miércoles, 8 de mayo de 2019

Por un crecimiento no sustentable: Caso Volkswagen - Jesús Eduardo Tostado Nieto


Introducción
“Nuestra compañía fue deshonesta con la Agencia de Protección Medioambiental (EPA), con la Junta de los Recursos del Aire de California (CARB) y con todos ustedes. Lo hemos arruinado”[1] Michael Horn – CEO Grupo Volkswagen América (septiembre 2015). Después de haber aceptado públicamente la implementación de un software diseñado específicamente para burlar los estándares de emisiones de óxido de nitrógeno (NOx) en cerca de 11 millones de autos TDI (Turbo Diesel Inyection), Grupo Volkswagen se convirtió en el año 2016 en la compañía automotriz más grande del mundo, registrando un récord de ventas anuales de 10.31 millones de unidades a nivel mundial (BBC News, 2017, párr.2).
Este ensayo busca analizar la serie de dilemas éticos detrás del engaño y el fraude corporativo de Grupo Volkswagen (VW), y como esta situación representa un fallo catastrófico del concepto de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) en esta compañía.
La Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo publicó en el año de 1987 el informe Brundtland (originalmente titulado “Nuestro futuro común”). En dicho informe, se mencionó y definió por primera vez el concepto de Desarrollo Sostenible (DS) como: “aquel que satisface las necesidades actuales sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”. De esta manera, el DS representa el equilibrio entre satisfacción de necesidades, calidad de vida para todos y auténtica conservación del medio ambiente, situación que, por ende, propicia una buena calidad de vida para las nuevas generaciones (Raufflet et al., 2017, Pag. 175). De poco sirve que Volkswagen alardeara sobre sostenibilidad y reducción de emisiones, cuando su estrategia de negocios comprometía deliberadamente la salud de las personas y la integridad del medio ambiente. Sorprendentemente, este caso expone como las fallas del concepto de RSE van mucho más allá de los límites de esta corporación, permeándose hasta altos niveles gubernamentales. 
En el intento de convertirse en el mayor productor de vehículos del mundo, Grupo Volkswagen ignoró deliberadamente los ideales del desarrollo sustentable y la Responsabilidad Social Empresarial, y atentó contra principios éticos fundamentales para el progreso económico-social.
A pesar de todo, la estrategia funcionó. Volkswagen se convirtió en 2016 en la compañía automotriz más grande del mundo, pero ¿a qué costo? Hablando más allá de las intensas implicaciones económicas y legales que esta situación provocó en la compañía, no es posible costear los daños a la salud de las personas ni la contaminación ambiental, ambos causados por los óxidos de nitrógeno producidos por los vehículos Diesel de Volkswagen.

Conceptos clave: Desarrollo Sostenible, autonomía, Responsabilidad Social Empresarial (RSE), relación costo-beneficio y justicia comercial.

