miércoles, 8 de mayo de 2019

RESPONSABILIDADES ÉTICAS DEL ARQUITECTO DEL SIGLO XXI - A01630255


RESPONSABILIDADES ÉTICAS DEL ARQUITECTO DEL SIGLO XXI

Palabras clave:
Arquitecto, siglo XXI, ética, responsabilidades, vivienda social, urbanismo, crecimiento horizontal, comunidad, tejido social, arquitectura culta, arquitectura popular o económica.

Abstract:
   ¿Cuál es la prioridad de un arquitecto para la realización de sus proyectos? ¿Sabrán exactamente a quien afectan en realidad? ¿Se harán cuestionamientos éticos acerca de la calidad de sus proyectos o únicamente en la cantidad que generarán después de terminarla? Todos estos son cuestionamientos que un arquitecto del siglo XXI se tendría que hacer a la hora de desarrollar proyectos. Uno de los principales dilemas éticos en la Arquitectura tanto mexicana como de todo el mundo es la falta de profesionalismo a la hora de construir proyectos que no son dignos para los futuros habitantes.
     Tanto Guadalajara como otras ciudades de México se han visto afectadas en su crecimiento tan horizontal que tienen, hablando de la forma territorial en la que se han ido transformando. Esto genera que las viviendas de interés social se construyan en terrenos muy baratos sin la calidad suficiente para brindar una vivienda digna a estas personas afectadas. Esta problemática va desde la falta de infraestructura por dichas zonas de crecimiento y porque a las empresas inmobiliarias no les ha importado empezar a construir donde ni siquiera caminos ni pavimento existen (infraestructura), con el único propósito de hacer vivienda “barata”.
     Si todo esto lo pasamos al desarrollo tan precario que tendrán las familias que habiten estos lugares, les impacta directamente en su salud, dignidad, felicidad y obviamente en la justicia social. ¿Por qué lo digo tan directamente? Porque he conocido este medio poco a poco y creo que es una forma muy injusta de deshacer el tejido social que tenemos actualmente, “aventando” a las familias sin recursos a las periferias de la ciudad donde no podrán satisfacer sus necesidades y estarán pagando una casa por el resto de sus vidas.
     Es muy importante comenzar a analizar todos estos problemas éticos por parte de los desarrolladores inmobiliarios que, como se diría coloquialmente “le venden humo” a sus clientes, específicamente a las de bajos recursos y lo hacen de la siguiente manera: Construyen casas en serie en el menor tiempo posible y poniendo un ejemplo burdo, pero claro… Si una casa les cuesta 1 peso construirla y tardan 5 meses construyéndola (de muy buen diseño y calidad), ellos prefieren hacer una casa que les cuesta igual 1 peso construirla, pero prefieren hacerla en 2 meses con mal diseño y calidad, además de inflar posteriormente el precio. Aquí queda un análisis pendiente de cómo se podría mejorar en este aspecto.
     Una mediana parte de los arquitectos del siglo XXI han tenido un desarrollo limitado a la hora de diseñar y plasmar sus proyectos. Es por eso que en este ensayo se tocarán temas como los siguientes: ¿Cómo se debería de reflexionar la arquitectura sustentable en México y en el mundo?, la ética del futuro del arquitecto, la arquitectura y la forma de vincular medios benéficos con el negocio y la parte monetaria; la diferencia entre la arquitectura culta vs la arquitectura popular enfocada en la vivienda y finalmente, la calidad del hábitat y la responsabilidad social que se debería tener con el mundo.

