?”. “Nada.”

Un niño que sufre las vicisitudes de la exclusión social fácilmente tiene en su entorno agresiones graves como lo pueden ser un disparo. Si una persona está expuesta constantemente a agresiones físicas y asesinatos es lógico que se vaya perdiendo la sensibilidad en cuánto a la pérdida de otros seres humanos. ¿Si las personas que viven en este tipo de asentamientos son invisibles para la sociedad y a nadie parecen importarles, por qué a ellos habría de importarles si alguien fuera de su entorno muere? No estoy seguro ni creo que a los nueve años yo haya sido capaz de dimensionar lo que una muerte representa, tampoco sé si Lalito es capaz, pero ciertamente he tenido una vida completamente distinta a la suya.

“¿Cómo que no pasa nada? Mi familia y mis amigos se van a poner súper tristes.” “No es cierto.” –Lo veo de la manera más sincera que puedo directamente a los ojos. “Sí, sí es cierto, Lalito. Yo tal vez me muera, pero ellos se quedan tristes.” –Su mirada no deja la mía. “¿Quieres que ellos se queden tristes?” –Niega con la cabeza. Me abraza. “Nada de balazos, ¿Está bien?” “Está bien.”

Así de rápido como Lalito decide que dispararme y terminar con mi vida es su mejor opción, logro disuadirlo de ellos, así de rápido como lo hago cambiar de opinión, algo en su entorno lo hace regresar a su estado anterior.

En una sociedad dónde se excluye a sectores de la misma es difícil hablar de desarrollo social, de seguridad o de crecimiento económico. Así como Lalito, de acuerdo a una nota publicada en El Economista, 21.4 millones de niños y adolescentes viven en situación de pobreza. No se especifica la cantidad que vive en pobreza multidimensional extrema, sin embargo también se calcula en millones de acuerdo al CONEVAL y otras instancias que estudian la materia.

Un fin de semana jugando con un niño no termina con el problema. La construcción de una vivienda de emergencia busca satisfacer el derecho a la vivienda (establecido como Derecho Humano en la Declaración Universal de Derechos Humanos) y ser una excusa para que la comunidad con la que se trabaja crea en la voluntad y de los voluntarios de Techo para trabajar en conjunto y que sea posible crear planes de Habilitación Social a futuro. Sin embargo, no es suficiente, porque una sola organización no es capaz de atender todas las necesidades de la sociedad y menos de arreglar un país entero.

En lo personal, agradezco, pero no son suficientes un: “Qué buena labor la que realizas” o un “Qué bueno que estés con los más necesitados.” Seguro también pueden existir críticas, y gustoso las escucharé y consideraré para tratar de hacer una mejor labor. En lo general los comentarios son alentadores, pero falta más y yo sí exijo algo.

Lo que yo le exijo a quién esté leyendo esto, es participación. Porque así como Lalito, existen millones de niños, que lejos de darme miedo por el hecho de que en un futuro sean quiénes dirijan la bala que terminen con mi vida o con la de alguno de mis seres queridos, son seres humanos que están perdiendo su vida sin tener la oportunidad de vivirla. Lo que yo le exijo a la gente ahora que sabe los alcances que pueden tener su indiferencia es que de la manera que les sea posible se informen, y que esa información la compartan. No le exijo a nadie que vaya conmigo a construir viviendas para convivir con familias que tienen que sobrevivir día a día explotándose por menos que el salario mínimo; tampoco les pido que sea mi causa la que los mueva a ayudar a reestructurar y sanar el tejido social; sólo te pido, que si puedes leer esto, es porque tienes la capacidad de darte 10 minutos y buscar datos sobre violaciones de derechos humanos y leer un solo artículo, el cuál puedes comentar con tus seres cercanos para que los problemas que más te afectan, sean por lo menos discutidos en la agenda pública, y que con suerte, te acerques a una trinchera desde la cuál te sientas cómodo trabajando por resolver la situación actual de tu país, porque el desarrollo social es trabajo de todos: es nuestra responsabilidad.