Desarrollo
De acuerdo con la Investigadora de la UNAM, Ana Hirsch, la autonomía implica la capacidad personal de tomar decisiones, así como la obligación social de garantizar el derecho al consentimiento de aquellos beneficiarios de cierta actividad profesional, en este caso los clientes de VW (Hirsch, 2003, Pag. 12). Considerando esta idea, la mentira masiva de Volkswagen implica una violación a la autonomía de sus clientes, pues estos fueron engañados para comprar un vehículo basados en información deliberadamente manipulada por la compañía; en promedio, los vehículos TDI emitían 40 veces más de óxido de nitrógeno que lo anunciado.
“Sostenible, confiable y exitoso. El estilo de vida Volkswagen”[2] Martin Winterkorn – Ex-CEO Grupo Volkswagen.
Por otro lado, al publicitar información falsa, Volkswagen incapacitó a sus clientes para tomar una decisión informada, pues estos accedieron a comprar un vehículo TDI sin saber sus implicaciones medioambientales reales.
“Volkswagen convirtió a más de medio millón de conductores estadounidenses en cómplices involuntarios de un asalto sin precedentes al medio ambiente de nuestro país.”[3] Sally Yates – Fiscal General del Departamento de Justicia de Estados Unidos.
El segundo dilema del caso se relaciona con la filosofía de Desarrollo Sostenible[4] y RSE que supuestamente caracterizaba a Volkswagen antes del escándalo. La concepción integral de la RSE implica considerar el crecimiento económico, el progreso y bienestar de los colaboradores, la conservación del medio ambiente, y el desarrollo social de las comunidades en las cuales opera la compañía, como aspectos igualmente importantes en las estrategias de negocio de dicha empresa (Raufflet et al., 2017, Pag. 4-9). Al comercializar vehículos altamente contaminantes, Volkswagen comprometió los aspectos sociales y medioambientales de toda su operación, e ignoró las demandas de sus clientes, de diversas Organizaciones no Gubernamentales (ONG´s) involucradas y del gobierno de Estados Unidos.  
La manera de gestionar la responsabilidad empresarial se define a partir del diálogo con los grupos de interés (stakeholders), situación que implica una investigación exhaustiva y permanente de aquellos intereses comunes a estos grupos (Raufflet et al., 2017, Pag. 90). En este caso, el gobierno de EUA demandaba el cumplimiento de las regulaciones en emisión de gases contaminantes; los clientes esperaban un vehículo económicamente competitivo, eficiente y amigable con el medio ambiente; finalmente las ONG´s demandaban cooperación por parte de VW para esclarecer las discrepancias en las pruebas de sus modelos TDI.
En un proceso que ignoró dos de los tres aspectos fundamentales del concepto de sostenibilidad (social y ambiental), Volkswagen engañó a los tres actores antes mencionados, esto como parte de su estrategia para convertirse en la compañía automotriz más grande del mundo.
Por otro lado, Volkswagen es directamente responsable de las consecuencias que el óxido de nitrógeno pueda tener en la salud de las personas y en el medio ambiente. La compañía estaba consciente del engaño de sus vehículos Diesel, y conocía las implicaciones de las emisiones excesivas de NOx, pero aun así decidió ejecutar su estrategia. Parece claro que Volkswagen es responsable de estas acciones, pero ¿quién es Volkswagen? ¿Debemos responsabilizar a los ejecutivos que idearon la estrategia, o a los ingenieros que la ejecutaron, a aquellos que sabían y no lo compartieron, o a aquellos que decidieron no indagar?
Esta situación nos conduce a la siguiente pregunta: ¿cuáles son las condiciones necesarias y suficientes para poder imputar a un sujeto una responsabilidad moral por determinado acto? En primer lugar, es indispensable que el sujeto conozca las circunstancias y consecuencias de sus actos, y que la causa de sus actos esté en él mismo, es decir, que ningún agente externo lo obligue a actuar de cierta manera (Sánchez, 1969, Pag. 94).
Estas dos condiciones pudieran eximir de toda responsabilidad a diversos ejecutivos e ingenieros que participaron en el desarrollo, planeación, ejecución y/o encubrimiento del fraude. Sin embargo, también se pudo dar el caso en que ciertas personas ignoraran algo que estaban obligados a conocer. Por otro lado, incluso cuando se ejerciera una presión externa sobre algunos de los actores de este evento, en caso de que existiera un margen de opción, también existía un equivalente de responsabilidad moral sobre aquellos que tomaron la decisión de propiciar o impulsar el engaño (Sánchez, 1969, Pag. 95 - 100).
Tomando estos argumentos en consideración, la responsabilidad del caso Volkswagen recae en todas aquellas personas que se involucraron directa o indirectamente en el fraude, y que decidieron encubrir o incluso no seguir indagando para descubrir la magnitud y las implicaciones legales, económicas, sociales y ambientales del problema.
El alcance de los objetivos económicos de la compañía, así como el posicionamiento global de su marca no justifican el daño medioambiental ni el daño a la salud de las personas. La relación costo-beneficio en la estrategia de Volkswagen tuvo un grave fallo: ¿cómo costear el deterioro a la salud y al medio ambiente frente al éxito económico de la compañía? Por otro lado, el gobierno alemán permitió el uso de este tipo de software engañoso bajo el argumento de protección al motor. Sin embargo, ¿qué es más importante proteger, la vida y el bienestar de las personas, o los motores? Se estima que, tan solo en Alemania, 10,000 personas mueren cada año de manera prematura a causa del NOx.  
Algunos analistas sugieren que la manera más acertada de evaluar una decisión de negocio en su dimensión ética, es a través de un análisis utilitario de costo – beneficio. De esta manera, la mejor decisión será la que implique los costos más bajos y genere los mayores beneficios para el mayor número de personas. Sin embargo, ¿qué pasa con aquellos costos que no pueden cuantificarse?, es decir, la salud, la vida, etc. (Velásquez, 2006, Pag. 61 – 64).
Este tipo de bienes intrínsecos no cuantificables tendrán siempre un valor superior a los bienes instrumentales, es decir bienes materiales (Velásquez, 2006, Pag. 66).   De esta manera, el éxito de la estrategia económica de Volkswagen no puede absorber sus propios costos, es decir, el enorme deterioro medioambiental y las afecciones a la salud de miles de personas causado por sus casi 11 millones de vehículos TDI comercializados.
El último dilema ético analizado en este caso se refiere al tema de injusticia comercial. Volkswagen llegó a vender más vehículos Diesel en el mercado americano que todas las otras marcas juntas. Esta compañía logró sus niveles de venta debido a que ofrecían un producto que nadie más había logrado, un Diesel económico, con buen desempeño y no contaminante. ¿Cómo pueden otras marcas competir contra Volkswagen bajo un esquema injusto generado por esta compañía?
“El liderazgo tecnológico ya no está únicamente definido por la potencia y el torque. La conducción económica y libre de emisiones será la clave en los años venideros”[5] Martin Winterkorn – Ex-CEO Grupo Volkswagen
Uno de los principios de justicia establece su existencia cuando todos los actores (en este caso las diversas compañías automotrices) tienen las mismas ventajas y oportunidades. Por otro lado, la justicia compensatoria implica compensar a aquellos que han sido víctimas de injusticias pasadas (Weiss, 2006, Pag. 128).
Las compañías que respetaban las regulaciones de emisiones se encontraban en desventaja frente a Volkswagen, y a pesar de las multas que pagó esta compañía al ser descubierta, ¿cómo se compensa al resto del mercado por las ventas que no lograron frente a modelos TDI de Volkswagen?
Conclusión
Como hemos podido observar, el fraude corporativo de Volkswagen no solo atentó contra diversas leyes del mercado americano, sino que ignoró deliberadamente los principios de Desarrollo Sostenible y Responsabilidad Social Empresarial, generó ventajas comerciales injustas en favor de la compañía, y violó la autonomía de sus propios clientes, generando así implicaciones negativas directas en la salud de miles de personas y en el bienestar medioambiental global.
De poco sirve que Volkswagen publique memorias de RSE o que impulse proyectos altruistas, si el núcleo de su actividad corporativa ignora por completo los conceptos de sustentabilidad y responsabilidad corporativa. Nuestra sociedad ya no está en condiciones de permitirse un crecimiento económico – empresarial aislado, es decir, que no considere los factores sociedad y medioambiente, y parece increíble que Volkswagen haya aceptado uno de los fraudes más grandes de la industria automotriz, y aun así se haya convertido en la empresa más grande del mundo en su industria.
La creación de leyes que empaten con los principios básicos del DS es un avance considerable para nuestra sociedad, pero estas leyes deben estar acompañadas de una intensa cooperación entre los organismos internacionales pertinentes, los gobiernos locales y el sector privado, la cual tenga por objetivo la rápida y efectiva permeación de los ideales para el DS en los sectores más profundos de tantas compañías como sea posible. De igual manera, se deben establecer sanciones mucho más severas que la adjudicada a Volkswagen, para aquellas empresas que ignoren estos principios. La transición de nuestros antiguos modelos de desarrollo a un esquema de auténtico DS debe ser asistida y paulatina, pero nunca más opcional.