Desarrollo:
     En esta primera parte se hablará de justicia social, dignidad, desarrollo sostenible, entre otros temas éticos relevantes. “¿Cuál será el impacto del ejercicio de la ética en la vida del futuro arquitecto? ¿Cuáles podrán ser las consideraciones que se deberán tener en cuenta para desarrollar en los alumnos la práctica de la ética como un hábito que se refleje en el diseño y construcción de viviendas sustentables?” (Godard, Arvizu, Lara, 2013, 127). Comenzando desde el punto de que un Arquitecto impactará directamente en la sociedad en la forma de diseñar y construir edificios sustentables o proyectos que le provoquen un bienestar, por consiguiente, una felicidad y satisfacción a la hora de que se le entrega en sus manos el patrimonio de toda su vida.  “Felicidad para el hombre es plenitud. Por eso toda pretensión humana es pretensión de felicidad, todo proyecto vital, búsqueda de ella, todo sueño y aspiración para encontrarla” (Yepes, 1997, 211). Dicha satisfacción estará relacionada con la responsabilidad social que surge de un vínculo entre el arquitecto y el cliente (sociedad) y hacer de su estancia algo digno en un espacio tan “físico y tangible” como puede ser una obra arquitectónica. “Respetando a las personas locales y a los pueblos originarios, sus valores, tradiciones y el aporte de su cultura al contexto social, asegurándose que las comunidades en las cuales trabajan estén informadas de manera oportuna de cualquier factor que pudiera ser necesario que conozcan por su impacto social. Así como servir a la comunidad y a la sociedad con productos y servicios útiles y en condiciones justas y procurar una distribución equitativa de la riqueza generada.” (Godard, Arvizu, Lara, 2013, 132). La responsabilidad social de un arquitecto del siglo XXI debería de estar enfocada no en el beneficio personal, sino en lo que verdaderamente implica el desarrollo de un proyecto con la sociedad y en el bienestar imparcial que se tiene en la mira, es decir transmitirle al usuario esa comodidad, seguridad, plenitud, etcétera y tomarlo como parte elemental (protagonista) del proyecto. “Al decir qué hacer, debemos, por tanto, preguntar qué curso de conducta promovería la mayor felicidad y bien para todos aquellos que serán afectados. La moral requiere que hagamos lo que sea lo mejor desde ese punto de vista” (Rachels, 06,150). Ya que sin el usuario, la arquitectura se vuelve obsoleta. Como lo dice el gran Octavio Paz “La arquitectura es el testigo insobornable de la historia, porque no se puede hablar de un gran edificio sin reconocer en él el testigo de una época, su cultura, su sociedad y sus intenciones”
     “Sera responsable ético cuando reciba una retribución económica justa que guarde relación con la tarea realizada (con una buena satisfacción del deber cumplido), respete y cumpla todas las normas que tenga la organización para su personal y el contrato que regula la relación de laboral del profesional. Además de que cuando tenga personal a su cargo analice cuidadosamente las verdaderas necesidades que puedan tenerse de sus servicios, y proponga a aquéllos que más convengan dentro de las circunstancias.” (Godard, Arvizu, Lara, 2013, 133). La satisfacción anteriormente mencionada por el autor también involucra la autorrealización de las personas involucradas en el diseño y construcción del proyecto a la hora de ver el resultado final. Personalmente me ha pasado que es una satisfacción inmensa el hecho de ver a una familia que disfruta de su hogar o espacio arquitectónico que se hizo con conciencia, responsabilidad, ética, respeto y mucho esfuerzo; así los logros saben mejor y el arquitecto se llena de motivación para seguir consiguiendo satisfacciones de los usuarios con su proyecto logrado.
     Posteriormente se tiene que analizar si la calidad de vida de las personas hoy en día se ha visto afectada por la manera tan inhumana de explotar nuestros recursos naturales a causa de bienes económicos (por parte de las constructoras). Una de las principales características que debe de tener el arquitecto del siglo XXI es la responsabilidad social y capacidad de analizar la forma de hacer de esta práctica algo sostenible que no genere daño alguno a las generaciones que vienen. Un claro ejemplo de ello es la creación de vivienda social con materiales baratos que solo por el bien económico sean fabricadas con materiales de poca durabilidad y esto forme un círculo vicioso de injusticia social por parte de las personas que adquieren estas viviendas con algún crédito de Infonavit y desconozcan el proceso con el cual estuvieron fabricadas sus casas. Así hago referencia a esta premisa tan clara de Dueñas. “… Es nuestra responsabilidad emprender acciones tanto arquitectos, diseñadores y demás constructores sobre la calidad medioambiental no solo exterior si no interior, la eficiencia energética, la eficiencia del consumo de agua, el desarrollo sostenible del sitio y la selección de materiales el diseño integral utilizado, así como el confort de sus ocupantes y su desempeño dentro del mismo espacio, que así mismo proporcione beneficios para las personas que ahí laboran.” (Dueñas, 2013, 89).
     El siguiente tema de análisis es el de la arquitectura relacionada con el “Negocio”. Este tema impacta directamente en la igualdad que al parecer viene implícita en “La Arquitectura como un bien común” sin embargo, muchas de las veces esto es apreciado desde un punto de vista de negocio en el cual se dejan de lado muchos cuestionamientos éticos importantes, como es la dignidad de las personas, la justicia social y por su puesto la igualdad que debería ser tomada como elemento protagónico en nuestro campo de acción. “Bentham argumentó que hay un principio moral fundamental: “el principio de utilidad”. Este principio nos exige que, cuando tengamos que elegir entre diferentes acciones o políticas sociales, debemos elegir aquella que tenga las mejores consecuencias globales para todos los afectados” (Rachels, 06,148). Y lo relaciono directamente con lo que menciona Izquierdo “… Sin importar las consecuencias de los actos– y estableció por el contrario el requisito de obrar con absoluto desinterés, por pura buena voluntad, como condición para poder asignar a esa acción un valor moral, entregándole ese mérito en vez al imperativo categórico1 del deber, expresado racionalmente en una ley práctica a la que supone conocible a-priori de toda experiencia, en tanto este se conforme a la fórmula que dice: “obra según máximas que, al mismo tiempo, puedan presentarse como leyes naturales universales” (Izquierdo, 2011, 17).