Carlos Alberto Aguilar Cáceres
@KrlozAguilar
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viernes, 15 de febrero de 2013

Ciudadanía en renta


Son los que “viven” y “no viven”; los votos seguros del populismo de partidos políticos; los “culpables” de que el país no progrese; los que a ojos de muchos viven en la miseria porque así lo deciden; los que mendigan la caridad de aquellos privilegiados. Son los seres humanos nacidos en México que no conciben el ser ciudadanos.

Es la comunidad conformada en un principio por alrededor de 300 familias mazahua -y ahora casi tres veces más de distinto origen- que ya no enseñan el dialecto a sus hijos y los bautizan con nombres mestizos; los que en su mayoría han acomodado láminas irreparables, lonas o ladrillos sobrepuestos para tratar de protegerse de los contratiempos climáticos; aquellos que no cuentan con los servicios básicos como el drenaje y se ven azotados por ráfagas de tierra y polvo a falta de pavimento.

Se le denomina Prolongación Rehilete y está conectada por Avenida Guadalupe a las zonas donde existen fraccionamientos cercados por gruesos muros que “aíslan de los males”, restaurantes y otros modelos de lujosa infraestructura que ayuda a marcar la inequidad social; únicamente se tiene que atravesar Periférico para dar con esta realidad que como el tema de la pobreza está escondida y olvidada dentro de nuestra cotidianeidad.

Se les ha prometido certeza a través de promesas que se derrumban tan fácil como sus techos; se les ha prometido un cambio e incluso conseguido una credencial expedida por el Instituto Federal Electoral a cambio de un voto durante temporada de elecciones; se les ha jurado y perjurado que los papeles de escrituración están en proceso y que sólo necesitan dar una cooperación a la figura que desaparecerá para “arreglar los papeles”.

“Si llegan los programas del gobierno, como Oportunidades –asegura una de las habitantes con edad avanzada de Ampliación Rehilete- es más fácil conseguir un apoyo si uno no se esfuerza: yo no califico para la ayuda porque me esfuerzo por trabajar y ven mis máquinas, pero eso no significa que mi situación sea más fácil que la de otros.” Y no es que sea difícil porque así lo han decidido. Existen los casos dónde las familias no lograron solventar sus gastos y tuvieron que establecerse en la tierra inexistente, por lo que al ser nuevos las escuelas no aceptaron a sus hijos y a ellos se les dificultó el regresar a su trabajo, ya sea por la distancia o porque decidieron despedir a uno de ellos al sufrir un accidente laboral que le dejó atrofiada su mano derecha; o porque piensan que es mejor que sus hijos estudien a tener una vivienda estable; que prefieren trabajar diario para alcanzar a comer en vez de tener una base estable para el colchón que acomodan de manera precaria en la tierra para soñar con un mejor mañana.

Son estas historias y más las que cerca de 50 jóvenes voluntarias y voluntarios de Techo, en Jalisco , se dispusieron a escuchar y registrar durante el sábado y domingo 2 y 3 de febrero. Las historias que nos ayudan a ponerle nombre, apellido e historia a los números que tanto nos incomodan y que día con día se agregan a la sumatoria de millones de mexicanos viviendo en situación de pobreza. Son éstas personas con vulnerabilidades producidas a través de fallas en el sistema social y la organización del Estado las que mueren en silencio y se resignan a ello bajando la mirada ante promesas que ya conocen pero que les logran dar un poco de esperanza.

La tarea no es solo del Estado o de una asociación civil; no se trata de tenerles lástima ni de buscar darles lo que nos sobra para que tengan qué comer; mucho menos se trata de prestarles un lugar en el mapa político al momento de hacer campaña a través de un plástico con su identidad para darles la ilusión de que esta vez será diferente, que por fin serán ciudadanos de las tierras que por años han habitado.