Referencias
BBC News. (2017). Volkswagen overtakes Toyota as the world’s biggest carmaker. En Business. Recuperado de https://www.bbc.com/news/business-38793253
Hirsch, A. (2003). Elementos significativos de la ética profesional. Reencuentro, Num. (38). pp. 8-15. Recuperado de https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=34003802
Raufflet, E., Portales, L., García, C., Lozano, J., Barrera, E. (2017). Responsabilidad, ética y sostenibilidad empresarial. (Primera edición). México: Pearson.
Sánchez, A. (1969). Ética [Versión Digital PDF] (Primera edición). México: Crítica.
Velasquez, M. (2006). Ética en los negocios, Conceptos y Casos. (Sexta edición). México: Pearson Prentice Hall.

Weiss, J. (2006). Ética en Los Negocios: Un Enfoque de Administración de Los Stakeholders Y de Casos. (Cuarta edición). México: Cengage Learning Editores

Netflix. (2018). NOx duro. Dirty Money. Recuperado de https://www.netflix.com/browse?jbv=80118100&jbp=0&jbr=2



[1] Traducción personal: Recuperado de – Netflix. (2018). NOx duro. Dirty Money.
[2] Traducción personal: Recuperado de – Netflix. (2018). NOx duro. Dirty Money.
[3] Traducción personal: Recuperado de – Netflix. (2018). NOx duro. Dirty Money.
[4] Definición disponible en sección de “Introducción”, párrafo 3.
[5] Traducción personal: Recuperado de – Netflix. (2018). NOx duro. Dirty Money.

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