     Un argumento y falacia inaceptable que últimamente se ha escuchado mucho en el ámbito de la construcción es que mientras más, mejor; sin embargo, esas premisas se analizan desde un punto de vista de negocio, de consumismo y no de calidad en la vivienda que se estará ejecutando. Existen desarrollos inmobiliarios que como mencionaba antes, por temas de dinero deciden fraccionar en donde no existe siquiera la infraestructura necesaria y dejan a las personas viviendo en una calidad precaria.
     Un ejemplo muy claro del razonamiento anterior, hago mención a los fraccionamientos de vivienda de interés social que se están efectuando a las afueras de Tlaquepaque y Tonalá que carecen de agua potable, drenaje, electricidad y por supuesto saneamiento. No es posible que existan estos casos que por la necesidad de los compradores se les vendan inmuebles con valor arquitectónico nulo. Es indispensable y no confundir el concepto de utilidad, cuando a elementos económicos se refiere. Se puede entender de dos formas: desde el punto de vista del desarrollador inmobiliario (la ganancia económica que tendrá después del proyecto, sabiendo que lo realizado no fue honesto y ético; no se justifica una ganancia con un proyecto “mediocre”) y del usuario afectado (la utilidad tan diferente que le habría aportado a su vida con el trabajo honesto y ético de los desarrolladores, cuando no lo fue). Izquierdo lo menciona de la siguiente forma: “En la arquitectura esto queda muy de manifiesto (la justificación), atendiendo la amplitud de los vínculos entre el saber construir y el saber vivir (habitando), al destinarse la utilidad a la provisión de algo a la vez tan general y tan específico como es el bienestar, que es lo que de modo singular se pone en juego en cada proyecto. El concepto de utilidad en arquitectura no se reduce al de funcionalidad, donde no cuenta el valor que hay en las cosas mismas y en su goce, sino solamente su ulterior provecho, como en los negocios.” (Izquierdo, 2011, 20)
     Continuando con otros conceptos que están envueltos en este tema de los arquitectos del siglo XXI es la gran diferencia entre la Arquitectura “Culta” y la “Popular o Económica” Hablando directamente de los temas de Arquitectura Culta y Arquitectura popular, se hace la cuestión de por qué las personas de la clase obrera se ven afectadas en su dignidad e igualdad por la arquitectura tan precaria que muchas de las veces están diseñadas por profesionistas que fueron educados para hacer arquitectura “culta”. Hacer arquitectura “económica” no significa que tengan que ser construcciones temporales o deficientes en calidad, sino que las empresas que se dedican a hacer vivienda social muchas veces prefieren hacer construcciones rápidas cuando en realidad les puede costar lo mismo hacer una bien pensada y diseñada.
     Dania González hace mención de que hay ciertas características que han ido mermando la calidad en la producción de casas para la vivienda social a las cuales las nombra como categorías básicas:  algunas como cantidad, repetitividad y serialización. Todo esto provoca que haya una falta de identidad en la población y es uno de los elementos principales para la ausencia de igualdad, libertad y sobre todo felicidad. “… Se presenta un análisis de la situación internacional que condiciona la pérdida actual del interés de la arquitectura culta por el tema de la vivienda, y el predominio en la ciudad informal de una arquitectura popular desvalorizada y degradada, que es expresión de la urbanización de la pobreza o del empobrecimiento de lo urbano.” (González, 2008, 57)
Conclusión:
     Finalmente, hablando de la conformación y gestiones de calidad del hábitat por parte de los arquitectos debe de haber una reflexión sobre el tema de la calidad de hábitat urbano en proyectos de Vivienda de Interés Social. Como dice María Carrizosa, para los arquitectos, este poder es una certeza inequívoca, es un patrimonio propio de la profesión que, a pesar de no poderse contabilizar, se profesa. Los espacios bien diseñados mejoran la calidad de vida de quienes los habitan: reducen la pobreza al garantizar el acceso a servicios públicos básicos, mejoran la convivencia al generar o formalizar espacios de encuentro, aportan a la inclusión ciudadana al mitigar los efectos de la urbanización informal y así la calidad de vida de los seres humanos que somos incrementará drásticamente.











Referencias básicas:
1.- Carrizosa Bermúdez, M. (2010). Calidad de hábitat y responsabilidad profesional. Conformación y gestiones de la Comisión Calidad de Hábitat de la Sociedad Colombiana de Arquitectos. Dearq, (6), 32-43. Extraído de: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=341630315005.
2.- Dueñas del Río, A. (2013). REFLEXIONES SOBRE LA ARQUITECTURA SUSTENTABLE EN MÉXICO. Revista Legado de Arquitectura y Diseño, (14), 77-91.  Extraído de: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=477947373007
3.- Godard Santander, R., & Arvizu Sánchez, E., & Lara Ruíz, O. (2013). La ética del futuro arquitecto en el diseño y construcción de viviendas sustentables. Nova Scientia, 5 (10*), 123-150. Extraído de: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=203348274007
4.- González, D. (2006). ARQUITECTURA CULTA VS. ARQUITECTURA POPULAR EN LA VIVIENDA. Arquitectura y Urbanismo, XXVII (2-3), 57-62. Extraído de: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=376839850008
5.- Izquierdo, L. (2011). Arquitectura y negocio. ARQ, (79), 16-22. Extraído de: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=37521466003







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