Se trata de hablar del problema, tenerlo presente en nuestra vida y buscar una solución coherente. Se trata de conocer la realidad que aqueja a millones de personas que tienen necesidades, aspiraciones, derechos y obligaciones coartadas simplemente por haber nacido en un país dónde el formar parte de la realidad es opcional y dónde la ciudadanía es un sueño que está en renta.

Carlos Alberto Aguilar Cáceres
@Krlozaguilar
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viernes, 8 de febrero de 2013

Libertad religiosa

Peter Singer: “Uso y abuso de la libertad religiosa”


http://www.project-syndicate.org/commentary/the-use-and-abuse-of-religious-freedom/spanish

Libertad religiosa, sin límites

La tesis que el autor presenta es “La libertad religiosa acaba donde comienza el sufrimiento.” (Singer, 2012), la cual plantea una controversia sobre el punto en el cual se llega a infringir en la libertad religiosa de una comunidad y que estas a menudo están en un conflicto con el estado que no toma sus costumbres en cuenta, sin embargo, algunas prohibiciones hechas por el gobierno no necesariamente vedan el culto de distintas religiones ni prohíbe a los fieles practicar su religión.

El autor presenta tres cuestiones que dan sustento a su tesis. En la primera en la que el Estado apoya (haciendo caso a la presión de un grupo de representantes de su población) y da plazo de un año para que se encuentre una manera de que los animales sean sacrificados sin sufrir, si no se logra dentro del plazo se obligará dejarlos inconscientes para su sacrificio (Países Bajos), otra habla sobre la obligación de ofrecer a empleados un seguro de enfermedad que cubra la contracepción (Estados Unidos) y por último se toca un tema que incumbe a Israel, señala la importancia de conocer la Torah para los israelitas, y que también es servicio a la nación. En este tercer caso se quieren separar los asientos para hombres y mujeres en los autobuses y pretenden detener el plan del Gobierno de poner fin a la exención del servicio militar para los estudiantes religiosos.

A pesar de que su argumentación hace sentido, el autor Incurre a la falacia, por ejemplo la de desviar la atención, el hecho de evitar ciertas acciones para no incurrir en las prácticas que distintas culturas tienen prohibidas, no es de las mejores soluciones para las distintas sociedades, es decir, no se está llegando a un acuerdo en concreto, lo cual sería mucho más objetivo, sino refutando ideas de otras culturas con sus propios códigos morales. No se llega a un acuerdo por las partes.

Así mismo, supone que los judíos “creen” que las reglas de su religión no están hechas para facilitarles la vida; a pesar de que las religiones implican sacrificio, su argumento está yendo específicamente en contra de la persona, de lo que ésta podría creer o no, y no sobre la cuestión de si debe existir o no una separación en el transporte público.

Otra objeción que podría hacerse respecto a la argumentación del autor es la suposición que hace sobre el esfuerzo que exige y los beneficios que traen tanto el servicio militar en Israel. Si bien es cierto que el ejercicio físico es desgastante, el ejercicio mental también requiera una alta cantidad de energía para un desempeño adecuado. Habría que revisar (y verificar si el autor lo hizo) la manera en la que se practica el estudio de la Torah y los beneficios que aportan a la sociedad posteriormente los estudiosos para compararlo con los beneficios que aportan los que se dedican al servicio militar. Su suposición puede tener un sesgo cultural, esto porque cada religión se practica de manera diferente y con intensidad variable dependiendo de la región y el país.

Peter resulta muy flexible y sencillo en cuanto que decisiones tomar ante tales conflictos, sin embargo sobre la cuestión donde el autor menciona “no hay razón alguna por la que la mayoría secular de Israel deba compartir la creencia de que la existencia de decenas de miles de escolares ultraortodoxos que estudien la Torah brinde beneficio alguno a la nación y, desde luego, no es algo tan arduo como el servicio militar.” El autor debería tomar en cuenta que para ellos el estudio del Torah resulta de vital importancia y es válido, sus razones tendrán y a él le toca respetar esa cuestión. La religión está implícita en su forma de vida y por lo tanto adquiere gran relevancia que tal vez no la tenga para él.

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Al Estilo Mexicano


1. Denise Dresser
“Todo en venta”

En el artículo Peña Nieto, el voto, los medios… Todo en venta, Denise Dresser pone en duda la integridad moral del pueblo mexicano. Ella sostiene que nuestra sociedad está en decadencia, debido a que somos un pueblo al que no le interesa la política ni cómo se maneja mientras no nos afecte ‘directamente’. Somos un pueblo ignorante y desinteresado que solamente se dedica a criticar nuestro alrededor sin llevar a cabo acciones.
Dresser expresa que sin lugar a dudas, EPN llegó al poder mediante la compra de votos; sin embargo, eso es algo que jamás podremos comprobar. Este tipo de fechorías se llevan a cabo en todo el país desde hace mucho tiempo, por lo tanto, se tiene todo contemplado anticipadamente, tanto la compra de votos, el apoyo capital de empresas y particulares, los acuerdos extraoficiales con otros países, así como  la censura de todos los acontecimientos.
Es importante destacar que estos hechos no suceden solamente porque ciertas personas sean ‘malas’ y quieran obtener el poder de la manera más fácil que les sea posible, sino también a causa del pueblo que lo permite, ya que “los partidos compran votos porque hay electores dispuestos a venderlos” (Dresser, 2012).
Es la gente ‘honesta y trabajadora’ la que da entrada a que los ‘deshonestos y aprovechados’ sean corruptos.  Esto, aparte de que está mal visto por otras sociedades y afecta a nuestro sistema político, nos degrada como personas. Vender nuestro derecho a votar le quita todo el valor a la democracia por la que somos regidos.
Los argumentos de Dresser nunca dejarán de ser controversiales, ya que no se tiene la evidencia suficiente para comprobarlos y, más aún, cuando se trata de nuestra autoridad contra la que estamos debatiendo. Como bien mencionó Dresser, se trata de “lo que todos dicen saber pero resulta imposible verificar”. No es posible demostrar que la gente que nos gobierna está quebrantando la ley, a menos de que ellos mismos lo admitan. Pero lo que sí se puede lograr es aceptar que somos nosotros los que lo permitimos y, de esta manera, comenzar corrigiéndonos a nosotros mismos para poder corregir al país.
Aunque no podemos asegurar que los argumentos de Denise son completamente ciertos, sabemos que lo más probable es que sí lo sean. Lamentablemente, lo que no ha sido confesado se sigue considerando como falacia. De esta forma, es evidente que existen objeciones válidas en contra de la autora.
Debemos hacer conciencia e identificar prioridades, ser coherentes con lo que decimos y hacemos, porque si lo que queremos es equidad e igualdad, al menos deberíamos hacer algo al respecto y no conformarnos con la mediocridad que nos ofrecen los políticos de hoy. Somos nosotros mismos, como ciudadanos, los que olvidamos nuestro valor único como miembros de una sociedad al ponernos un precio; nos convertimos en un simple bien a la venta y, por lo mismo, el comprador puede hacer con nosotros lo que le plazca.
Nos hemos convertido en acreedores de una fama a nivel mundial: los que dejan todo al último, los que dicen y no hacen, los indisciplinados, los corruptos. Culpar a los políticos sería la forma fácil de deshacernos de nuestras responsabilidades y así, seguir con el círculo vicioso que nos lleva a crear nuestro estilo de vida, la vida al estilo mexicano.

 

Referenncias
Dresser, D. (Agosto, 2012). Peña Nieto, el voto, los medios… Todo en venta. Proceso. Recuperado de http://www.proceso.com.mx/?p=318214
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